“Haters gonna hate” pero ¿por qué?

Como alguien que trabaja en mercadeo digital, me encuentro con muchas personas que lo único que hacen es mandar odio por redes sociales, ya sea a través de insultos, quejas y demás. Así que siempre sale la misma pregunta: ¿por qué existen los haters?

Aunque es parte de mi trabajo aprender a lidiar con los trolls del internet, saben que al menos una vez a la semana tienen que lidiar con ellos IRL. Están en todas partes: quejándose del país, odiando la canción de moda, criticando algo que tú hayas dicho/hecho…en fin, so many haters, so little time.

Así que empecé a investigar un poco más sobre este comportamiento a ver si existe un razón que nos haga entender cómo funciona el cerebro de un hater. Estos fueron mis resultados…

Estoy segura que en algún momento un amigo se burló porque empezaste a cantar esa canción de Taylor Swift que tenías pegada, o quizás alguien te dijo (sin olvidar el tono de burla) que parecías “demasiado” hipster con esa barba tan larga.

Leyendo muchos estudios y artículos en internet me encontré con el término “influencia social normativa”, que me hizo entender un poco más este fenómeno:

La influencia social normativa incluye conformarse para ser aceptado o querido en un grupo, no necesariamente porque uno crea en lo que se dice o hace. Esta tendencia nace por el hecho de que uno instintivamente desea estar en algún tipo de grupo social

¿Entonces…por qué ocurre? ¿Cuál es la razón para que alguien ataque públicamente algo que la mayoría de las personas en la sociedad aman? En esta época, la primera respuesta que se nos puede ocurrir es el tráfico en internet. Las opiniones contrarias a una creencia popular son las que se llevan la atención, y todos quieren un poco de fama ahora…¿pero eso es todo?

Descubrí que a esto, en psicología social, se le llama “polarización grupal”:

Esto se refiere a la tendencia que tiene un grupo a tomar decisiones que son más extremas que la inclinación inicial de sus miembros

Como vemos todos los días en las redes sociales, internet fomenta esta polarización de individuos que (como todos) quieren comunicarse de alguna forma. La meta de las redes sociales a nivel social es que muchas más personas se conozcan, hablen y compartan los intereses comunes que tengan, pero al mismo tiempo nacen aquellos haters que por pensar diferente creen tener el derecho de ser bullies. Esto se ha demostrado claramente con los famosos millenials.

Muchos análisis (serios y no tan serios) hablan del factor REBELDÍA, que le da a las personas una forma de identificarse a sí mismos que afecta la forma de ver las cosas de la mayoría. Otros hablan de DOMINANCIA, donde la crítica es una forma de estar sobre los demás. De esta forma, decir que algo popular es malo, entonces los individuos a los que le gusta son malos por extensión.

Quizás estas son las razones que esperaban al abrir este post, así que les tengo otro dato interesante a ver si se convencen: está comprobado científicamente que los haters gonna hate, hate, hate (así como canta Taylor Swift).

Justin Hepler y Dolores Albarracín, de la Universidad de Illinois, hicieron un estudio para el Journal of Personality and Social Psychology donde le pidieron a una serie de participantes que explicaran cómo les hacían sentir temas como la arquitectura, los crucigramas, Japón, la taxidermia, etc. Random y sin relación.

Lo que esto lograba era que vieran cómo es la actitud disposicional de una persona hacia las cosas en general, si es un hater de casi todo o temas en específicos. “Esta actitud representa una nueva perspectiva donde las actitudes no son simplemente una función de las propiedades del estímulo bajo consideración pero también son una función de las propiedades del evaluador” dicen los autores. “Por ejemplo, quizás no parezca útil saber qué siente una persona sobre arquitectura o el cuidado de la salud, ya que tienen propiedades diferentes, así que las actitudes ante ambas cosas deberían ser diferentes”.

Pero descubrieron que no lo son. Ambas actitudes están predispuestas por una disposición a que el estímulo les guste o no. Ambas actitudes nos muestran un patrón que puede ser usado para predecir nuestra reacción hacia algo completamente diferente.

“Algunas personas simplemente son más propensos a concentrarse en las características positivas y otros en las negativas” concluye, de la forma más simple, el Dr. Hepler.

Pero ustedes ya saben lo que pienso, si este no es lo primero que leen de mi, sobre la opinión de unos sobre los gustos de otros 😉

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