Religiones Negras o Afrolatinas, lo que todo Latinx debe saber

Ernesto Gamboa Project
Aug 5 · 8 min read

Por Orlando J. Addison

Photo by Bill Hamway on Unsplash

La sociedad e iglesia informa que las religiones afrolatinas no son buenas, no se les puede confiar, que practican rituales satánicos y quienes participen en sus ceremonias irán al infierno. ¿Es esto cierto? ¿Debemos temer a los santeros, a quienes practican el vudú, el candomble y muchos otros rituales religiosos afrolatinos?

Se escucha decir, “esa música es para el ritual de palo, apágala”, o “ese baile no es de Dios”. ¿Dónde originan estas expresiones despectivas? ¿Qué factores históricos dieron nacimiento a su rechazo? ¿Cómo podemos ayudar a cambiar esta idea errónea y restaurar la dignidad de nuestra gente? Estos puntos de vista y comportamiento socio-religioso, que ensombrecieron estas prácticas, tuvieron sus orígenes en el período colonial.

Exploradores españoles y conquistadores llegaron al continente americano por primera vez el 12 de octubre de 1492, seguidos por aventureros británicos, portugueses, francés entre otros, quienes construyeron comunidades y fortalezas en tierras recién conquistadas. Estos sucumbieron los nativos quienes se negaron a ceder sus territorios y a sus sobrevivientes impusieron trabajos rígidos. Cuando los oriundos de tierra americana comenzaron a morir a causa del trabajo inhumano y enfermedades traídas por los europeos, se creó un vacío laboral y financiero en las colonias. España y otros países europeos dependían del azúcar que se producía en el nuevo mundo y necesitaban sustituir los naturales desahuciados para asegurar su producción y exportación.

José Uriel Patiño, en su libro La Iglesia en América Latina, dice que, “Hubo varios factores para que España decidiera introducir el comercio de esclavos en las Américas. Esos motivos fueron la escasez de mano de obra, la prohibición de esclavizar a los aborígenes y la explotación de un sistema económico lucrativo que ya existía”. Estas condiciones y la necesidad de crear una economía europea estable, dieron paso al Comercio Transatlántico de Esclavos, decretado por los reyes de España, Fernando e Isabel, en 1510 autorizando la transportación de africanos al nuevo mundo. Este decreto dio nacimiento a uno de los peores tráficos de personas en la historia de la humanidad.

De acuerdo con el reporte de las Naciones Unidas, más de 35 millones de hombres, mujeres y niños de África fueron transportados al nuevo mundo para convertirlos en esclavos. Bordwyn Fischer, Keila Grinberg y Herbe Mattos, coautores del libro Afro-Latin American Studies, An Introduction, estimaron que entre 1493 y 1866 más de “2.1 millones de africanos fueron traídos a las colonias españolas”, y en ese mismo período más de 4.7 millones de africanos fueron llevados a Brasil. Aproximadamente 1.5 millones de africanos murieron durante los viajes debido a las condiciones inhumanas e insalubres en las embarcaciones en que fueron transportados, según algunos historiadores.

No solamente los colonizadores españoles, portugueses, holandeses, franceses, ingleses y otros fueron responsables de la comercialización inhumana de los africanos al nuevo mundo, la iglesia cristiana también tuvo su participación directa con el tráfico. Su complicidad se demuestra a partir de 1452 cuando el Papa Nicolas V emitió las Bulas Papal, “Dum Diversas” y en 1455 el “Romanus Pontifex”, que autorizan la Corona Portuguesa a “invadir y conquistar cualquier reino gobernado por no cristianos y reducir a sus habitantes a la esclavitud”, según Fischer, Grinberg, y Mattos en Afro-Latin American Studies, An Introduction. También aseguran que en “Portugal, las Constituições Sinodaes (1640) del arzobispo de Lisboa prohibieron la membresía en las órdenes sagradas a aquellos que eran ‘parte de las naciones hebreas u otros grupos infectados, o mulato o negro’. El arzobispo de Bahía Constituições Primeiras de 1707 reprodujo esa restricción y el estado portugués la incorporó oficialmente con una ley el 16 de agosto de 1671”. Otros documentos históricos, según Edward Ordoñez, autor del Blog Historia, escribe en su artículo, La Conquista de América, que “el Papa Paulo III en 1548 confirma el derecho a tener esclavos, incluso por parte del clero”. Estos documentos históricos demuestran la participación directa de la iglesia en la esclavitud a los africanos, así como su favoritismo hacia la clase dominante sobre los oprimidos. Fischer, Grinberg y Mattos argumentan que “la legitimidad de la esclavitud se construyó sobre la base de principios religiosos y belicosos en lugar de una base explícitamente racial”, Afro-Latin American Studies, An Introduction.

La iglesia también fue responsable de prohibir a los africanos practicar sus religiones tradicionales porque, según los líderes de la iglesia, sus prácticas eran consideradas salvajes. Sin embargo, en muchos países latinoamericanos, las comunidades africanas y sus descendientes continuaron las practicas religiosos de sus ancestros ya que la religión jugo un papel esencial en sus vidas. “Fue en estas prácticas”, escribió Andrés Mauricio Zambrano Lozano en su artículo Palenque: Libertad y Sincretismo Religioso, publicado en el Blog Religiones en Colombia, “donde hombres y mujeres encontraron refugio espiritual en tiempos difíciles y utilizaron su religión para protestar contra la ideología impuesta por los europeos”.

El padre Manuel Meza Miguel sj, sacerdote cubano, en su conferencia sobre La Iglesia y los Esclavos en Cuba, organizada en Miami por el Colegio de Belén y el Instituto Jesuita Pedro Arrupe, dijo que “en Cuba, a la Iglesia le preocupaba que los negros no contaminaran la moral católica. Los negros eran vistos como agentes de corrupción. Las mujeres negras no podían abandonar sus hogares por la noche, regulaban las actividades comerciales, los juegos, los bailes, las fiestas, y que ningún negro debía ser ordenado al sacerdocio porque era escandaloso”.

Padre Meza, en la conferencia, El Clero y la Esclavitud, compartió con su audiencia que, durante el período colonial, muchos sacerdotes solicitaron autorización para transportar africanos al nuevo mundo, venderlos y utilizar el dinero para financiar sus viajes. También afirmó que las iglesias latinoamericanas financiaron muchas plantaciones de caña de azúcar y que la iglesia no veía a los africanos esclavizados como una contradicción con los evangelios. Aseguró además que “los jesuitas usaban a los negros, a veces por centenares, para trabajar en sus plantaciones”.

Aunque los africanos esclavizados y sus descendientes no podían practicar abiertamente sus religiones, optaron por celebrar sus ceremonias religiosas en lugares ocultos. George Reid Andrews, autor de Afro-Latin America 1800–2000, Oxford, escribe que “Candomblé, Santería, Umbanda fueron rechazados por las elites blancas y la clase media en 1800 como primitivos, bárbaros y próximos al crimen”. Andrews también escribió que “algunos propietarios de esclavos, sacerdotes y funcionarios permitieron que los rituales religiosos africanos procedieran sin control, reconociendo en ellos no solo la conciencia necesaria para el bienestar de la espiritualidad de los esclavos, sino un medio útil para mantener una población potencialmente rebelde dividida en diferentes grupos étnicos africanos,” y más adelante escribe, “otros se sentían muy incómodos con la música desconocida, el baile, la lengua y el peligro percibido de grandes reuniones de esclavos y negros libres”, Afro-Latin America 1800–2000, Oxford.

Sin embargo, los africanos esclavizados y sus descendientes encontraron formas ingeniosas de agregar santos y deidades cristianas al panteón africano y los invistieron con dioses africanos, según Andrews. También asegura que “en Brasil, los esclavos yorubas de África occidental vieron en Jesús cualidades similares a las de Oxala, dios del sol y el cielo y veneraron a ambas figuras como poderosos señores del cielo. La Virgen María “, continuó, estaba “vinculada a Yemanja y Oxum, (órias del mar y agua dulce), el Diablo a Exu, (Señor de las encrucijadas, opciones e incertidumbre) y a otros santos y deidades de Yoruba”. En Honduras, la comunidad Garífuna también incorporó en el Dugú, elementos del catolicismo preservando una mezcla de religiones entre el cristianismo y rituales africanos.

El Dr. Ángel Vélez escribió en su ensayo La esclavitud y la Iglesia, que “el resultado de la imposición de la religión católico-cristiana fue el catalizador para la formación eventual de religiones como la Santería, el Vudú, Palo Mayombe, entre otros”. También está de acuerdo con Miguel De La Torre, autor del libro Santería, “que el catolicismo practicado en Cuba era folclórico y no oficial. En esencia, la existencia de dos catolicismos, un oficial y otro folclórico, demuestra que la evangelización de los esclavos fue superficial, y dio lugar a un fracaso que permitió el surgimiento y la preservación de la cultura africana que eventualmente impregnó la cultura caribeña”, concluyó.

Algunos historiadores españoles defienden la no culpabilidad de España como promotora de la esclavitud africana al nuevo mundo. Otros también excusan la participación directa de la Iglesia cristiana universal, como el Padre Javier Olivera Ravasi, de Catholic.net, quien intenta cambiar la narrativa fundamentando que la iglesia nunca estuvo involucrada en el crimen. Sin embargo, hay muchas evidencias históricas que demuestran la participación directa y cooperación de la iglesia en el sistema económico esclavista en las Américas, así como la supresión de prácticas religiosas entre los africanos.

La iglesia cristiana universal debe dejar a un lado su negación como participante activo en la esclavitud de los africanos en América Latina y asumir una posición de arrepentimiento por el crimen, ya que esta etapa oscura de nuestras sociedades permitió una desigualdad social, política y económica de los afrolatinos y sus descendientes en la región.

La iglesia también debe ayudar a restaurar los daños causados a las religiones afrolatinas a través del proceso de inculturación o contextualización en la liturgia y adoración en las comunidades Latinas, tal y como se efectuó con algunas comunidades indígenas.

Por lo tanto, si durante los años de historia de la iglesia cristiana elementos culturales, de diversas sociedades, encontraron refugio en su liturgia y adoración, ¿porque elementos culturales y religiosas de la sociedad afrolatina no gozan del mismo privilegio en las iglesias Latinoamericanas? Una de las principales causas de su ausencia en las misas o cultos son el prejuicio y una larga historia de desinformación motivadas por la discriminación.

Finalmente, es de total comprensión que las religiones afrolatinas eran prácticas malévolas, hoy podemos cambiar este erróneo pensamiento mediante la educación sistemática, reescribir nuestra historia con la verdad y alentar el dialogo sobe el tema que por décadas permaneció en la oscuridad. Además, crear un espacio de reconciliación entre la iglesia y la comunidad afrolatina por años de desinformación y crímenes cometidos, en el nombre de Dios, contra los africanos y sus descendientes; como también permitir la incorporación de prácticas culturales afrolatinos en las misas o cultos procurando que los practicantes de estos elementos culturales se amolden a los parámetros teológicos establecidas por la Iglesia.

Con este proceso la iglesia declararía ante el mundo su verdadero interés por el respeto a la dignidad de todo ser humano.

SOBRE EL AUTOR

Orlando J. Addison es sacerdote Episcopal y Vicario de la Iglesia Holy Faith en Port St. Lucie, FL, escritor y autor de varios libros, entre ellos su poemario bilingüe Canto Afrolatino y su novela Ernesto Gamboa. Orlando es el presidente y fundador del Proyecto Ernesto Gamboa y creador del Premio a la Excelencia Afrolatino. Comparte su vida con Martha, su esposa.

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Orlando J. Addison is the Founder The Ernesto Gamboa Project, an initiative aiming to improve visibility for Afro-Latinos— visit www.thegamboaproject.com .

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