Entrevista a Mónica Ottino. Autora teatral.

“Hay que recurrir a la memoria, a los juicios y prejuicios y saber que de todo eso muy poco sirve en el momento de subirlo al escenario”

China Zorrilla y Luisina Brando en Eva y victoria.

Es autora de “Eva y Victoria” exitosa internacionalmente, traducida al inglés y al francés. Trabajó junto a Oscar Barney Finn y ha puesto en escena numerosas obras de teatro.

Por Patricia O´Donnell

Sumergirse en la llamada “cocina de la creación” resulta muy atractivo particularmente cuando se trata de una autora teatral. ¿Por qué? Porque su creación no se limita al papel y la libre imaginación, que no es poca cosa, sino que también sus personajes tienen que ser actuados y vividos por otros, toman cuerpo por los actores. La autora teatral Mónica Ottino con su fino sentido del humor, una mirada aguda y un lenguaje ocurrente es quien nos va a introducir en ese mundo maravilloso.

Todos recodarán “Eva y Victoria” exitosa internacionalmente, traducida al inglés y al francés, con dirección de Oscar Barney Finn y las actuaciones de China Zorrilla, Luisina Brando y Laura Palmucci y luego Soledad Silveyra. Otras de sus obras fueron “Madame Mao” con dirección de Oscar Barney Finn, “Sarmiento” con Hugo Halbrich como director y actor, “Robespierre”, “Stefan Zweig” y tantas más y este año “Soplo al Corazón” en la Casa del Teatro.

Mónica también es guionista, traductora teatral, historiadora de instituciones y animadora cultural, ex vice presidenta de la Comisión Directiva de la Asociación Argentina de Cultura Inglesa y actual vice presidenta de la “Asociación Sarmientina.”

TSC: ¿Mónica nos gustaría saber qué piensas sobre los momentos de creación?

La creación femenina tiene aún en pleno siglo XXI sus detractores. Nadie objeta que una mujer traduzca, haga crítica artística o enseñe; lo que despierta sospecha y alguna forma de rechazo es la creación, que saque algo de la nada. Cuando empecé a escribir teatro en los 90, eran muy pocas las dramaturgas, ahora son innumerables y sabiamente les resulta indiferente la opinión ajena. Muchas ya tienen carreras promisorias, son mujeres de 30, 40 años que con la energía de la juventud se involucran con la dirección, producción y otros aspectos del hecho teatral. Viven en y para el teatro.

TSC: ¿Qué impacto te producen los personajes al ser actuados y cuándo adquirieren vida propia? ¿Cómo surgen en tu mente?

Es cierto que el papel aguanta casi cualquier cosa y coincido en que en el momento de darle carne, sangre y voz a los personajes surge la verdad, no siempre grata, del valor del texto. El autor de teatro está siempre alerta al prójimo, conocido o no, a la charla de dos amigas en un colectivo, dos enamorados en un bar, una mujer, un hombre, explicando sus problemas a un abogado, un médico, un contador…. Las situaciones son infinitas, hay que aguzar el oído y por supuesto, inventar, recurrir a la memoria, siempre evasiva y cobarde, a los propios juicios.

TSC: Conoces a fondo varios personajes de la literatura irlandesa. Has escrito sobre la novela de George Moore “Albert Nobbs”, ¿Qué piensas de esta mujer que en el siglo XIX se disfraza de hombre para sobrevivir?

Es cierto que las mujeres con nuestra versatilidad podemos ser audaces cuando queremos llevar adelante un objetivo valioso. Ciertos personajes nacieron como Albert Nobbs del irlandés George Moore (1852–1933) en una “nouvelle”, pero eran tan evidentes sus valores dramáticos que en Francia y luego en Broadway, protagonizada por Glenn Close, fue un éxito y finalmente un film dirigido por Rodrigo García, quien evitó la comodidad de llamarse García Márquez como su padre, pero heredó su talento. Relata la triste existencia, de una niña, que para huir de la miseria se convierte en eficiente camarero y sirviente de un gran hotel. Sin estridencias muestra las terribles condiciones de vida del período victoriano.

TSC: Con tu mirada de dramaturga ¿Qué nos dirías de Lady Gregory involucrada en el Celtic Revival, responsable junto con Yeats de la fundación del Irish Literary Theatre?

Lady Gregory (1852–1932), dramaturga, folklorista fue una arriesgada y competente productora y propietaria teatral en Dublín. En su casa de Londres pudo afianzar su amistad con Robert Browning, Henry James, George Moore, el pintor Millais y por supuesto George Bernard Shaw, por quien era profundamente admirada. Activista social, laboriosa escritora, dirigió más de 19 obras. La producción teatral parece un milagro de los movimientos feministas, y de sus actividades con fuerte impronta ideológica de los 60 y 70. Lady Gregory comprendió que sólo hacían falta pasión, conocimientos y, por supuesto dinero.

TSC: ¿Qué personajes conservan actualmente la fantasía y el ensueño para acceder a la creatividad y despertar un sentimiento de libertad?

Si hablamos de mujeres actuales de importancia en el mundo del teatro, surge una personalidad inigualable por fuerza, talento y entrega: Ariane Mnouchkine, alma del Théâtre du Soleil, directora, responsable de maravillosas puestas en escena. La idea del Théâtre du Soleil indefectiblemente nos transporta al encuentro con lo mágico y maravilloso tan presente en el mundo celta.

TSC: ¿Qué más nos dirías del espíritu poético de los irlandeses?

La poesía y el teatro tienen profundas y misteriosas relaciones; es difícil que un dramaturgo prescinda de la lectura, mejor en voz alta, de poemas que no sólo alimentarán su lenguaje sino también su ritmo y musicalidad. Los irlandeses lo comprendieron tan bien que muchos eran a la vez poetas y dramaturgos. La cárcel y el destierro no mataron al poeta que era Oscar Wilde (“La balada de la cárcel de Reading” y “De Profundis” lo demuestran), pero aniquilaron al feliz mundano que escribía teatro. El pueblo irlandés parece hecho para hacer y recibir teatro, género pérfido, mal escrito, que en ellos logra niveles de excelencia.