“Los presos dicen que leen la Biblia para ser mejores. Deberían leer Ulises”

Entrevista con Marcelo Zabaloy, el traductor outsider de Joyce en Argentina

Espíritu amateur. Provocador sin provocar. Toda una vida reparando computadoras y haciendo los tendidos de cables de redes de datos. Toda una vida leyendo como hobby. Bahía Blanca. “No tengo pose de escritor ni de traductor. Si a mí me gusta una palabra, la pongo”. Una traducción del Finnegans Wake, un libro aún más desafiante que el Ulises, con diez revisiones antes de entregar el texto definitivo. “Te podrás imaginar cómo me ha quedado el cerebro. No hay argumento, no hay una historia que puedas relatar, es una misma historia contada una infinita cantidad de veces. Y en una línea, donde hay diez palabras, cuatro de ellas no existen. No están en los diccionarios. Estás obligado a crear neologismos”.

El autor de la traducción al castellano rioplatense de dos de las obras fundamentales de James Joyce, tiene seis hijos, anda por los 60 años, una vida made in Bahía Blanca, ex jugador de rugby, y se autodefine como un buscavidas.

A 72 años de la primera traducción al español del Ulises, realizada por el argentino J. Salas Subirat, que también era alguien excéntrico del mundo literario: su mundo era el de la venta de seguros. Gracias al reciente libro de Lucas Petersen sobre la vida de Salas Subirat se supo mucho más sobre una figura ignota e ignorada por el ambiente de los libros. Algo similar le ocurre a Zabaloy, aunque con algunas diferencias de escala. “En el año 1961 yo tenía cinco años. No era habitual que los chicos estudiaran inglés, pero a mi no me costaba, me gustó, se me hizo como un caramelo”.

Recuerda el momento en que, una vez terminada la traducción, su señora le preguntó por qué no buscaba editor. “Yo no sabía, porque por ahí algo te da mucho placer hacerlo y para otro es una porquería. Además estaba muy deprimido. Entonces un domingo a la mañana empecé a escribir por email a las editoriales que encontré en una lista. Adjuntaba el capítulo 15, Circe, el que transcurre en el burdel a medianoche, para mostrar que la cosa iba en serio. Escribí a todas las editoriales en Argentina, México, España. Pero nada. Ni una respuesta. La Asociación James Joyce de Bahía Blanca no pareció interesarse en absoluto; la editorial Ediuns, de la Universidad Nacional del Sur, dijo que no tenía gente para evaluarlo y que si quería podía editarla a mi exclusivo cargo, sin revisar el texto; los diarios y revistas literarias argentinas tampoco se interesaron.

Pero en febrero de 2010, seis meses después, recibió una llamada en Bahía Blanca. “¿El señor Zabaloy? Buenos días, le habla Edgardo Russo”. Trabajaron juntos hasta el 2012, capítulo tras capítulo. “Mientras tanto, como yo necesitaba mi droga, me puse a traducir el Finnegans Wake. En el 2012 tenía el 70% hecho”.

El irlandés Declan Kiberd, autor de la introducción al Ulises más vendida del mundo

anglosajón (el de Penguin Classics) contó que Joyce amaría esto, “porque él escribió el Ulises pensando en gente como Zabaloy. Lo hizo para porteros, para guardas de tren, personas con oficios comunes o trabajos mecánicos. Él con el Ulises estaba celebrando a la gente común, a la mujer común. Es realmente un privilegio que el Ulises esté siendo traducido por gente que no proviene del mundo literario. Casi todo el libro se nutre del discurso y el habla común de la gente de la calle”.

Si Dublín desapareciera de la faz de la tierra, podría reconstruirse entera a partir de las páginas de mi novela, se jactó James Joyce. Hay solo cuatro traducciones del Ulises al español: dos argentinas y dos españolas. La primera de Salas Subirat, la segunda del español José María Valverde (1976), la tercera de los españoles García Tortosa y Venegas (1999), y la última de Zabaloy (2015). “La primera lectura del Ulises me llevó seis meses, o algo así, porque leía despacio, en la cama con el diccionario en la panza, y eso requiere paciencia. Desde el primer párrafo me sentí perplejo y cautivado. El famoso monólogo de Molly Bloom me llevó un mes o un poco más”.

Para el Ulises, Zabaloy se rodeó de un equipo de expertos, comenzando por su editor, el ya fallecido Edgardo Russo, a los que se sumarían los especialistas Teresa Arijón, Anne Gatschet y Eugenio Conchez, en la traducción y revisión del texto y la redacción de las sumamente pertinentes notas explicativas; se agrega, al final, una tabla comparativa entre las ediciones inglesas, y una francesa, consultadas, pensada sobre todo para los especialistas, y una lista de personajes, útil, ésta sí, para el lector perdido en la selva joyceana. Desde todo punto de vista, una edición cuidada y confiable.

En cuanto a Finnegans Wake fue publicado en 1939, diecisiete años después de la primera edición del Ulises y dos años antes de su muerte en 1941. La novela, una gigantesca epifanía, arranca con la historia de Finnegan, un albañil que se cae de un andamio y resucita (o se despierta) gracias a unas gotas de whisky para reencarnarse en el personaje central de la obra: H.C. Earwicker. “En distintos momentos incorpora oraciones e incluso párrafos enteros en 70 idiomas”. Aunque hay traducciones parciales, como la de Víctor Pozanco, de 1993, o la de Francisco García Tortosa, de 1992, esta es la primera traducción al español íntegra del libro.

A 650 kilómetros de Buenos Aires, Zabaloy responde los mails de TSC:

¿Cómo es la vida en Bahía Blanca, cómo es tu vida en Bahía Blanca, la ciudad cambió mucho en estos años?

Nací y viví acá toda la vida. Trabajo con uno de mis hijos en su agencia de viajes un poco en casa y un poco en la oficina. Los martes voy a la Unión de Rugby y el jueves cocino en el club para la subcomisión. Los sábados voy a ver a la Primera y a veces los infantiles o los juveniles. En los ratos libres traduzco algo que me guste, sin encargos por lo general. No quiero trabajar de traductor. Soy un aficionado. Los traductores son maltratados por las editoriales y yo no tengo ningún interés en dejarme maltratar. Traduje este año El atentado de Sarajevo (Georges Perec) para El Cuenco de Plata pero solo porque adoro a Perec.

¿Cambió mucho tu estilo de vida después del Ulises, fue un antes y un después para vos?

Después de leer y traducir el Ulises cambian muchas cosas en el interior de una persona pero no me cambió el estilo de vida. Tuve la necesidad de seguir con algo que le diera sentido al tiempo libre. Y empecé a leer y traducir Finnegans Wake.

¿Cómo te sentís cuando lees en las entrevistas que te hicieron cosas como: “No es escritor ni traductor profesional. Ni siquiera es profesor de literatura.”?

Tienen razón. La figura del outsider no me molesta. Y es genuina. Toco de oído y ni siquiera soy un profesor de literatura. Leo desde que tengo memoria. Escribo y no publico porque el pudor me frena. Traduzco porque me apasiona hacerlo.

Me pasa seguido encontrar traducciones al español de libros que me interesan y no poder leerlos por tanto español madrileño presente en el texto. Se complica aún más cuando se trata de ficción.

Lo que me interesa por lo general lo leo en inglés o en francés. Gracias a Diosm, Vladimir Nabokov se auto-tradujo (su hijo y él). Cada lechón en su teta. Los españoles se mofan de los argentinos y viceversa. No me da la talla para criticar a nadie.

¿Cómo fue tu infancia, tu familia viene de la inmigración o no hay conexión con ese tipo de historias de puerto y campo?

Mi infancia son recuerdos de un patio en calle Alsina y un huerto claro donde madura un limonero. Mis abuelos maternos eran hijos de vascos y franceses escapados del hambre. Nada original. Mis abuelos paternos, uno nieto de alguien impreciso de Aquitania o el país vasco francés y otra nieta de suecos. Es decir, producto netamente argentino. Pero sí, claro, todos inmigrantes. Mi vieja nació en Coronel Pringles y vivió en el campo hasta que se casó. Hice la primaria y la secundaria en escuelas públicas y después estudié dos años de abogacía en la UCA. En 1976 murió mi viejo y volví a casa. Después me casé.

Dijiste en varias notas que en Ulises está prácticamente todo, que es un libro que te hace mejor persona sin ser de autoayuda.

Es cierto que está todo. Los presos dicen que leen la Biblia para ser mejores. Deberían leer Ulises. El tiempo no se siente. Es posible que se acelere y acorte penas. De todo tipo. En todos los sentidos de la palabra pena. Y en todos los sentidos de la palabra tipo.

La cuestión dela infidelidad está muy presente en Ulises y más que nunca en la sociedad actual con sus redes sociales, etc. ¿Cuál es tu visión de este punto en la historia de Joyce y también en paralelo con nuestra sociedad?

La carta que Bloom recibe en su casilla de correo de parte de una tal Martha Crawford está dirigida a Henry Flower, su apodo. La trampa matrimonial se ajusta a los tiempos que corren. De las palomas mensajeras a la carta con lápiz labial en beso al incitante mensaje de Whatsapp, la esencia no ha cambiado. Hay una urgencia que apaciguar y por el medio más discreto. La tecnología que se inventó para la guerra termina usándose para los amores clandestinos. A Bloom, víctima y victimario, no le pareció tan terrible. A Molly, menos. A Joyce, menos que menos. No voy a llevarles la contra.

¿Para quien nunca leyó nada de Joyce, le conviene arrancar por Ulises o por algo

menos extenso?

Describo mi experiencia. Primero leí un cuento de Dublineses, Counterparts, que me encantó. Muchos años después leí todo Dubliners, una maravilla. Después vino el retrato del artista adolescente. Y mucho después Ulises.

¿Encontraste un método para trabajar, en una nota decías que le dedicabas diez horas por día de lunes a lunes!

Es cierto. Encontrar el método quiere decir encontrarle el gusto a la cosa. Ver que es posible. Que hay un modo de escribir una frase complicada en otro idioma y escribirla en castellano sin quitarle la complicación original. Y que quede linda. Que sea agradable de oír. Y entonces cuando leía en voz alta lo escrito y me gustaba había encontrado el método.

Y también es cierto que le dediqué a las correcciones de Ulises entre diez y doce horas diarias durante un año. Leíamos por Skype con Edgardo Russo y nos reíamos como locos. Fue un placer exquisito y lamento muchísimo que se hayan terminado dos cosas: la vida de Edgardo y la traducción del Ulises.

Es difícil de creer que algún tipo haga esto por nada. Pero no era por nada. Era para que el Ulises se publicara y para ese entonces ya tenía un contrato con El Cuenco. No podría haberse hecho de otra forma. Por otra parte en 2012 ya había decidido retirarme del trabajo de cableados. Había sufrido dos infartos y mi hijo me propuso que lo ayudara con su agencia. Tenía tiempo y la subsistencia asegurada.

A Finnegans Wake le dediqué mucho más tiempo. De los siete años que me llevó traducirlo, cuatro fueron a tiempo completo. Salvo los días que estuve de viaje, el resto los pasé traduciendo, de la mañana a la noche incluso sábados y domingos. La ayuda de Eugenio Conchez en Ulises y sobre todo en Finnegans Wake trasciende lo humano. Eugenio es una maravilla de persona. Un fulano irrepetible. No hay quien le llegue a los talones en el arte de revisar. Es implacable.

“Juro por lo más sagrado que jamás espié ninguna de las traducciones al castellano”. No me queda claro si aún hoy no has leído ninguna edición al castellano de Ulises o quisiste decir que en el momento de traducirlo no las tuviste en cuenta?

No leí ninguna traducción al castellano del Ulises, ni antes, ni durante, ni después de traducirlo. Sí leí y tuve siempre delante la traducción al francés de Auguste Morel y Valéry Larbaud.

Salas subirat: “Una obra difícil de entender en inglés tenía forzosamente que desanimar a los traductores. Pero traducir es el modo más atento de leer, y el deseo de leer atentamente es responsable de la presente versión”.

Nada más cierto. Sin saber nada de Salas Subirat y sin tener la más mínima intención de traducir el Ulises y que alguien lo publicara hice lo que él hizo. Empecé traducir para entenderlo mejor.

¿Cuál fue el principal obstáculo que te encontraste a la hora de traducir Ulises?

Las primeras hojas de Oxen of the Sun, una génesis de la literatura inglesa.

El traductor Matias Battiston decía que tuvo que viajar a Dublin para poder terminar su libro sobre James Stephens, caminar por las calles que nombraba el libro, por los lugares, etc. Como una forma de pesquisar detalles circunstanciales y biográficos que quería incluir.

Había terminado la primera lectura de Ulises cuando fui a Irlanda por primera vez. Apenas estuve un día caminando por Dublín. Después fui varias veces más pero siempre con grupos así que no tuve mucho tiempo libre. Estuve en Sandycove, en Torre Martello, etc. Me sirvió todo lo que había leído antes y durante la traducción. Las visitas a Dublín me provocaron nostalgia de cosas jamás vividas.

En relación a Finnegans Wake, cómo fue la gestación del libro, tuvo la mística que has contado acerca de tu aproximación a Ulises o lo tomaste más como un “encargo”?

No hubo ni podría haber habido encargo alguno. ¿Quién encargaría algo así a un outsider? Finnegans Wake, su traducción a lo largo de siete años y sus doce lecturas en voz alta, solo en mi biblioteca, han dejado una huella y en Bahía Blanca hay quienes lo notan y cruzan de vereda cuando me ven. Con Finnegans Wake encontré el método y me hice amigo de Hervé Michel. Este genio ignorado fue mi guía. Y los muchísimo ensayos y libros que leí mientras traducía. Me pasé un mes entero en la BNF en Paris leyendo todo lo que pude sobre la gestación de FW. Esto fue sin beca, por supuesto. Así le encontré la vuelta. Todo fue un goce sublime.

Hay algo que sobrevuela en todas las notas que leí sobre vos, que es el nivel de corporativimo de los traductores profesionales y de la literatura argentina vista como un ambiente cerrado o sesgado.

Está bien que así sea. Los literatos y los académicos hacen lo suyo. Cuidan la quinta. No tengo ningún reproche. Son, para mí, mundos ignotos. Ellos me ignoran y yo me divierto ignorándolos. A mí no me da la talla para mito. Salas Subirat fue un héroe absoluto. Me avergüenza que me comparen con él. No tiene sentido. Más allá del honor que me hacen.

¿Mantuviste contacto con alguien de la comunidad irlandesa en Bahía Blanca?

La Asociación James Joyce de Bahía Blanca me invitó el año pasado a dar una charla en un salón enorme de la Municipalidad. Ellos pusieron mucho entusiasmo en la difusión. Una bella soprano cantó Love’s old sweet song. Lo pasamos muy lindo aun con poca gente.

Por último, que enseñanzas te dejó el rugby, crees que sirvieron para darte fuerza a la hora de cambiar de rumbo en un momento de tu vida?

Soy dirigente del club El Nacional y de la Union de Rugby del Sur. El rugby me dio casi todas las oportunidades que tuve para ir acomodándome en la vida. Por el rugby mantuve vivo mi interés por los idiomas del rugby, el francés y el inglés. Por el rugby conocí muchos países. Sin dudas ambas traducciones son producto directo del rugby.