Resultado histórico del Sinn Féin en el Norte

Por Chesús Yuste

Las elecciones anticipadas a la Asamblea de Stormont celebradas el 2 de marzo han supuesto un punto de inflexión en la política norirlandesa. Marcados por el escándalo de las primas a las renovables (que ha salpicado a la líder del DUP, la primera ministra saliente Arlene Foster) y por la incertidumbre generada por el Brexit (donde el DUP se ha quedado prácticamente solo frente a todos los demás partidos, partidarios de permanecer en la UE), en estos comicios se ha alcanzado una participación de récord (65%), superior en diez puntos a la de las anteriores elecciones de hace apenas diez meses, y solo por debajo de los comicios que siguieron al Acuerdo de Viernes Santo.

La decisión del Sinn Féin de provocar el adelanto electoral ha sido recompensada en las urnas, donde los republicanos han cosechado un resultado histórico. No solo han sido quienes más han crecido (casi 4 puntos, frente al -1 del DUP), alcanzando prácticamente al Partido Demócrata Unionista (DUP), sino que nunca antes el partido de Gerry Adams se había acercado a los 200.000 votos en el Norte de Irlanda y el 2-M los superaron con creces: 224.245 votos, quedando a menos de 12.000 votos del DUP, ¡a apenas 2 décimas! La diferencia entre los dos principales partidos, que estaba en los 10 escaños, se ha esfumado: solo un escaño los separa ahora (y durante la mayor parte del escrutinio, el SF iba por delante y hasta con 7 parlamentarios de ventaja). Nunca antes se habían acercado al 28% de los votos y ahora lo han conseguido (27,9%) y, encima, en una jornada con altísima participación, lo que le da aún más valor al porcentaje obtenido. Sin duda, el electorado ha premiado el relevo generacional y también de género emprendido por el Sinn Féin, donde Michelle O’Neill, una mujer de 40 años que no participó en el conflicto norirlandés, ha sustituido al histórico Martin McGuinness, que había renunciado a presentarse por problemas de salud. Previsiblemente pronto veremos en Dublín a Gerry Adams dar paso a otra mujer ajena a la historia del IRA: Mary Lou McDonald, vicepresidenta del partido desde 2009. Los cuatro aparecían, con ellas en medio, en la foto que anunciaba el relevo de McGuinness. El mensaje de renovación es evidente.

Las encuestas pronosticaban un empate técnico, derivado de un severo descenso en votos del DUP y un crecimiento leve del SF. No obstante, el empate se ha producido por un auge importante del SF (+3,9) y una caída del DUP menor de la esperada (-1,1). La movilización del electorado ha terminado primando el bipartidismo, recortando el espacio de las fuerzas minoritarias. El afán por castigar la arrogancia del DUP entre los nacionalistas ha disparado las expectativas del SF, mientras que el miedo entre los unionistas a una primera ministra republicana en Stormont ha terminado de apuntalar al unionismo mayoritario.

La pugna por el tercer puesto se la ha llevado como siempre el unionismo moderado del UUP (12,9%, +0,3), por delante del nacionalista moderado SDLP (11,9%, -0,1) y del interconfesional Partido de la Alianza (9,1%, +2,1). A pesar de que aparentemente ha mantenido el tipo, la notable pérdida de parlamentarios (6 de 16) ha llevado al líder del histórico Partido Unionista del Ulster, Mike Nesbitt, a dimitir a las pocas horas. Por otra parte, los minoritarios (el Partido Verde, la alianza trotskista People Before Profit, el ultraunionista TUV y una unionista independiente) han sufrido retrocesos pero van a continuar con representación en la Asamblea.

Entre la reforma electoral (que ha reducido los escaños de 108 a 90, pasando de distritos de 6 escaños a distritos de 5) y el notable desgaste de la primera ministra Arlene Foster del DUP (por el escándalo de las renovables y por su apuesta por un Brexit duro), la amplia ventaja que tenían los partidos unionistas sobre los nacionalistas se ha volatilizado. Los 18 escaños eliminados han resultado ser prácticamente unionistas (10 del DUP y 6 del UUP), frente a uno perdido por el SF y otro por People Before Profit. La primera conclusión es que ha desaparecido la mayoría absoluta de que gozaban los unionistas en la Asamblea (esto es, sumando DUP. UUP. TUV y la independiente): de 56 sobre 108 pasamos a solo 40 sobre 90.

Es más, al quedar por debajo de los 30 escaños, el DUP, aunque sigue siendo el partido más votado, pierde el derecho de veto, lo que podría permitir que se aprobara cierta legislación progresista con el respaldo de la mayoría de la Asamblea, como por ejemplo la ley del matrimonio igualitario.

Ahora DUP y SF, obligados por la legislación norirlandesa, deberán ponerse de acuerdo para compartir el gobierno. Si no, Londres podrá suspender la autonomía. Recordemos que el Acuerdo de Viernes Santo obliga a gobernar juntos a los partidos más votados en las dos comunidades que conforman la sociedad norirlandesa: la unionista/protestante y la nacionalista/católica. La fuerza más votada en general ocupa el cargo de primer ministro y la fuerza más votada de la otra comunidad, el de viceprimer ministro. Con los resultados en la mano, el gobierno deberán compartirlo DUP y SF… si logran un acuerdo.

El líder nacional del SF, Gerry Adams, ha sugerido que los unionistas podrían sustituir a la cuestionada Arlene Foster como candidata a primera ministra. Sin duda, eso facilitaría el acuerdo. Pero Foster, a pesar de sus malos resultados electorales, no piensa dimitir y se ha postulado como futura primera ministra. Al rechazo expresado por los republicanos del SF, hay que sumar también las críticas que se han empezado a producir dentro de su propio partido. Algunos dirigentes del DUP temen que, si mantienen a Foster como candidata, las negociaciones no prosperen y provoquen el final del autogobierno. Fuentes consultadas por el diario unionista Belfast Telegraph han asegurado que una tercera parte de los diputados del DUP son partidarios de un aspirante alternativo para salvar las instituciones.

Adams ha recordado a Foster una frase que solía repetirle el fundador del DUP, el reverendo Ian Paisley, a McGuinness: “No necesitamos a los ingleses para gobernarnos”. ¿Se pondrán de acuerdo unionistas y republicanos? ¿Descarrilará el autogobierno norirlandés y, con él, el proceso de paz? El 2 de marzo vivimos un hecho que parecía impensable: que el SF, el antiguo brazo político del IRA, pudiera ser el partido más votado en Irlanda del Norte en elecciones autonómicas (ya lo había sido anteriormente en las europeas) y que un republicano (una republicana que no vivió el conflicto, como Michelle O’Neill) pudiera ser primera ministra del Norte de Irlanda. Militantes del SF ya han sido alcaldes de Belfast, presidentes de la Asamblea de Stormont y viceprimeros ministros… En esta jornada histórica a los republicanos solo les han faltado dos décimas y un escaño para arrebatarle la cabeza del gobierno al unionismo arrogante y discriminatorio que encarna del DUP. El unionismo tiene motivos para estar preocupado.