Vencer o aprender

El libro que narra la historia del luchador Conor McGregor contada por su entrenador John Kavanagh.

The Southern Cross
Aug 26, 2017 · 9 min read
McGregor en la previa de la pelea con Mayweather.

Por Julián Doyle

Crumling Boxing Club, es uno de los clubes de boxeo más antiguos y prestigiosos de Irlanda. Fundado en 1930 en Crumling, un suburbio situado al Sur de la Dublín entre Walkinstown, Drimnagh y el Gran Canal, cuando una empresa tabacalera donó los terrenos y de esa forma nació bajo el nombre de “Imperial Tobacco Boxing Club”. En el derrotero, el club pasó por todos los vaivenes del país hasta allanar el camino para una serie de boxeadores destacados. Desde 1991, ha producido más de 30 campeones a nivel local y nacional. Por otra parte, el año pasado, este excelente historial fue reconocido, ya que Crumlin fue nombrado “Mejor Club de Box en Irlanda” por la JIA, mientras que sus entrenadores también fueron honrados por su papel en su renacimiento.

En ese barrio obrero, con calles complicadas de violencia y pandillas, pasó su infancia y juventud Conor McGregor, con sus padres Tony y Margaret, y sus dos hermanas, Erin y Aoife. En ese club comenzó a los 12 años a practicar boxeo, impulsado por el nivel de bullying que soportaba en la escuela y en las calles. En 2006, McGregor se mudó con su familia a Lucan, a 13 km de Dublin , asistiendo al Gaelscoil y Gaelcholáiste. Después de eso, comenzó a acompañar a su padre en servicios de plomería. Hasta que un buen día, en Lucan, se encontró con el futuro luchador de UFC (La Ultimate Fighting Championship es la mayor empresa de artes marciales mixtas en el mundo) Tom Egan y pronto comenzó a entrenar artes marciales mixtas y a dejar a un lado el boxeo profesional.

El 17 de febrero de 2007, a la edad de 18 años, McGregor hizo su debut en artes marciales mixtas, en una lucha amateur contra Kieran Campbell por la promoción del anillo irlandés de la verdad en Dublín. Fue victorioso por nocaut técnico (TKO) en la primera ronda. Después de la pelea, se convirtió en profesional y fue firmado por la promoción irlandesa Cage of Truth. En 2008, McGregor comenzó a entrenar en el gimnasio Straight Blast Gym bajo la mirada atenta del que iba a ser su entrenador y guía, John Kavanagh.

El Encuentro

En el prólogo del libro Vencer o aprender, publicado en Julio en todo Europa y escrito en su totalidad como un relato descarnado en primera persona por Kavanagh, su principal discípulo y máximo orgullo de su franquicia, Conor McGregor, recuerda la primera vez que se vieron las caras: “El día que vi a John Kavanagh, cuando me lo presentaron en su gimnasio hace diez años, no me impresionó mucho. Un amigo del colegio, Tom Egan, llevaba algún tiempo entrenándose en artes marciales mixtas. Yo estaba boxeando a un nivel bastante bueno, pero decidí probar con las MMA. Y Tom me había asegurado que si tenías ambiciones de llegar a algún sitio en este deporte, John era el único hombre del país con el que había que trabajar. Yo le creí. Antes de conocer a John, me había imaginado un gurú de la lucha en jaula, grande e imponente. En realidad, parecía un tipo normal, con más pinta de profesor de escuela primaria que de maestro de lucha. Pero mi impresión inicial no tardó en cambiar. Cuando John empezó a compartir su conocimiento, se reveló como un caso único, y enseguida te dabas cuenta de lo especial que era. Se veía fácilmente por qué tenía una reputación tan grande.

Dada mi experiencia con el boxeo, yo estaba seguro de que en las MMA iba a estar como pez en el agua, y que sería campeón del mundo en poco tiempo. Pero con cada día de entrenamiento con John, a medida que me iba percatando de la profundidad de sus conocimientos, me iba dando cuenta de que tenía mucho que aprender de aquel hombre. Puede que yo ya supiera dar puñetazos antes de poner el pie en el gimnasio Straight Blast, pero en comparación con un experto de las artes marciales como él, yo era un aprendiz con mucho camino por delante. Pero sabía que estaba trabajando con un hombre que podía guiarme en la dirección correcta. Y eso fue exactamente lo que hizo John, y diez años después sigue haciéndolo. Desde los primeros momentos creí que este hombre podía llevarme adonde yo quería ir. Supongo que se puede decir que esta fue mi primera predicción acertada”.

Junto a Kavanagh.

La pasión de Kavanagh por aprender y enseñar resultó inspiradora para Conor para el cual, una de sus grandes virtudes como entrenador fue su capacidad de hacer que cosas muy difíciles parezcan sencillas: “Las descompone de una manera que yo no había visto nunca. En un gimnasio de boxeo entras, le pegas al saco, saltas a la cuerda, haces unas fintas con un sparring y te marchas a casa. Entras con prisa y te hacen salir con prisa. Con John la lección va despacio y se profundiza en ella hasta que queda clara y cristalina para cada individuo”.

La relación, está claro, va más allá de los entrenamientos y por eso, el rol de coach trasciende a ser su guía. “Durante más de una década nos ha entrenado con éxito a mis compañeros y a mí en el gimnasio y en el octágono, pero sus enseñanzas se extienden a todos los aspectos de nuestras vidas. Recurro a John para que me aconseje en todo, no solo en las artes marciales. Cuando empecé en el Straight Blast Gym, éramos un grupito de jóvenes luchadores que compartíamos la ambición de llegar a la cumbre. Me produce una gran satisfacción ver el reconocimiento que John ha recibido desde que llegamos allí. Me llena de motivación para seguir esforzándome. ¿Qué habría sido de mi vida si John Kavanagh no hubiera entrado en ella? Por supuesto, es imposible responder ahora a esa pregunta. Lo único que sé es que doy gracias por no haber tenido que averiguarlo.

El lado oscuro

El Boxeo en Irlanda tiene una orgullosa tradición de la clase trabajadora y es diversa e inclusiva. Contiene no solo a los chicos de las clases más pobres sino también a gran parte de la inmigración que llega al país. Cada club refleja la comunidad. El boxeo que muchas veces es presentado como un contrasentido, es un deporte sobre el respeto, y el aprendizaje de un arte. Se trata de cómo defenderse, se trata de modales y no dejar que nadie, en definitiva, camine sobre uno.

Desde el principio, mirando a Conor, me vi pensando «Este es un campeón del mundo». Entre su personalidad y sus dotes atléticas, era evidente que la materia prima estaba ahí. Con la cantidad de entrenamiento adecuada, los luchadores pueden pulir sus habilidades hasta el nivel de la élite, pero… ¿desarrollar ese toque de oro necesario para elevarse por encima de la masa y llegar a campeón? Todavía no he visto a nadie que haya conseguido hacerlo. Eso es algo que tienes que tener dentro desde el principio. Conor lo tenía pero en su trabajo en la lona había grandes lagunas que había que llenar. Y aquello no se iba a hacer de la noche a la mañana. Otro motivo de preocupación era que parecía tener muchas distracciones fuera del gimnasio. Dublin no es una ciudad muy grande, y no tardé en averiguar que Conor se estaba juntando con la clase de gente que era mejor evitar si uno quiere llegar a ser un buen atleta profesional. Conor se pasaba horas en el gimnasio todos los días durante semanas… y de pronto desaparecía y no lo veías durante varias semanas más. Se le daba especialmente bien desaparecer cuando llegaba la hora de pagar las cuotas del gimnasio”, dice Kavanagh.

Junto a su mujer y su flamente hijo Jr.

El camino hacia la delincuencia organizada se ha convertido en un camino bien pisado para muchos adolescentes en los suburbios duros de Dublín. El colapso de la economía en el país a finales de los años 2000, junto con el alto desempleo de los jóvenes, y sumado a un exitoso programa de televisión sobre el delito de los gangters de Dublín (“Love / Hate”) hicieron que este estilo de vida alternativo parecía casi glamoroso. Durante el tiempo que Conor estuvo en Crumling, convivió con estas circunstancias y sufrió el asesinato de varios amigos.

Aunque hacía poco tiempo que lo conocía, era perfectamente consciente de que tenía tendencia a descarriarse. Accedí a ir a la casa de la familia en Lucan para tener una charla con Conor. Todos estaban allí: los padres de Conor y sus dos hermanas. Todos parecían angustiados, preocupados por Conor. Me contaron más cosas: que parecía estar deprimido y se negaba a salir de su habitación. No quería entrenar. No quería hacer nada… aparte de decirle a la gente que se fueran y lo dejaran en paz. Conor no sabía que yo estaba abajo con su familia. No me esperaba en absoluto. Subí la escalera y llamé a la puerta de su habitación. –¿Qué? –gruñó una voz desde dentro. Cuando abrí la puerta, Conor parecía completamente hecho polvo. Desde luego, no se parecía al atleta joven y sano que yo conocía. Reconoció que estaba llevando muy mala vida, juntándose con gente inadecuada y siguiendo un camino peligroso. Básicamente, echando a perder su vida. Hubo lágrimas –de los dos–, pero allí y entonces nos comprometimos el uno con el otro. El lunes siguiente, Conor volvió al gimnasio”.

OK

La carrera de Conor fue en ascenso maratónico (tanto, que a fines de agosto volverá al boxeo nada menos que en Las Vegas contra Floyd Mayweather) y logró también consolidarse en la vida. En 2008 conoció a Dee Devlin, su actual novia con quien en mayo de este año tuvieron a su primer hijo, Conor Jack McGregor Jr.

McGregor es un fanático de su tierra en todos los aspectos de su excentricidad. Por lo general lleva consigo un sombrero que su abuelo usaba con frecuencia antes de morir. Y toda su ropa, incluído los guantes, tienen los colores de la isla.

Los padres de Conor.

Continúa su coach: “He sido el primer luchador de MMA de Irlanda, el primer cinturón negro de jiu-jitsu brasileño y el primer entrenador de un campeón de la UFC. Para un entrenador de MMA, la cumbre es entrenar a un campeón de la UFC. Yo ya lo he logrado, pero aún parece que estuviéramos empezando. A este nivel de nuestro deporte, me siento todavía como un principiante. Conor McGregor es mi primer campeón mundial. Está encabezando mi primera oleada. Pero creo que el trabajo más duro está aún por hacer. Busquemos a los adolescentes, de catorce, quince y dieciséis años, y moldeémoslos hasta convertirlos en atletas de primera clase. Ahora sé mucho más de lo que sabía cuando Conor hizo su debut en la UFC. Estoy aprendiendo cada día, y ahora que se acerca mi cuarenta cumpleaños espero continuar este ciclo de formación por lo menos durante veinte años más. En este deporte nunca llegas a dominarlo todo, simplemente porque son demasiadas cosas. Seré un aprendiz de esto hasta el día de mi muerte”.

En el final, Kavanagh se olvida un poco de su aprendiz y se mete de lleno con un tema espinoso que tiene que ver con la disciplina en sí en la sociedad, los medios y la paradoja de la falta de reglamentación en el país del campeón mundial: “Las artes marciales mixtas no están reconocidas por Sport Ireland (el anterior Consejo Deportivo Irlandés), el organismo estatal de deportes. Sin reconocimiento ni regulación gubernamental, no hay criterios a los que puedan adherirse las MMA en Irlanda. En la actualidad, cualquier persona puede organizar una velada de MMA en este país, y no existen requisitos mínimos de funcionamiento, atención médica ni ninguna otra cosa. No debería ser así. Por lo general, un promotor es un empresario cuya prioridad es obtener beneficios, y el nivel de atención que reciben los luchadores no debería quedar a su albedrío. Nadie puede impedirte organizar una velada de MMA con criterios mí- nimos si tú quieres hacerlo así. Los propietarios de gimnasios como yo podemos decidir no cooperar con un promotor así, pero él siempre encontrará luchadores dispuestos”.

ADELANTO EXCLUSIVO. PUBLICADO EN LA EDICION DE AGOSTO DE THE SOUTHERN CROSS.

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Desde 1875 expresando nuestra plenitud argentina desde lo ancestral irlandés. https://www.facebook.com/tsc.com.ar

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