La rutina
En una linda noche, un poco fría, se escucha el ruido que sale de un bar del que van saliendo dos amigos que se despiden de un grupo de personas en una mesa y se van hacia sus hogares, vivían cerca, entonces se fueron a pie. Caminando por una de las solitarias calles, los dos amigos conversan sobre algunos de los temas que estaban de moda, al final se despedían y uno se iba hacia su casa, el otro se iba por otro camino.
Ya solo, Antonio iba caminando rumbo a su casa -que estaba a una calle-, se encontró como siempre al vagabundo de la esquina -y como siempre, lo evadió-; al portero del edificio donde vivía lo tuvo que despertar; al entrar a su departamento, intentó dormirse, pero, no pudo.
Al no poder dormir, se llevó una manta y prendió la televisión, como no había nada que ver decidió prender la consola y jugar hasta caer dormido; durante mas de una hora no sintió cansancio alguno, siguió jugando hasta el amanecer.
Antonio era un empleado en una oficina, era feliz, a veces no le daban ganas de soportar a su jefe y a veces sentía que era su mejor amigo; casi nunca llegaba tarde, se llevaba bien con sus compañeros de trabajo y hasta había llegado a tener una relación con una de sus compañeras, Nancy, aunque a ella la despidieron porque la descubrieron en tremendo agarrón con su jefe en la oficina del presidente de la compañía, todo un escándalo. A él, se le rompió el corazón y de paso se llevo muchas burlas dentro de la oficina. Nunca volvería a tener una relación amorosa con alguna de sus compañeras.
A Toño, como le decía todo el mundo, le gustaban las convivencias que organizaba el departamento de recursos humanos cada fin de mes, en estas podía conocer un poco mejor a sus compañeros, como a Gabriel que al calor de las copas le había confesado que le había sido infiel a su esposa durante quince años, inclusive su jefe le había confesado ciertos secretos personales; quizá así podía satisfacer un poco su problema de autoestima.
Adrián, el jefe de Toño, lo elogiaba y decía que iba a ser su sucesor en el puesto, lo presumía con sus superiores; todo esto le incomodaba a Toño, él no era un tipo que le gustara presumir. Sus compañeros también lo querían, lo respetaban y sentían que era una parte fundamental del equipo; todos decían que sufrían mucho cuando Toño se iba de vacaciones.
Fuera de la oficina, a Toño le costaba un poco de trabajo conseguir reunir a sus amigos de toda la vida porque todos tenían sus propios horarios, algunos ni siquiera vivían en la misma ciudad, era complicado y los extrañaba; sin embargo, siempre disfrutaba de las pequeñas reuniones que tenía con ellos. Aunque la mayoría del tiempo se sentía a gusto con el rumbo de su vida, había algunos momentos en los que sentía que le faltaba algo.
Un buen día, Toño se subió al transporte público -no le gustaba gastar tanto dinero en gasolina-, observo a los demás pasajeros y tomo un asiento. Durante el trayecto se sentó a su lado una joven que olía un poco a mariguana, se sorprendió, pero no le tomo importancia. Al llegar a su destino, ella también bajo y comenzaron a caminar en la misma dirección, una calle después se volteó a verla y siguieron caminando.
Al pasar tres calles dieron la vuelta en la misma esquina y se voltearon a ver, a Toño lo habían invitado a un bar cerca de la casa de uno de sus amigos, la chica que iba a su lado lo volteo a ver y sin tapujos le preguntó si la estaba siguiendo, por supuesto, Toño lo negó y mencionó lo de la cita. Al llegar a la siguiente esquina ella se dio la vuelta y él siguió de frente hasta llegar al bar. Ella había volteado a verlo cuando se iba.
Al entrar al bar, vio a sus amigos en una mesa, platicaron, tomaron y disfrutaron de un muy buen rato. Un rato más tarde, uno de sus amigos y Toño se despidieron y se salieron del bar; Toño llegó a su casa, en el camino se encontró al vagabundo de siempre, lo evito y también tuvo que despertar al portero para poder entrar a su departamento.
Después de un tiempo, pudo volver a ir al bar que le gustaba ir con sus amigos, el que estaba cerca de su casa, conversando, entre cerveza y cerveza menciono que se sentía aburrido, todos lo apoyaron y le dieron algún consejo. A Toño no le parecían buenos consejos y decidió ir a la barra por más cerveza. Mientras intentaba pedirle al barman lo que quería se acerco a la barra una joven con un ligero olor a mariguana, Toño se sorprendió y comenzó a acercarse a ella.
Al llegar a donde ella estaba y querer decir algo, ella volteo y le dijo: “¡Ah, al final si me estabas siguiendo!”. Toño nunca se había puesto tan rojo, ella se rió y comenzaron a platicar…
