ISLAMISMO GÉNESIS Y AMENAZA
(las fotografías pertenecen todas al autor)
PRIMERA PARTE
LOS ORÍGENES DEL PENSAMIENTO ÚNICO EN EL ISLAM.
TRES AUTORES FUNDAMENTALES DEL ISLAMISMO
(Qoth, Mawdudi y Jomeini)
Tenemos que encontrar el principio de las cosas si queremos entenderlas y vivir con respuestas que no sean vanas, apoyarnos en gente que ha dedicado gran parte de su vida en estudiar y reflexionar sobre nuestro propio mundo. Para entender lo que ocurrió en París en la redacción de una revista satírica, y hasta donde nos conduce y conducirá sucesos similares. Hay que retrotraerse primero en el tiempo para encontrar donde pudo nacer esa determinación destructiva y luego reflexionar con un método lógico, porque el horror también tiene su lógica. También nos ayudará a comprender un 11 de marzo y 11 de septiembre y poder encontrar un poco de verdad en lo que nos ocurrió, antes y después, por mucho que nos asuste o nos horrorice y algunos avergüence.
Vamos a empezar buscando las raíces del pensamiento islamista que ahora parece emerger con fuerza en el mundo musulmán desde el Pacífico hasta el Mediterráneo. Y vamos a situarnos en el momento de la historia en que la mayoría de los países árabes y musulmanes consiguen la independencia.

Como sabemos después de la Segunda Guerra Mundial, los diferentes países árabes buscaron su independencia de las antiguas potencias coloniales. Lograda esta, los políticos nacionalistas tomaron el poder e hicieron estragos en sus correspondientes países aumentando las diferencias entre las clases sociales, creando clases con monopolio sobre la riqueza y oportunidades de desarrollarse. Fragmentaron el llamado Islam histórico (el dar el Islam) y tomando principios occidentales de la ilustración hicieron que los ulemas, los clérigos religiosos, hasta ese momento depositarios de la lengua escrita erudita, vieran peligrar su poder, al extenderse las lenguas escritas árabes, más populares.
Esta lengua popular en manos de la propaganda nacionalista de cada estado se convirtió en la legitimación política de su dominio sobre la sociedad. Pero fue esta lengua popularizada escrita, la que algunos intelectuales islamistas utilizaron para poder decir que los criterios de identidad cultural, política y social debían tener en el Islam la religión como única referencia, los nacionalistas habían conseguido mediante la propaganda y la coacción, elevar una nueva lengua árabe del pueblo a lengua política de las aspiraciones de sus naciones, desarrollando su correspondiente parafernalia de reivindicaciones y proyectos mesiánicos nacionales a veces contra sus vecinos árabes. Un pequeño grupo de intelectuales islamistas utilizando esta lengua popular, ponían en tela de juicio todo el entramado de estados nacionales independientes desvalorizándolos.
En este contexto de formación de cada nación árabe, nacieron tres corrientes llamadas a cambiar el pensamiento de una parte importante de las masas en el mundo musulmán y a dar un nuevo sentido político a estas.

QOTH Y LOS HERMANOS MUSULMANES
El Egipcio Qoth (1906–1966), el paquistaní Mawdudi (1903–1979) y el iraní Jomeini (1902–1989) los dos primeros marcaron su influencia en el Islam sunita, el segundo en el Islam chiíta. Los tres se parecen y a la vez defienden cosas distintas, igual que sus logros prácticos son diferentes. Los tres se oponían al nacionalismo secular y en realidad fueron una reacción a la presión de este, se opusieron también a la concepción tradicional islámica de que la lucha política no es prioritaria. Los tres buscaban la instauración de un estado islámico erigido por la religión pero con diferentes estrategias.
Para Qoth la historia de los países árabes desde su independencia de occidente estaba estigmatizada con el término coránico jahiliyya que es el estado de “ignorancia” en que vivían los árabes antes de la revelación al profeta Mahoma. Qoth trazó el paralelismo al decir que los árabes de los nuevos estados nacionales vivían en la misma ignorancia que los árabes paganos adoradores de dioses de piedra antes de Mahoma, igual que aquellos tuvieron sus ídolos de piedra, estos habían creado ídolos simbólicos como: la nación, el socialismo, la democracia, la cultura occidental…
En los años 60 escribió lo que fueron sus principales obras, llevando a cabo con ellas una revolución cultural (“A la sombra del Corán”, su “comentario coránico”, y “signos de pista”, “¿Qué hacer? del movimiento islamista”) todos estos libros se convirtieron en best-sellers y proclamando el surgimiento de una nueva generación coránica, para construir en el mundo contemporáneo una comunidad ideológica islámica, sobre las ruinas del nacionalismo. Lo izo inaugurando una escritura islámica sencilla y austera, muy alejada de la retórica complicada de los ulemas, sobrecargada de tradición y glosas. Estaba dejando de hablar en latín de seminario, para hablar a la gente de forma llana.
Para atacar al nacionalismo — del que nacieron como reacción a su fuerza intransigente — utilizó dos conceptos creados por Mawdudi: la “soberanía” (hakimiyya) y la “adoración” (‘ubudiyya). En el Islam, Alá es el único soberano, y el único objeto de adoración de los hombres. El único dirigente justo es el que gobierna de acuerdo con lo que Alá reveló. Cuando la soberanía la detenta un “ídolo” (la nación, el partido, el ejército, el pueblo, el parlamento, la sociedad…) y se convierte en objeto de “adoración” por las masas (esto lo hacen magníficamente los estados nacionalistas autoritarios) reina el Mal, lo falso, el anti Islam, la jahiliyya.

La fuerza de este razonamiento se extendió entre la juventud de Egipto. Igual que el profeta destruyó los ídolos del paganismo y lo sustituyó por la utopía del Islam, Qoth puso al desnudo lo fútil de mucha propaganda nacional. No había necesidad de definir o explicar el programa de esta utopía, se basaba en la experiencia original del Profeta y de sus compañeros. El Problema nació en el margen amplio que dejaba a la interpretación de esta experiencia y la manera de repetirla en el siglo XX. Qoth murió sin haber podido precisar su pensamiento sobre este punto, sus seguidores desarrollaron todo un conjunto de teorías desde las más radicales en que toda sociedad era impía hasta los que tachaban de ello sólo al poder.
El 29 de agosto de 1966 fue ahorcado en el Egipto de Naser lo cual radicalizó la ruptura entre islamismo y nacionalistas árabes, pero que apenas tuvo eco en occidente, a finales de los setenta, su pensamiento había invertido el equilibrio de fuerzas, haciendo que la ideología islamista se convirtiera en la utopía movilizadora de las masas.
Qoth era heredero de la tradición de los Hermanos Musulmanes, la cual trasformo con aspectos de la obra del paquistaní Mawdudi, y su propia experiencia egipcia y cuestiones genuinas de su obra, hasta convertir dicha tradición en una síntesis propia con unas características más activistas y radicales. Importante para entender la gestación del islamismo sunita conocer el movimiento de los Hermanos Musulmanes en Egipto.

Sayyid Qoth de hecho escribió sus libros en las prisiones de Naser acusado de pertenecer a la Asociación de los Hermanos Musulmanes. Creada en 1928 durante la época colonial y prohibida en 1954 por el joven estado egipcio de Naser. Fue a través de la obra de su fundador Hassan el Banna (1906–1949) y de su práctica de organización de masas, la matriz en que nacería el modelo de pensamiento y acción del islamismo del siglo XX. Qoth fue su primer inspirador, pero también quien supo adaptarla al postcolonialismo y hacer balance de sus fracasos, y prepararla para un estado nacionalista que le había perseguido y endurecido al chocar con sus ideas.
En los Hermanos Musulmanes confluían tanto movimientos radicales como moderados del mundo islámico. Nació cuando Ataturk (1924) abolió el califato otomano de Estambul, proclamando una república nacionalista turca y laica, al mismo tiempo que las potencias occidentales luchaban por controlar los territorios e intereses estratégicos de Oriente Medio. Los Hermanos Musulmanes fueron la respuesta a este desconcierto en el mundo musulmán, ellos decidieron sustituir al califato reclamando su dimensión política en el Islam. Frente a los partidos nacionalistas egipcios que reclamaban una independencia y una constitución democrática, los hermanos Musulmanes replicaron con una consigna muy conocida entre los islamistas a lo largo de la historia: “Nuestra constitución es el Corán”, y añadían otra de sus fórmulas, “el Islam es un sistema completo y total”. No había necesidad de buscar valores de fuera, europeos, mejor dicho: particulares, la base de todo el orden social si existe está en el Corán, que en su opinión era universal. Está doctrina es común a todas las tendencias del movimiento islamista: la solución de los problemas políticos de los musulmanes reside en la instauración de un estado islámico que aplique la shari’a (la ley extraída de los textos sagrados del Islam) de acuerdo con la tradición, y eso debía hacerlo el califa, el futuro califa capaz de restaurar un califato acorde con los designios del profeta.

La asociación de los Hermanos Musulmanes se convirtió en un movimiento de masas, que influyó y se implantó entre la pequeña burguesía, urbana y humilde, los pequeños funcionarios y los maestros sobre todo. Aspiraba a un orden social sin contradicciones que dejaba de lado a los partidos políticos, los cuales eran enemigos porque rompían la unidad de la comunidad de los creyentes y la debilitaban frente a los enemigos del Islam. Mantuvieron buenas relaciones con e rey de Egipto, Faruk, que consideró a la asociación un contrapeso frente a los nacionalismos laicos.
El carácter aglutinador y por tanto ambivalente se repetiría en muchos movimientos islamistas contemporáneos. Y llevo a multitud de razonamientos a favor y en contra de utilizarlo. Los intelectuales árabes de izquierda consideraron a los Hermanos como un movimiento que diluía la conciencia de clase del pueblo y hacía el juego al orden establecido, comparándolo con los movimientos fascistas de aquel entonces en Europa. En la década de los 80 se hizo otra lectura progresista, según la cual si permitían que la sociedad al margen de la cultura de las elites, se integraba en la sociedad moderna aunque fuera por medio de la cultura islámica, se favorecería el proceso democrático al final del camino. Y el pueblo accedería al poder a través de la cultura islámica, aunque fuera dando un rodeo.
Cuando los oficiales libres, Naser y sus compañeros tomaron el poder en julio de 1952, los Hermanos aplaudieron al raids, pretendía igual que ellos una unanimidad total en la sociedad de Egipto pero por medio del nacionalismo, aboliendo los partidos como primera medida, pero pronto se vio que ambos se disputaban igual escenario, cuantas veces se comete este error en la historia. Naser encarceló y ejecutó a cuentos Hermanos Musulmanes necesitó. Durante dos décadas el movimiento desapareció de Egipto pero se extendió por el extranjero y revivió. Fue el creador de la mayor parte de las tendencias del movimiento islamista de hoy en día, desde las peores y más radicales a las más moderadas. Más tarde se definieron con relación al camino dejado.

Los Hermanos Musulmanes se extienden en la sociedad no sólo por sus ideas religiosas sino también porque han creado toda una red de dispensarios gratuitos, talleres, escuelas para los más pobres, y casas de ayuda a los más necesitados, rodeando las mezquitas controladas por los Hermanos, que hace de ellos una organización que predica en todo momento con el ejemplo práctico y que consigue por ello un gran número de prosélitos entre el pueblo. Esta idea de ayudar a los musulmanes cuando lo necesitan mediante la caridad o la ayuda gratuita — idea cardinal por otro lado en el Corán — hace de ellos como hemos dicho una organización con aristas variadas que atrae a muchos, y ha seguido múltiples estrategias con los poderes establecidos debido a su imagen.
De hecho fueron tolerados por el poder real de Egipto en el pasado. Pero una vez fueron perseguidos por el estado nacional que odiaban, Qoth creó la figura de la jahiliyya, los Hermanos pacíficos de antes rompieron al no considerar musulmanes a los miembros del cuerpo social que participaba del poder. Semejante acusación se denomina en la doctrina islámica, el takfir, que es declarar impío a alguien que es o que pretende ser musulmán, se le excomulga y destierra de la Comunidad de los Creyentes, de la Umma: Para los más rigurosos este tipo de impío no tiene derecho a ninguna protección legal, “su sangre es lícita”, lo que puede llevarle a ser condenado a muerte. El tema de la decapitación vino después.
El takfir es una sentencia sin apelación pronunciada por los Ulemas, que dudan mucho en utilizarla. Corren el riesgo de excomulgarse mutuamente sin tomar antes otras medidas y llevar la Umma al desastre. Qoth que como hemos dicho murió prematuramente ahorcado, no precisó su pensamiento sobre este punto y dejó abierta la interpretación del uso del término jahiliyya y su consecuencia el takfir.
Los herederos de su doctrina se dividieron en tres vías. (Que maravilla esto de que los seguidores sean siempre más listos que el maestro): los más radicales decían que los impíos reinaban en todas partes y sólo había un escaso grupo de verdaderos creyentes. Decretaron un takfir generalizado que afecto incluso a sus propias filas. Digamos que estos seguidores radicales serían típicos de instaurar un califato degollando a todo a aquel que no acatase obediencia al supuesto califa.
Otra vía de pensamiento decretó la excomunión sólo para los dirigentes que no gobernaban de acuerdo con los textos sagrados, el pueblo quedaba excluido. Algunos dirigentes de AlQaeda defendieron sólo los asesinatos selectivos en algún momento de su estrategía.
La tercera vía, sobre todo defendida por de los Hermanos Musulmanes puestos en libertad o que vivían fuera de Egipto seguidores de Hudaybi, sucesor de Banna y supremo guía, interpretaban de una manera alegórica los pasajes más duros de Qoth, la ruptura con la sociedad debía ser espiritual y no material, había que predicar para incrementar la islamización pero no condenarla, a la sociedad, por impiedad.
Estas tres vías perduraron y se criticaron entre ellas. En lugares donde pudieron asentarse sin problemas los Hermanos Musulmanes (Arabia Saudí o Jordania por ejemplo) pactaron con el poder establecido a veces temerosos de una nueva represión y la mayoría de las veces porque el propio poder les necesita para alguna legitimación. La derrota de los ejércitos nacionalistas árabes frente a Israel en la guerra de los Seis Días en junio de 1967 afecto tanto al poder de Naser y como los estados aliados de Egipto, en las grietas que surgieron y junto a otros grupos contestatarios volvieron a introducirse en la sociedad. Esta vez los Hermanos ya tenían la nueva ideología dejada por Qoth, y fecundada por otra aportación no sólo árabe, sino del subcontinente indio procedente de Mawdudi.
MAWDUDI
Suele fijarse la lupa sobre Arabia y el Oriente Medio porque fue allí donde se produjo la revelación del Profeta, y él árabe la lengua del Corán. Pero los árabes son menos de la quinta parte de los musulmanes. En la India y Pakistán tiene el islamismo profundas raíces escritas en lenguas urdús. El islamismo contrariamente a lo que ocurrió en Egipto no pasó una época de persecuciones y catacumbas. Mawdudi (1903–1979) tomó el relevo durante las persecuciones de los Hermanos Musulmanes para oponerse al nacionalismo musulmán. A finales de los años 20 Mawdudi había publicado en urdú su primer libro: ”La yihad en el Islam”, era la época en que Banna creó los Hermanos Musulmanes en Egipto. Mawdudi pedía un estado islámico a escala de toda la India, para él todos los nacionalismos eran impíos (kufir), sobre todo hacía hincapié, si la concepción del Estado se inspiraba en modelos europeos. Desconfiaba de los Ulemas por aceptar gobiernos no musulmanes. Predicaba una islamización desde arriba, un Estado en que la soberanía se ejerciera en nombre de Alá y aplicando la shari’a, el Estado islámico sería la panacea para todos los problemas planteados. Para Mawdudi los cinco pilares del Islam tradicionales: la profesión de fe, la oración, el ayuno de Ramadán, la peregrinación y la limosna; no eran más que un periodo de formación para la yihad, la lucha contra las criaturas de Alá que habían usurpado su soberanía. En sus obras, la religión se convirtió en una ideología de lucha política, organizó “la vanguardia de la revolución islámica” creando un partido en 1941. Se refería a la vanguardia de los primeros musulmanes durante la Hégira, agrupados entorno a Mahoma, en el año 622, que se habían separado de los idólatras de La Meca, y se habían dirigido a Medina para fundar el estado islámico. El partido de Mawdudi no logró pasar de resultados mediocres en todas sus elecciones, a diferencia de partidos más violentos, los Hermanos Musulmanes egipcios en los años 30 y 50, o de los partidos islamistas contemporáneos como el Partido de la Prosperidad Turco o el Frente Islámico de Salvación argelino, la jama’at-e islami — el partido de Mawdudi — no consiguió nunca una adhesión masiva a pesar de su pacífica práctica. Para Qoth esa vanguardia debía destruir el Estado impío, romper con él sin dilación de ninguna clase. Qoth habló de una concepción revolucionaria de la toma de poder que no era de Mawdudi, pero encontró numerosos seguidores entre la juventud radicalizada. Aunque pudiéramos compararlo con la revolución soviética, nunca hubo un contenido social, no eran portavoces de los oprimidos. Al contrario de lo que sí hizo la revolución iraní de Jomeini.

Jomeini y la revolución islámica llevada hasta el final
La tercera línea radical islamista nace con Jomeini, nacido un año antes que Mawdudi y cuatro que Qoth, a partir de 1962 se opuso dentro del clero al Sha, se trataba de una facción minoritaria dentro del propio clero chiíta, pero las reformas previstas por el Sha en ese año (derecho de voto a las mujeres, reforma agraria que perjudicaba al clero, juramento de los diputados sobre un libro religioso no necesariamente el Corán. Derecho de la mujer a ser maestras o expresar su ideas en prensa) y la petición de un posterior referéndum para apoyarlas, acabaron en una manifestación de protesta en la conmemoración del martirio de Hussein. Al año siguiente la inmunidad jurídica dada por el Sha a los consejeros militares norteamericanos en Irán, hizo que Jomeini le acusara de vender el país por uno dólares. Fue deportado a la ciudad santa de Nadjaf en Irak (conocido nombre ahora por nosotros) en octubre de 1978 se trasladó a Neauphle–le-Château en la región parisina. En febrero de 1979 regresaría entre las multitudes a Teherán.
Para el estudio del islamismo es en 1970 cuando Jomeini abandona su oposición tenue hasta ese momento circunscrita al ámbito moral y religioso. Publica: “El Gobierno islámico, bajo la tutela del doctor de la ley, hacia un gobierno islámico.” Rompe con lo defendido hasta ese momento por el resto del clero: aceptar al príncipe de turno en espera del Mesías, y la sumisión mientras al Clero. La política del quietismo chiíta se trasformó en derrocar al príncipe y poner en su lugar un gobierno islámico, cuyo supremo guía sería el doctor de la ley chiíta. Una teocracia, pero convirtiendo a los clérigos en la vanguardia de una revolución. Jomeini en sus obras habla también de los desheredados incluyendo en esta palabra a muchas y diversas clases de la sociedad y tomando un partido claro por los más pobres y sometidos a la injusticia social. No tiene ningún problema en hablar de clases oprimidas por la pobreza y en decir que la justicia social también llegaría con la instauración de es estado islámico regido por el Corán y el doctor en la ley.
Logró unir a los medios tradicionales rurales y urbanos, y a los grupos modernos sociales de las ciudades: estudiantes, universitarios y obreros que fueron valorados por Jomeini como clases portadoras de futuro frente a la injusticia opresora del Sha y su corte. Los unió a la burguesía piadosa. Durante la revolución islámica iraní, el clero jomeinista consiguió el apoyo de todos los partidos y facciones de ulemas, y capitalizaron completamente la revolución. Crearon los komitehs, comités de Salvación Pública de Irán (que nos recuerdan en cierta manera a la revolución francesa) la mayoría de ellos tenían su sede en mezquitas, haciendo que mejoras sociales como aumento de salarios, ocupación de viviendas y tierras de los “corrompidos”, se viesen bajo el lenguaje islámico. Se habla de yihad para la reconstrucción, y sobre todo se repite una palabra para citar a los enemigos “corrupto”, “corrupción”. Jomeini de manera inteligente, nombró a un ingeniero piadoso, Mehdi Bazargan para encabezar un gobierno provisional apoyado en el Frente Nacional (clases medias laicas y liberales) pero el poder real lo tenía el Consejo Secreto de la Revolución islámica formado por ulemas partidarios de Jomeini. Era el encargado de definir la ideología oficial. Una asamblea de expertos — dominada por los ulemas — y un plebiscito culminó la redacción de una constitución que daba los máximos poderes al guía en la persona de Jomeini. Los liberales, una parte de la izquierda y la minoría kurda (sunita) se opusieron, pero los seguidores de Jomeini asaltaron la embajada americana, protestando que el Sha entraba en Estados Unidos (a curarse de cáncer) y Barzagan debía dimitir certificando la derrota de las clases laicas. El ayatolá Shariat-Madari líder de los ulemas que se oponían a Jomeini, fue condenado a arresto domiciliario hasta su muerte en 1986. Delante de los ulemas jomeinistas quedaban: los intelectuales islamistas de izquierda, juventud urbana pobre y la burguesía piadosa. La trampa volvió a crearse: Bani Sadr representante de la izquierda islamista fue elegido presidente de la República con el apoyo de Jomeini, al presidente le apoyaban los grupos de izquierda y los muyahidín. Pasadas unas semanas comenzaron a ser expulsados de los campus universitarios. El PRI (Partido de la República Islámica, cercano a Jomeini) obtuvo la mayoría en el parlamento y comenzó una guerra de desgaste contra el gobierno que acabo con Bani Sadr escapando del país, terroríficos atentados de los muyahidín hasta ser estos exterminados por los islamistas sacudieron Irán. El epitafio de la izquierda lo pusieron los dirigentes del partido comunista Tudesh que tuvieron que confesar ante la televisión que eran espías soviéticos y reconocer la superioridad del Islam frente al marxismo, sólo les falto arrodillarse como hicieran los acusados de los juicios de Stalin. La consigna teorizada por Jomeini como vahdet-e kalimeh (unicidad del discurso) se había logrado.
Pero las grandes masas de jóvenes pobres seguían ahí y estaban dispuestas a pedir sus mejoras sociales. La invasión de Irán el 22 de septiembre de 1980 por el ejército de Sadam Husein, armado y preparado por las petromonarquias sunitas, Francia, Estados Unidos y Alemania, significó la aterradora salida para estos millones de jóvenes. Fueron enviados al martirio en el frente de batalla, muriendo centenares de miles en orgías de sangre, trincheras y batallas estériles, la energía política de esta juventud pobre se diluyó en esos batallones de sans culotte lanzados a la guerra y a hacer la revolución islámica. La energía religiosa se proyectó frente al exterior y los jóvenes dejaron de ser un problema interno. Se convirtieron en mártires para la revolución en monumentos y grandes paneles decorados en las ciudades. Y se abrió la veda para practicar el terrorismo exterior en nombre del islamismo chiíta.
El régimen se ganó las simpatías de estos jóvenes cuya demografía siguió y sigue expandiéndose, declarando un rigorismo islámico en costumbres y la moralidad. Todas las mujeres debían llevar el atuendo islámico completo por la ley de abril de 1983, justo después de aplastar a la izquierda. Actualmente en los lugares públicos iraníes se exponen los criterios que determinaron la longitud, la forma y el color de la ropa que deben vestir las mujeres. Se las prohibió ser profesoras o estudiar determinadas materias solo reservadas a los hombres y se las advirtió sobre que ocurriría si salían a bailar como antes o iban a la playa.

Los miembros de los komitehs fueron los encargados de perseguir a las mujeres esquivas de la ley. Ellos procedían de las clases populares, ellas de las clases laicas y muchas de ellas intelectuales. Las clases populares son las guardianas de los valores de la revolución de Irán, lo que hace que puedan perseguir a las clases medias y a los que han conservado su posición o poder cultural. Las familias de los mártires en las innumerables batallas contra Irak fueron recompensadas económicamente con numerosas becas, y ningún examen para entrar en universidades, alimentos a bajos precios… todo ello gestionado por fundaciones bajo control del clero.
Como línea de extensión de la revolución en el exterior se creo el partido-milicia Hezbolá en el Líbano chiíta. También muchos musulmanes fueron becados, invitados y patrocinados por el gobierno iraní para extender la revolución islámica en aquel lugar cerca de Israel.
Estos podríamos llamarlos los tres autores y actores principales del pensamiento islámico tan importante en nuestros días para entender como existen universidades en el Islam que han vuelto a enseñar a estos autores y de como se vertebran sus intelectuales, los cuales enseñan que el Corán vértebra toda la vida social, política y jurídica de un país, igual que lo haría también en todos los ámbitos de la vida personal del creyente musulmán. Pero podríamos citar a parte de estos tres pensadores fundamentales del islamismo, otras corrientes y hechos históricos que entraron en contacto con ellos y sirvieron para darles si cabe mayores cotas de extensión en el mundo. Y darnos cuenta que no es simplemente humo lo que aprenden en ciertas cátedras los que luego se vuelven fanáticos de esta causa.
Podríamos hablar de la creación en la India de la tablighi jama’at (tabligh) “sociedad para la propagación de la fe” creada por Ilyas, que fue el movimiento de reislamización más importante del mundo. En un principio creado para hacer volver a la fe a los musulmanes indios “perdidos” dentro de la cultura hindú. Ya que sus discípulos se trasladaban a pie como el Profeta, “una escuela móvil, un convento itinerante y –en palabras del propio Ilyas — un faro de verdad y buen ejemplo en todo momento”, acabó siendo una gran red de enlaces y contactos en todo el globo para captar a nuevos militantes. En un principio para seguir una visión estricta del Islam sin entrar en contacto con la política o el poder. Pero en los años ochenta trasladó su centro de operaciones de la India (Delhi) a Raiwind (Lahore) en Pakistán donde predicaba una visión rigorista y unificadora del Islam. El tabligh en los años setenta fue en ocasiones una avanzadilla para los islamistas que supieron utilizar sus redes y enlaces, y utilizaron a sus antiguos adeptos para sus fines particulares. Esto nos debe mostrar que en la actualidad el islamismo utiliza muchas de las mezquitas en el mundo si quiere, porque ha sembrado sus enseñanzas en muchas partes y de manera basta, como otra red de contactos donde lograr apoyos o simplemente conseguir logística y prosélitos, y que gracias a la extensión de la fe musulmana por el mundo, muchas veces los movimientos islámicos se camuflan en su interior para conseguir pasar desapercibidos. Esto hace que el debate por el control de las mezquitas no sea en absoluto desacertado.
Hemos visto el germen resumido del islamismo moderno, pero falta un actor, el más importante porque es el que se ha tragado todo este bagaje de ideas. El wahabismo.

SEGUNDA PARTE
ARABI SAUDÍ, LA IDEOLOGÍA WAHABITA
(El Islamismo extendiéndose a los demás países árabes)
La curiosidad de la formación religiosa Saudí fue que las llamadas cofradías del Islam fueron prohibidas con dureza desde sus orígenes, aquí los ulemas tuvieron completo monopolio de la religión y su discurso fue el único admitido también para los valores esenciales de la vida social y política . Místicos e intelectuales laicos también fueron prohibidos, y fue así porque la monarquía saudí se fundamentó en una alianza desde 1745 con el reformador puritano Muhamad Ibu Abd al Wahhab (1703–1792) creador de la doctrina wahabita basada en una crítica a ultranza de las supersticiones que habían adulterado el Islam original, siendo también un movimiento netamente puritano y celosamente construido sobre un montón de normas y un control completo de la vida de la mujer, esta forma de ver el Islam tuvo además un segundo resurgimiento en el siglo XX, cuando casi estuvo a punto de ser prohibida por ulemas eruditos de Egipto, por considerarla un teoría desfasada. Esta doctrina del islamismo sunita se mezcló con las ideas de Qoth o Mawdudi; con ellos comparte puntos doctrinales básicos como volver a los fundamentos del Islam, y aplica rigurosamente todas las prohibiciones en los ámbitos jurídicos, moral, privado y social, esta ideología es sobre todo conservadora, y acabará siendo reivindicada para asombro de muchos, por grupos sociales tanto revolucionarios como conservadores del Islam, gracias al dinero del petróleo.
Fue en Arabia Saudí donde muchos Hermanos Musulmanes se refugiaron de la persecución de Naser en los 50. Proporcionaron al país que empezaba a recibir grandes cantidades de petro-dólares unas capas de dirigentes e intelectuales mejor formados que la mayoría de los saudís de la época. Imaginemos un país atrasado aun poblado por tribus que necesita gente que sepa enseñar el Corán. Los Hermanos Musulmanes desempeñaron un papel influyente en la Universidad de Medina (acabada en 1961) con alumnos de todo el mundo, los Hermanos propagaron su ideología a todo el mundo musulmán. Amasando fortunas al amparo del petróleo que se revirtieron a la muerte de Naser en Egipto y que crearon un sector bancario islámico que financió el movimiento con mayor fuerza. Los ulemas wahabitas y los intelectuales Hermanos crearon una corriente de pensamiento que preconizaba la estricta aplicación de la ley islámica, la shari’a, en todos los ámbitos de la vida, no existía interés social alguno y mucho menos era revolucionaria, simple y llanamente hablaba de la obedecer punto por punto los preceptos al Wahhab en el ámbito social y de Qoth en el ámbito político. La jahiliyya preconizada por Qoth contra todos los estados árabes, se consideró en estos medios una exageración imputada a las torturas sufridas por los Hermanos en las prisiones de Naser, pero su obra era muy apreciada, y se editó y comentó por su hermano, Mohamed Qoth que vivió en Arabia Saudí. Siendo después puesta en valor por muchos jóvenes musulmanes como sería el caso de Ben Laden.

Dentro de la política de bloques de la guerra fría se decidió por los Estados Unidos (si él también fue culpable) y sus aliados árabes como la monarquía saudí, agrandar, aupar y financiar a esta corriente conservadora que tenía como principales enemigos a países socialistas seguidores de Naser y aliados de los soviéticos. Todos los jóvenes barbudos de la época en muchos lugares fueron alentados a integrarse en esta corriente. La historia nos volvería a demostrar después que ocurre cuando se juega a contrastar ideologías con venenos más fuertes por parte de occidente. La monarquía saudí estaba segura de controlar el experimento y creó en 1962 en La Meca La Liga Islámica Mundial. Organización no gubernamental financiada por los saudís para wahabizar el Islam a escala mundial y contrarrestar el nacionalismo socialista de Naser. El funcionamiento es sencillo; misioneros religiosos reciben donaciones de obras wahabitas, o fondos destinados a la construcción de mezquitas y a subvencionar asociaciones islámicas. Una vez decidido el beneficiario por la organización, viaja a Arabia y se le proporciona la recomendación de un generoso donante privado, miembro de la gran familia real, príncipe o simple hombre de negocios. La liga está dirigida por altos miembros religiosos saudís, Árabes procedentes o cercanos a los Hermanos Musulmanes, y ulemas de Pakistán cercanos a la escuela deobandi o al partido fundado por Mawdudi. Hay que recalcar que aunque el dinero de las petromonarquías sea vital para los ulemas estos tienen un poder religioso que ha hecho torcer el brazo en varias ocasiones a los príncipes. Los ulemas tienen una policía religiosa (mutawi’a) que está constituida en comités para el Gobierno del Bien y la Persecución del Mal que ejercen una considerable presión sobre la expresión pública de la fe en el país. Obligando a rezar, prohibiendo la mezcla de sexos, los instrumentos musicales o la representación humana… el wahabismo construyó sobre un gran número de prohibiciones relacionadas con la sensualidad, el arte, la cultura o la estética un mundo cerrado, donde la mujeres son con diferencia las más castigadas.

Lo que nadie esperaba, es que esta idea tan puritana del Islam se convirtiera en tan poco tiempo en la idea generalizada que debía observarse por mayor número de musulmanes en todo el mundo, y sobre todo que sus ideas antidemocráticas, antioccidentales y misóginas se extendieran a la velocidad que lo han hecho y a lo largo de toda África y Oriente. Los petrodolares ayudaron a esta extensión por el mundo musulmán que financió y pago, mezquitas y escuelas basadas en la idea wahabita del Islam, pero el sumo de esta extensión es que Europa dejase que la ideología wahabita fuese la corriente que vertebrase sus comunidades musulmanas en los barrios de inmigrantes árabes. A esto contribuyó todo el espectro político europeo. Por un lado el centro-derecha que capitaneado por grandes empresas quiso participar en el festín de negocios y beneficios del Golfo Pérsico, donde jeques y monarquías realizaban sus obras faraónicas. Las empresas constructoras y empresas de ferrocarril de alta velocidad, petroquímicas y petroleras conseguían cerrar inmensos acuerdos millonarios con los jeques o invitarlos a cacerías de lujo con elefantes o con gacelas acompañados de políticos y hombres de negocios, a cambio se hacía la vista gorda por el envío y de cientos de ulemas y construcción de mezquitas de tendencia wahabita. Tal vez ni siquiera se diera cuenta nuestro modelo de Hombre Productor Consumidor de lo que ocurría, ya que la idea de religión estaba subordinada a la obtención del máximo beneficio, y no presto atención excepto en pensar que era mejor tener contento a tan acaudalados clientes. Una vez asentados y cuando surgieron las primeras críticas, fue la izquierda y toda la progresía política la que en aras del multiculturalismo y la alianza pacífica de las civilizaciones, pidió no molestar al mundo musulmán, se sumaba el hecho que toda ella en bloque estuviera en frente de Israel, haciendo de todo árabe una especie de aliado de un pueblo palestino fetiche. Esto continua cuando se discuten medidas para controlar a las poblaciones musulmanas en aras de mayor seguridad contraterrorista, arguyendo que no somos los indicados para escuchar lo que se dice en las mezquitas. Derecha e izquierda, el 100% del espectro político, se convirtieron en cómplices de la extensión puritana, atrasada, antihumanista y profundamente antidemocrática del wahabismo entre las segundas generaciones árabes que viven en Europa, y que aun educándose en nuestro sistema educativo asimilan mejor lo que el ulema iluminado wahabita les dice de como tratar y vestir a su novia y como ir a hace la yihad en aquellos países donde se quiere implantar el verdadero califato del Islam. Por eso Europa es una exportadora de terroristas jóvenes, no porque necesiten un trabajo de mercenarios y pasen hambre, sino porque sus cerebros ya han sido lavados en la mezquita y creen lo que el ulema les ha dicho sobre lo que es ser un buen musulmán, y la felicidad que se obtiene con ello. Al final las ideas son siempre más peligrosas que las condiciones en que vive la gente.

En esta gran estrategia de extensión del islamismo wahabita por todo el Islam, el islamismo chiíta parece haber perdido la partida de conseguir el equilibrio. Arabia Saudí e Irán que llevan a las claras una guerra fría en el Golfo y Oriente Medio, ya no son dos actores manteniendo un equilibrio. Los chiítas de Hezbolá e Irán condenaron el atentado con la revista CHarlie Hebdo de una manera clara, porque son conscientes que si pierden Irak y Siria con sus correspondientes zonas de poder chiíta, estarán a un paso de caer bajo la cimitarra sunita del futuro califato wahabita que persigue la expansión de esta ideología sunita. O es que no recuerdan los ayatolas chiítas que tienen sentenciado a muerte a Sir Salman Rushdie por cuestiones más benignas que las caricaturas de la revista francesa.
Lo curioso del wahabismo es que en vez de verse por muchos como una idea ultramontana y puritana (pensemos que es como si el cristianismo en vez de basarse en los concilios cada vez más aperturistas de la iglesia, se basase en las ideas retrogradas de la inquisición del siglo XV y XVI, y Torquemada fuese el pensador elegido para encontrar un foco por donde alumbrarnos) en vez de ver el wahabismo como algo que por ejemplo hace sufrir sin ninguna piedad a las mujeres con cientos de prohibiciones, como conducir un coche, mostrar un trozo de piel, o ser maestras, en cambio parece encontrar adeptos casi similares en otras partes del mundo.
En ese sentido es curioso como en la India que se independizó de Gran Bretaña, los musulmanes, al verse superados en número, para no perder su pureza fundaron el movimiento de reafirmación islámica “deobandi” creado en la ciudad de Deoband en 1867. El objetivo era formar ulemas capaces de emitir fatwas (opiniones jurídicas autorizadas) en todos los aspectos de la vida cotidiana, con el fin de saber si su carácter está de acuerdo con las prescripciones del Islam. Todo el proceso se interpreta de una forma rigorista, puritana y conservadora, muy próxima a la corriente wahabita de Arabia que hemos visto. Gracias a la prescripción de este conjunto de reglas precisas los musulmanes podían seguir viviendo en una sociedad no islámica sin mancharse con el pecado. Establecidas estas madrasas en el noroeste de la India y lo que hoy es Pakistán, produjeron en poco más de un siglo un número de fatwas estimado en varios centenares de miles. Hoy en el siglo XXI, una madrasa importante tiene su centro de fatwas, donde los ulemas sentados en el suelo, con su biblioteca islámica cerca, durante todo el día escriben fatwas en respuesta a preguntas sobre el carácter licito de una acción determinada que se les pregunta de viva voz, por carta, teléfono o Internet. Cuando se creó Pakistán todo este gran conjunto de madrasas y ulemas pudo negociar sin problemas con el nuevo estado. Pidieron recursos elevados, pensionados para sus alumnos, empleos para estos en el estado aunque únicamente supieran de textos sagrados del Islam enseñados a la manera más clásica. Presionaron para islamizar las leyes, administración, el sistema bancario y para que sus alumnos asumieran puestos de poder en el estado. Crearon partidos de ulemas — algo desconocido para el propio Islam — JUI (Asociación de los ulemas del Islam), y la JUP (Asociación de Ulemas de Pakistán) que junto al partido la jama’at-i islami de Mawdudi pedían la islamización completa del estado, la sociedad y el país en todos sus ámbitos. Su ideología sin haberse puesto de acuerdo se parece tanto al wahabismo que ambos movimientos mantienen buenas relaciones. La premio nobel de la paz Malala ha clamado en más de una ocasión contra las aristas más extremas de este movimiento islamista puritano en Pakistán y Afganistán del que son famosos defensores la rama de los talibanes, otros creyentes que en nombre del profeta creen que el color negro es el que debe imperar en toda casa, barrio y horizonte de una comunidad.

Podríamos seguir hablando sobre la extensión de wahabismo, como incluso sociedades como la Turca están desde el poder, tomando parte de sus dogmas o maneras de llevar a la práctica un islamismo cada vez más combativo con la libertad o con la mujer, y buscando un rechazo a lo occidental, o como las paralelas concepciones puritanas y ansias mesiánicas de construir el califato islámico perfecto en la tierra nos provocará en el futuro un enfrentamiento militar de dimensiones más que colosales con nosotros o Israel. Pero los errores ya se han cometido. De hecho Europa lo tiene dentro y no sabe como sacárselo, dentro de dos generaciones o tal vez de una como dice Ilya U. Topper en sus magníficos artículos, no habrá musulmanes en occidente que no piensen como wahabitas, será entonces cuando se provoquen los peores temores: ¿podemos expulsar ahora a todos los ulemas wahabitas? (muchos no quieren por no querer parecer racistas) ¿podemos cerrar las mezquitas más activas en estos dogamas? ( sería peor remedio ya que son muchas) ¿entonces que nos queda? Resistir los futuros atentados que vendrán como el de París y ver como los partidos patriotas de ultraderecha crecen en Europa y deciden ocupar ellos la solución del problema bajo la complicidad del resto. También, y esto no lo comparto, como dice un amigo mío que trabaja en los servicios de seguridad del estado, podemos dejar que las cloacas del estado de vez en cuando hagan desaparecer a algún ulema inconveniente (es un defensor de Guantánamo) o comprarnos un protector de piel que nos proteja contra el viento radioactivo cuando este venga del este, una vez Israel decida poner fin al problema el día de Armagedon.