Yo los vi

Socorristas en Ejido San Gregorio Atlapulco, Xochimilco, 19 de Septiembre, 2017. Foto: Mauricio Monterrubio

Los vi caminar por kilómetros que se
extendían, inagotables, hacia colonias
aledañas, ofreciendo ayuda.

Los vi preguntar, tantear, asegurarse
que sus cercanos estaban bien.

Los vi entre el olor a gas,
bajo el viento empolvado,
ofreciéndome asientos, papas hervidas,
sándwiches, tapabocas y agua.

Los vi correr, cargar, formarse;
los vi repetirlo durante horas,
hasta la fatiga, en la madrugada sin luz.

Los vi pasar, brazo a brazo, víveres,
medicamentos, herramientas y vigas;
los vi organizarlos para ser distribuidos
a los albergues y centros de acopio.

Los vi pasar, brazo a brazo, almuerzos
improvisados en cocinas improvisadas,
tanto para afectados como voluntarios.

Vi a escuelas y negocios abrir sus puertas
para convertirse en albergues, centros de acopio
y distribución; o simplemente para ofrecer
un vaso de café, una galleta, una palmada
en la espalda hinchada, sonriendo.

Vi a ciclistas y motociclistas formar brigadas
para transportar a paramédicos más rápido
entre los resquicios de la ciudad derruida.

Y los vi pasar los escombros de este ingrato
terremoto — roca por roca, mano por mano — ;
sus residuos, cubetas llenas de más rocas
y más residuos, tuberías de gas colapsadas;
los vi hacerlo sin guantes, las ásperas manos
cortadas llenas de cal, cemento y pintura,
al igual que sus caras y su ropa.

Los vi en cadenas humanas de jóvenes,
adultos y ancianos — mujeres y hombres
de todos los colores, tamaños y edades — ;
cadenas humanas que parecían infinitas,
como la esperanza de ver salir un sobreviviente.

Yo los vi.

Era México. Eras tú.