El diseño de espíritus

Transición de apegos que matan a apegos que salvan

Es claro que los humanos tienen la capacidad de reconfigurar el ambiente global de maneras que no comprenden y que estos cambios antropogénicos están en marcha hace tiempo. (Jamieson, 2008) La drástica reconfiguración de la naturaleza a manos de homo sapiens ha llevado a varios expertos a proponer un nuevo término cronológico que defina una época geológica en la que las actividades humanas empezaron a tener un impacto significativo en los ecosistemas terrestres. En esta época: El Antropoceno, los humanos modernos tendrán que asumir las consecuencias de su impacto en la naturaleza y generar estrategias para enfrentar el calentamiento global, el cambio climático, la extinción masiva de especies y la contaminación ambiental, entre otros. Es necesario el reconocimiento de que la humanidad está entrando a un nuevo periodo de habitación global: la era del des-asentamiento. (Fry, 2011)

Todo el potencial humano debe ser movilizado para generar los procesos de cambio necesarios para enfrentar esta época de inestabilidad que se avecina, incluyendo al diseño en este proceso de transición. Sin embargo, la disciplina entendida como una prestadora de servicios que sirve puramente a los intereses del capital y que ofrece respuestas en la forma de tecnologías, debe dar paso a un hacer más amplio que se moviliza a servir el establecimiento y preservación de una relación harmoniosa entre los humanos y la naturaleza. Mau (2010) resume esta intención en la pregunta: ¿Necesitamos grandes cambios a través del diseño o un gran cambio al diseño?

Las aproximaciones tecnológicas a los problemas son bien recibidas por que prometen solucionar los problemas ambientales sin cambiar los valores, modos de vida y sistemas económicos humanos. (Jamieson, 2008) Sin embargo, esta posición tecno-utopianista del ‘capitalismo verde’ que busca solamente reducir de manera instrumental los impactos de las tecnologías usadas, mientras se siguen haciendo negocios normalmente, falla al desconocer los impactos negativos de un mercado en constante expansión. (Fry, 2011)

Esta visión en la que los problemas del Antropoceno pueden ser solucionados con tecnología, surge de la aplicación de la ‘lógica del capital’ para dirigir el futuro del planeta y la inhabilidad para reconocer que la humanidad no puede vivir ‘post-ecológicamente’. Adicionalmente, este fenómeno condiciona la habilidad humana para identificar problemas y producir soluciones reales a los retos propios de una era de des-asentamiento. (Fry, 2009/2011/2012) El propósito de este texto es entonces plantear la visión occidental del mundo como un obstáculo para la definición de una nueva práctica del diseño y explorar al diseño insertado en una visión animista del mundo como una fuerza transformadora para la creación de un futuro de habitación humana en armonía con la naturaleza.

La visión occidental del mundo, un apego que mata.

Fry (2011) plantea que los humanos no nacen ‘insostenibles’, sino que son ‘hechos’ insostenibles por las estructuras, valores, tradiciones y conocimiento en los que son puestos mientras aprenden a ser-en-el-mundo. En el caso de la sociedad contemporánea, es la visión occidental del mundo la que ha estimulado y establecido la insostenibilidad humana, a través de un proceso que parece lento desde una perspectiva histórica, pero que visto desde una perspectiva geológica ha causado una devastación prácticamente instantánea.

La característica más representativa (y más nociva) de esta visión occidental, es la creencia de que los seres humanos son excepcionales dentro de la naturaleza, únicos y superiores frente al resto de la vida. La búsqueda de una característica específica que separe a la humanidad del resto de la naturaleza ha sido una obsesión de los occidentales; las filosofías seculares se han enfocado en la capacidad de razonar, la ciencia plantea la capacidad de uso de lenguaje complejo, mientras que el Cristianismo apunta a la posesión de un alma eterna. Fue esta posición de superioridad, la base sobre la que la cultura capitalista, industrial y de consumo se estableció como el epitome del progreso humano. (Peterson, 2001)

El proceso histórico por el cual se estableció esta visión como la ‘verdad’ escapa los límites del texto, así que solo se esbozará su construcción del concepto ‘naturaleza’: Las religiones Abrahamicas plantean al hombre como superior y a la naturaleza como una serie de recursos a su servicio; Platón establece el concepto de las ideas como imágenes inmanentes fuera de alcance, afirmando que el mundo percibido es poblado por copias defectuosas de ellas; Aristóteles plantea la ‘gran cadena del ser’, un sistema clasificatorio que divide y jerarquiza a la naturaleza de acuerdo a su cercanía con la perfección divina, usado siglos después por la Iglesia para dictaminar aquello más cercano al dios Cristiano; Finalmente, el proyecto de la Ilustración establece a la naturaleza como un mecanismo, un espacio autónomo para estudiar y experimentar, un objeto para explotar que puede ser mejorado. (Abram, 1997/2010) (Descola, 2013) (Peterson, 2001) (Restall, 2012) A través del colonialismo y la globalización, esta visión del mundo en donde los seres humanos son superiores a la naturaleza se ha vuelto hegemónica, conformándose en un marco conceptual opresivo en el que la diferencia se carga de valor y lleva a designar ciertas cosas como inferiores (naturaleza, animal, cuerpo, mujer, negro, indígena) justificando de esta manera su subordinación. La manera como la visión occidental del mundo ha construido el concepto de naturaleza, confirma que existe una incapacidad estructural para establecer una relación de armonía con ella y demuestra que reparar unas pocas fallas en el sistema no es la solución. (Peterson, 2001)

Dentro de esta visión emerge la posición tecnocrática en la que el diseño como productor de tecnologías puede solucionar los retos ambientales futuros. Sin embargo, enfrentar el Antropoceno requiere cambios estructurales en el sistema; no es un asunto de asemejar sistemas industriales a los naturales, promover la felicidad humana o tener en cuenta a ‘stakeholders naturales’. Para garantizar el futuro de nuestra especie en el planeta, se debe encontrar una solución a la causa fundamental de donde los problemas emergen: La relación de la humanidad con la naturaleza.

Para trascender la visión occidental del mundo y transformar la relación de la humanidad con la naturaleza, se requiere nada menos que un proceso de reconfiguración/redefinición ontológica de la humanidad. (Fry, 2012) (Descola, 2013) Lo ‘humano’ es una construcción epistemológica, una invención producto del conocimiento que la humanidad misma ha creado al asignarse atributos (Fry, 2011) y como tal puede ser redefinida. El presente texto pretende plantear al animismo como el espacio en el que la humanidad se reconfigura ontológicamente. Para esto, se hace necesario hacer unas claridades previas:

  1. Es problemático plantear una distinción clara entre lo ‘natural’ y lo ‘artificial’, vivimos en una tecnosfera integrada con lo natural que en ningún momento es neutral. (Fry, 2011/2012) Para Boradkar (2010) las personas y las cosas se configuran entre ellas, mientras que Fry (2009) afirma que nunca somos solo usuarios, también somos usados por nuestras herramientas.
  2. El concepto de naturaleza como recurso, reserva, mecánica, inferior y hostil, ha sido construido por la humanidad y fue el cimiento de la modernidad. (Descola, 2013) La ciencia ha sido instrumental en esta construcción, usando herramientas especializadas (diseñadas y fabricadas por humanos) en experimentos estructurados, midiendo brevemente para traducir sensaciones a ‘hechos’, manufacturando espacios teóricos que son interpretados por los Modernos como más verdaderos que la naturaleza percibida. (Abram, 2010) Los Modernos no creen en la diferencia entre construcción y realidad, entienden los ‘hechos/datos’ (La palabra anglosajona ‘fact’.) que construyen como reales y en consecuencia denuncian las realidades de los Otros como creencias ingenuas, como fetiches. (Latour, 2010)
  3. La ciencia no ha podido explicar el fenómeno de la consciencia plenamente ya que no hay manera de tomar distancia de ella. (Abram, 2010) (Restall-Orr, 2012) Ante esta dificultad, hay científicos que proponen establecer a la consciencia como una constante universal. (Chalmers, 2014)

Latour (2010) argumenta que podemos elegir entre dos repertorios; en el primero, se elige entre construcción y verdad, mientras que en el segundo, construcción y realidad son sinónimos. En este texto se elegirá el segundo repertorio para emprender un camino de exploración para la construcción de una ‘realidad’ en la que los humanos alcancen armonía con la naturaleza. Se ha expuesto a la visión occidental del mundo como un apego que defutura (nos quita futuro) y mata, a continuación se propondrá la visión animista del mundo como un apego que puede salvar.

Animismo, un apego que puede salvar

El animismo es usualmente descrito como un sistema de creencias en el que animales, plantas y objetos poseen una esencia espiritual. Esta visión del mundo fue desestimada por la visión Occidental describiéndola como el fruto de la ignorancia de pueblos primitivos supersticiosos o como un simple juego de palabras en el que se usaban metáforas para describir una dimensión imaginaria.

Para iniciar la exploración del animismo, se usarán los cuatro tipos de ontologías descritos por Descola (2013):

“Enfrentado con otra entidad, humana o no humana, puedo asumir que: Posee elementos de fisicalidad e interioridad idénticos a los míos; que tanto su interioridad como fisicalidad son diferentes a las mías; que tenemos interioridades similares y diferentes fisicalidades; o…que nuestras interioridades son diferentes y nuestra fisicalidad es análoga. Llamaré a la primera combinación ‘totemismo’, la segunda ‘analogismo’, la tercera ‘animismo’ y la cuarta ‘naturalismo’.” (Descola, 2013, 2833)

La ontología moderna puede ser denominada como naturalismo, la continuidad de la fisicalidad de las entidades del mundo y la discontinuidad de sus respectivas interioridades. Este es el discurso de la ciencia; la materia lo determina todo, mientras que la capacidad para razonar o usar lenguaje efectivamente separa a humanos de primates o plantas. En el animismo, los humanos atribuyen a no-humanos una interioridad idéntica a la propia, que les permite comportarse conforme a las normas sociales y preceptos éticos humanos, estableciendo relaciones con humanos y entre no-humanos.

Los animales se diferencian de los humanos solo en su apariencia y usualmente son referidos como ‘personas disfrazadas’, esto les confiere una conciencia reflexiva, una intencionalidad, una vida afectiva, el respeto por principios éticos, e incluso se les otorga el concepto de comunidad con rasgos culturales propios. (Talentos, idiomas, defectos…etc.) (Peterson, 2001) En el animismo, las relaciones entre sujetos y comunidades (humanas y no-humanas) se ajustan a normas que se supone son compartidas por todos y llevan al intercambio de signos, en los que sujetos indican en sus interacciones que se entienden mutuamente. El animismo efectivamente extiende el concepto de ‘cultura’ a no-humanos y establece la humanidad como una condición de todas las entidades del mundo, ¡todo es humano hasta cierto grado! En la visión animista no hay naturaleza; a diferencia de Occidente, no hay una cultura que se opone a una naturaleza. La naturaleza es un sujeto en una relación social, en ese sentido, no puede existir una apropiación y transformación de recursos naturales, la subsistencia es solo una forma de articularse con otros elementos humanizados en la biosfera. (Descola, 2013)

El espíritu no es externo a las entidades, las cosas no son simples ‘almacenes’ de espíritu, se les otorga la característica de ‘vivas’ porque en la interacción perceptual que se entabla con ellas se detecta poder y esto lleva a entablar con ellas otro nivel de relación. (Clodd, 1905) El concepto de ‘espíritu’ en esta visión del mundo puede ser entendido como la denominación de aquellos modos de inteligencia/consciencia que no poseen una forma humana (Abram, 1997) o como aquella cualidad que anima, acelera, vivifica o vitaliza. (Restall-Orr, 2012) En el animismo, el paisaje habla, la naturaleza es mentalizada y esta ‘mente’ puede ser visualizada como una capa ubicua e invisible del planeta; los ancestros animistas debían hablar el idioma del paisaje, entender las reglas de la ‘cultura’ ecosistémica local, y relacionarse con respeto con la multiplicidad de sujetos que lo habitaban, esto era crítico para su supervivencia. (Abram, 2010) Entendiendo el mundo de esta manera, no puede haber una distinción clara entre sujeto y objeto (Clodd, 1905), incluso algunas comunidades ancestrales usan términos de parentesco para referirse a animales, elementos del paisaje (montañas) y artefactos (tapetes tejidos). (Peterson, 2001) Pero más allá de la comprensión de los elementos del paisaje como sujetos, el animismo se enfoca en las interacciones; siempre se está en relación a algo, hay una preeminencia de las relaciones sobre los términos. (Descola, 2013) (Restall-Orr, 2012)

Una de las principales características del animismo, es la habilidad de someterse a procesos de metamorfosis. En una ontología en la que todos los elementos del entorno poseen una interioridad idéntica, estos pueden cambiar de forma, meterse en la piel del otro. La metamorfosis también puede ser entendida como una manera de relacionarse, en la que un actor modifica la perspectiva impuesta por su fisicalidad original y se esfuerza por coincidir con la perspectiva con la que imagina que otro actor ve el mundo. (Descola, 2013)

La ontología animista habla de un mundo que es mentalizado y creativo, poblado por interacciones entre sujetos que comparten una misma interioridad y que conforman relaciones significativas. Esta breve reseña de la visión animista ancestral es el punto de partida para la construcción de una realidad distinta al naturalismo/materialismo instrumental en el que la humanidad se ha insertado. Vale la pena aclarar que no se trata de un ejercicio de nostalgia para regresar a una ‘época dorada’ de habitación humana, la intención aquí es construir poco a poco ésta ‘realidad’ como una plataforma que permite una transición al futuro desde el hoy. Como parte de este proceso de transición a continuación se especulará como podría manifestarse la práctica del diseño dentro de este escenario.

La práctica de diseñar espíritus

Parte esencial del repertorio del diseño es la especulación, un ejercicio que no se limita en lenguaje o conocimiento para imaginar posibles soluciones. La conclusión de este texto es un ejercicio especulativo en el que se explora al diseño inserto en la visión animista del mundo. En la actual época de crisis, todos y todas quienes diseñan deben movilizar sus capacidades para enfrentar los retos propios del Antropoceno.

Se partirá de la comprensión del diseño como el acto de moverse deliberadamente de una situación existente a una preferible. (Fuad-Luke, 2009) La situación preferible a la que la humanidad debe moverse es el establecimiento de una época en la que se alcanza armonía con la naturaleza. Para este propósito, el diseño debe distanciarse de su concepción como un prestador de servicios para los fines del capital, cuestionar la ética que subyace aquello que es creado, y finalmente alterar las narrativas actuales, rompiendo con el presente a través de contra-narrativas. (Fuad-Luke, 2009)

Algunas de las narrativas a romper en el diseño son: El uso de la imagen de la ciencia/tecnología para que los productos parezcan adelantados a su propio tiempo, promoviendo una visión del futuro libre de incomodidades y ansiedad. (Forty, 1986) El diseño como una herramienta productora de felicidad humana (al servicio del sistema de deseos[1]) y el instrumentalismo, que reduce las cosas a ‘pura utilidad’. (Fry, 2011)

La definición más cercana que existe para un diseño insertado en una visión animista del mundo, es la del diseño como el reconocimiento del mundo vivo a través del hacer cosas y la comunicación. (Hara, 2007) Sin embargo, más que una definición específica, se busca en este texto referenciar algunas características propias del diseño en el animismo, que se describen a continuación.

El diseñador de espíritus: Comprende la imposibilidad del crecimiento perpetuo de la economía, niega el uso instrumental de lo simbólico al servicio del capital y marca una línea clara entre necesidad y deseo; Actúa de manera crítica ante las instituciones (Es político) por ende, se preocupa por diseñar maneras diferentes de relacionar y organizar sujetos, maneras de participar y tomar decisiones, modos de intercambio…etc.; Reconoce que la naturaleza es sabia y busca activamente su consejo (Biomímesis[2]); Asume un rol ‘chamánico’ al mantener cuentas claras de la energía que esta transformando, ‘administrando’ su ecosistema; Diseña desde la percepción sensorial, entendiendo al cuerpo como abierto e indeterminado, participando activamente de los fenómenos de la naturaleza, co-creando la realidad con la multiplicidad de sujetos que pueblan el mundo; (Abram, 1997) Comprende que las relaciones son previas a aquello relacionado, que todo siempre está en relación y que todo sujeto es un momento en esta red; (Peterson, 2001) Entiende que la ‘esencia’ de lo humano es la ausencia, el humano es incompleto y por esto requiere inventarse constantemente, la ausencia de garras o pelaje crea la necesidad del diseño; Comprende que las cosas tienen agencia, él es de los objetos; Finalmente, se aproxima a la artesanía/oficio entendiéndola como ‘el cuidado como práctica’, hacer mejor en vez de más, la recuperación del placer en el hacer y el reconocimiento de la construcción del ser en el acto de hacer. (Fry, 2011)

El diseño de espíritus es una manifestación de la creatividad que satura a la naturaleza, las creaciones no son del diseñador, son del mundo, de todos los sujetos. La interioridad del creador y lo creado son similares, no hay distinción entre sujetos y objetos, en ese sentido no hay producción, solo existen metamorfosis. (Las creaciones no son ontológicamente disociadas del material del que provienen) Aquí no hay un agente individualizado que proyecta su interioridad sobre materia indeterminada para darle forma trayendo a existencia una entidad de la que él es responsable y que puede apropiar para su propio uso e intercambio. (Descola, 2013)

Es también un diseño participativo, pero más allá de hacerse multidisciplinariamente con expertos, se articula con personas activamente involucradas con la creación de contra-narrativas. Se preocupa por crear comunidad alrededor de la ‘fe/creencia’ en el animismo, comprendiendo que la única manera de legitimar esta ‘verdad’ es articulándose con otros que la crean/hagan verdad. Finalmente, es un diseño aptico y gestual; se preocupa por el tacto, por recuperar la complejidad de los gestos y movimientos humanos. Comprende que: (1) la perdida de habilidad en el hacer enfocado en la mano se sobrepone al concepto del ‘fin del hombre’ (Fry, 2012) y (2) que la mano humana es indispensable para crear la realidad, siendo las imágenes creadas por el hombre las más cercanas a la verdad. (Latour, 2010)

La práctica del diseño insertada en una visión animista del mundo puede, a través de su hacer, generar espacios en los que se proponen nuevas maneras de ser-en-el-mundo, para transformar la relación de los Modernos con la naturaleza. El objetivo del diseño en el Antropoceno, en esta nueva época de des-asentamiento, es hacer transición hacia el establecimiento de una relación de armonía entre los sujetos del mundo (humanos y no-humanos) a través de la redefinición de la ontología humana y el diseño/creación de un mundo ‘ecocéntrico’ a través de una práctica de metamorfosis que cristaliza espíritus.

[1] Ver Baudrillard (2001/2006)

[2] Ver Benyus (2002)

Bibliografía

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Abram, D. (2010). Becoming Animal. Nueva York: Vintage.

Baudrillard, J. (2001). Selected Writings. M. Poster (Ed.). Londres: Polity Press.

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Boradkar, P. (2010). Designing Things — A Critical Introduction to the Culture of Objects. Londres: Bloomsbury Academic.

Chalmers, D. (2014, Agosto 1). TED. Tomado de TED:

http://www.ted.com/talks/david_chalmers_how_do_you_explain_consciousness

Clodd, E. (1905). Animism: The Seed of Religion. Londres: Archibald Constable & Co. Ltd.

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Jamieson, D. (2008). Ethics and The Environment: An Introduction. Nueva York: Cambridge University Press.

Latour, B. (2010). On The Modern Cult of The Factish Gods. Durham: Duke University Press.

Merleau-Ponty, M. (1992). Phenomenology of Perception. Trans. C. Smith. New Jersey.

Mau, B. (2010). Design Ecologies — Essays on The Nature Of Design. L. Tilder & B. Blonstein (Ed.). Nueva York: Princeton Architectural Press.

Peterson, A. (2001). Being Human: Ethics, Environment, and Our Place In The World. Londres. University Of California Press.

Restall, E. (2012). The Wakeful World: Animism, Mind and The Self In Nature. Londres: John Hunt Publishing.

Shaw, D. B. (2008). Technoculture — The Key Concepts. Londres: Bloomsbury Academic.

Wilson, F. R. (2010). The Hand: How Its Use Shapes the Brain, Language, and Human Culture. Nueva York: Vintage.

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