Algunas notas sobre discapacidad: una perspectiva católica y personal

Siempre busqué información acerca de la posición política (sobre todo, feminista) y la de la Iglesia con respecto a las personas discapacitadas. No para compararlas, una de ellas es una ideología, y la otra es un desarrollo de la Doctrina Social de la Iglesia. La mayoría de los pensamientos o ideologías, ignoran a las personas discapacitadas, porque trabajan de acuerdo a mundos perfectos, en los cuales el mayor inconveniente se trata de números o materiales: economía pura y simple, sin tener en cuenta el factor humano y la unicidad de cada ser creado por Dios.

Ha sido una dificultad personal, como alguien interesada en las humanidades. La mayoría de los discursos que tuve la posibilidad de leer son muy decepcionantes: por no existir, o por ser una excusa para apoyar políticas de control de población. Y cuando lo hacen bien, no es algo de lo que se hable a menudo.

De un lado, las feministas se enfrentaron al tema mucho después, quizá a mediados de los años noventa, es lo más lejos que un poco de búsqueda en Google me llevó. Busco libros académicos, más allá de declaraciones aisladas.

Si bien es cierto que la Iglesia tiene un montón de organizaciones de caridad y que incluso la persona que perfeccionó el sistema de lectura para las personas no videntes era Católica (hablo de Braille)… quería reflexionar un poco acerca de la teoría.

Cuando se trata de la Iglesia Católica, parece no haber una encíclica específica acerca del tema, pero claro que hay mención de la dignidad de la persona discapacitada, en su oposición al aborto, la eutanasia y la eugenesia. Es realmente difícil buscar cualquier mención específica y diferente en torno a las personas discapacitadas. Este es un primer paso muy importante, y será mencionado luego en el artículo. Pero, ¿qué hay acerca de la socialización, la realidad diaria de la gente discapacitada y lo que tienen para aportar a la sociedad, desde algo superior a la consideración de la riqueza material?

En 1981, cuando la Organización de las Naciones Unidas se encargaba de una agenda más humanitaria -no la presente, que es liberal y autodestructiva-, se declaró el “Año Internacional de las Personas Discapacitadas”. En contraste con el cómodo lenguaje de hoy acerca de “capacidades diferentes”, como si cada uno de nosotros no tuviera habilidades en distintos grados (me hace pensar en superpoderes), o el duro lenguaje de otros tiempos, que las hacía víctimas del miedo y rechazo de otros… yo buscaba una posición más equilibrada.

Con respecto al lenguaje, fui corregida por WordPress (plataforma donde publiqué el artículo original, en inglés) demasiadas veces mientras escribía esto. Aparentemente, usar el adjetivo discapacitada antes de la palabra “persona” revela un carácter tendencioso. Entonces, ¿soy tendenciosa por hablar de mí misma de esta manera? En primer lugar, no pienso en mí como alguien definida por las cosas que no puedo hacer, como si fueran esenciales. Pero, a veces, no es malo recordar que son una parte de mí. No soy mi discapacidad, y esa es la razón por la cual, en lenguajes donde está permitido, no haré un sustantivo del adjetivo, refiriéndome a mí misma como: “la discapacitada”, pero, claro, ¿qué más puede ser tendencioso? Francamente, me ofende el uso de eufemismos tales como “habilidades diferentes”, “chicos especiales”, los cuales niegan la existencia de las discapacidades e imponen nombres “azucarados”.

Hay demasiadas discapacidades para esperar que los libros las traten todas. Esa no es una excusa válida para ignorar o tratar a la gente como si fuera un problema. Muchos esfuerzos legales han mejorado la vida de muchas personas discapacitadas en el mundo. Claro que las leyes de cupo no serán las que rompan las barreras. No puede ser simplemente una regulación. Se necesitan leyes. No propongo una mirada anarquista, diciendo algo como “¿Por qué molestarse haciendo leyes, si nadie va a obedecerlas?”. Sin embargo, forzar a una compañía, pública o privada, a que tenga por lo menos un porcentaje de gente con ciertas características: las propias de su sexo (en el caso de las mujeres), físicas (en el caso de las personas discapacitadas), étnicas (en el caso de minorías culturales y raciales), no va a hacer que la discriminación desaparezca del mapa. La gente será vista como objetos para rellenar ciertos espacios, para ser políticamente correctos.

En cualquier caso, el lector podría preguntarse qué es lo que está mal con “la diversidad”. Esta palabra está siendo utilizada, utilizada por demás y abusada. Como persona discapacitada, que sabe que la vida no fue, no es, y no será fácil para mí… me sentiría terriblemente insultada si la única razón por la que consigo trabajo es porque el Estado dice que, para asegurarse de que nadie es discriminado, “X” cantidad de gente, que pertenece al grupo “Y”, debería estar ahí. Quiero firmar un contrato (laboral) por mérito de mi habilidad, entrenamiento, creatividad, singularidad para hacer las cosas. No voy a malgastar 6 años de estudios universitarios para conseguir un “premio consuelo” por ser discapacitada.

Pido la abolición de esas leyes, con miras a la verdadera apreciación por la gente, por su potencial y logros. No quiero vivir en un mundo “acogedor” que no me permite conocer y reconocer mis limitaciones, pero hacer algo con las cosas que puedo mejorar, para cambiar.

Y este documento de la Iglesia, titulado Documento de la Santa Sede para el Año Internacional de los Minusválidos (1981), responde a algunas de las cuestiones:

“La orientación fundamental a la hora de plantear los problemas que conciernen a la participación de las personas minoradas en la vida social, debe ser inspirada por los principios de integración, normalización y personalización.
El principio de la integración se opone a la tendencia al aislamiento, a la segregación y a la marginación de la persona minorada; pero va también más allá de una actitud de mera tolerancia respecto a ella. Comporta el empeño a convertir la persona minusválida en un sujeto a título pleno, según sus posibilidades, en el ámbito de la vida familiar lo mismo que en el de la escuela, del trabajo y, en general, en la comunidad social, política, religiosa.
De este principio deriva como consecuencia natural, el de la normalización, que significa y conlleva el esfuerzo orientado a la rehabilitación completa de las personas minusválidas con todos los medios y técnicas de que se dispone hoy día y, donde esto no sea posible, a la consecución de un marco de vida y de actividad que se acerque lo más posible al normal.
Por último, el principio de la personalización pone en claro que, en los cuidados de diverso tipo, así como en las diversas relaciones de orden educativo y social orientadas a eliminar las “minoraciones”, se debe siempre considerar, proteger y promover principalmente la dignidad, el bienestar y el desarrollo integral de la persona minorada, en todas sus dimensiones y facultades físicas, morales y espirituales. Tal principio significa y comporta además la superación de ciertos ambientes caracterizados por el colectivismo y por el anonimato, a los cuales la persona minorada queda a veces relegada.”

El documento prosigue, resaltando la importancia del apoyo de la familia en esos aspectos, que permanece tan actual como siempre lo fue, considerando el lugar irreemplazable de la familia, y la fuerte llamada del utilitarismo en muchas organizaciones internacionales que supuestamente defienden los derechos humanos, pero que intencionalmente olvidan, o eliminan aquellos que se consideran los más débiles y prescindibles. Si el lector oye las palabras del Papa Francisco, notará que este es un tema frecuente en sus homilías y encíclica (Laudato Si)

No es una llamada pasiva, la gente discapacitada está llamada a participar de la vida, a que se les den todas las oportunidades de acuerdo a sus habilidades:

“Evidentemente, la persona minusválida tiene todos los derechos civiles y políticos que competen a los demás ciudadanos y, en línea de máxima, debe ser habilitada para ejercerlos. No obstante, ciertas formas de “minoración” — piénsese en la categoría numéricamente importante de los minusválidos mentales — pueden constituir un obstáculo para el ejercicio responsable de tales derechos. También en estos casos se deberá actuar no de forma arbitraria ni aplicando medidas represivas, sino en base a rigurosos y objetivos criterios ético-jurídicos.”

Las partes siguientes nos recuerdan que debe haber un énfasis en el cuidado y entendimiento de los hombres, más allá de todo conocimiento técnico en el área de salud y ciencias requeridas para trabajar con personas en esas condiciones. Es decir, la caridad debe estar en el centro.

Además, un escrito de 1999, llamado Conclusiones de una Conferencia del Vaticano sobre la Familia y la integración del minusválido (en inglés y en alemán), que busca profundizar nuestro conocimiento acerca de la cuestión, es algo a lo que haré referencia aquí. Este post solo, no pretende reducir la posición de la Iglesia a lo que yo diga, puede haber muchas cosas que yo no sé, escritos particulares de sacerdotes y monjas, o laicos cuyo trabajo con las personas discapacitadas provee nuevas perspectivas.

Mi experiencia personal con la discapacidad me hizo notar algunas de las cosas que menciono, y algunas personas podrán haber tenido mejores o peores experiencias que yo, en estos campos específicos. Una de las cosas que realmente dificulta la comprensión, es que como he dicho antes, la forma en que se vive el tener una discapacidad depende mucho de la experiencia personal. El lado personal de las cosas es particular de cada individuo. Algunos se sienten malditos, otros no. Algunos no tienen suficiente apoyo, otros creen que tienen todo lo que necesitan.

Me gustaría concluir enfatizando el hecho de que estamos hablando de y tratando a individuos. No habrá una solución única, ya que las personalizadas tendrán que tener en cuenta varios factores, para poder ser efectivas. Oír esas voces, que han sido silenciadas en el nombre del progreso y del racionalismo, en una “supervivencia de los más aptos”, de aquellos que alcanzan estándares cuidadosamente seleccionadas definiciones de lo “humano”.

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