Abro la puerta para que pases, te tomo de la mano con cuidado, y camino siempre del lado que me corresponde de la calle. Te mando un mensaje de buenos días y otro de buenas noches, aún sabiendo que quizá ya es tarde para que lo leas.
Pregunto por tu día y quiero saber que tal te sientes, porque me interesa, porque quiero saber de ti. Soy puntual al llegar por ti, porque no quiero que esperes por mi, ni yo quiero esperar más para verte.
Acaricio tu cabello y tu espalda porque sé que te relaja, y acaricio tu pierna y tu mano porque me relaja.
Intentó siempre verme bien y oler bien para ti, porque quiero gustarte siempre. Me desvivo por verte sonreír y que pases un buen rato, que el tiempo pase volando cuando me abraces.
Te observo por horas, porque me encanta ver cada gesto tuyo, y me fascina ver cómo sonríes al darte cuenta que te estuve viendo todo ese tiempo. Verte reír hace que todo el día valga la pena haberlo vivido.
Te compró flores porque me encanta el brillo en tus ojos y tu sorpresa al verlas, tu emoción al ponerlas en agua y tu devoción por conservarlas cuando marchitan.
Te di un par de aretes y una pulsera porque pensé que se verían hermosos en ti, y si, así fue, así es.
Te digo todo el tiempo que te quiero, aunque parezca innecesario y fuera de tema, pero es que uno nunca sabe cuándo será la última vez que se podrá decirlo, o sentirlo. Y yo lo siento, mucho.
Porque uno nunca sabe cuando la vida nos de oportunidad de sentir así de nuevo.
Te escribo a las 12 de la noche, porque me quitas el sueño, pensarte me da insomnio, porque pensar que te me puedes ir por algo que no está en mis manos me mata. No importan los días, ni lo poco que me conoces, es solo que las cosas buenas en la vida se sienten desde que las ves, y yo no he parado de verte, tú eres de esas cosas buenas que le he agradecido al todo, a la nada, a tu dios y a los míos.
Porque es inevitable imaginar que será de mi, contigo, en algunos meses más, en si me acostumbraré a manejar hasta tu casa, y de vuelta sin siquiera recordar el viaje, y en todos los viajes que planearemos y haremos juntos. Si eventualmente las ganas de despertar juntos sea más habitual, o vernos sin arreglar se vuelva de lo más normal.
Si tus primos me saludaran como un amigo más, o si me podré sentar en tu sala solo con tu mamá y solo hablar. Si no solo seas tú la que me quiera y así lo hagan los demás, los que te quieren.
Si querer se quedará corto al hablar.
Sé que dijiste que tú no eres así, que no sueles hablar así, pero vale, yo sí soy así, y estoy orgulloso de serlo, de poderte decir con letras lo mucho que me importas. Sin pudor.
Si, me siento impotente y mal, pero también estoy consiente que una buena historia se forja con dedicación, sacrificio y amor, así que, por mi dedicación, mi sacrificio y el amor que te tengo, no te preocupes. Tú decides.