El Cisne Negro del Crowdfunding

Porque no siempre se escribe en días de gloria

Et voilà! Es dia 22. Veintidós de abril era la fecha fijada para la conclusión de la campaña que debía ensalzar Playerset. Hoy era un día en que los medios debían hacer difusión de una noticia de por si sonora: “Un emprendedor de 15 años logra los fondos para su proyecto mediante crowdfunding”. Sólo espero que ninguno la tuviera redactada.

Ha sido de esas cosas que se palpan desde el principio, pero sólo como algo improbable. Un único pequeño síntoma en el ritmo de conversión que aunque es capaz de despertar tu interés, queda sepultado entre el feedback recibido y los elogios de la precampaña. Tiendes a inquietarte, pero el entorno y la aplastante lógica hacen que desvíes tu atención hacia otros asuntos que sí precisan de tu inmediata atención. Lograr un determinado tipo de mecenas en tus dos primeras horas, mientras además te están llegando de otros perfiles sobre los que aún no habías hecho hincapié, no debe ser motivo de preocupación inicial.

El fracaso en la campaña de Playerset ha sido una de esas cosas que, tal y como planteaba Nassim Taleb, son un “Cisne Negro”. La expresión Cisne Negro (sí, en mayúsculas), desde la época gloriosa de Roma, se usaba para referirse a aquello que se consideraba imposible. De hecho, en occidente, de forma autóctona, no hay cisnes negros. Lo gracioso llegó siglos después cuando se descubrió y empezó a colonizar Oceanía, en concreto Australia. Allí, los exploradores descubrieron cisnes negros y ese hecho se convirtió en el originador y máximo exponente del significado que hoy se le otorga a referirse a algo como un Cisne Negro: aquello que parece imposible, pero de lo cual se atisba una mínima posibilidad de que se convierta en realidad. Vamos, aquello que todos nos referimos como improbable.

La campaña de Playerset, salvando algunas diferencias respecto a la acepción más literal de la teoría, ha sido un auténtico cisne negro. En la preparación de la misma se analizaron todos los factores. Analistas de crowdfunding, expertos en comunicación, reputados emprendedores, gente del sector de los videojuegos… Todos aplaudían el modelo propuesto y aportaron todo su saber hacer para pulir todo aquello que podía ser mejorado. La conclusión es que teníamos entre manos una de esas campañas que movilizan a medios, mecenas, clientes y empresas como pocas otras noticias. Era fascinante oír que las preguntas (especialmente desde fuera del equipo que estábamos detrás de la campaña, que pretendíamos ser bastante más cautos) no trataban sobre si saldría o no. Hablaban de cuantos días duraríamos en lograr el 100%, y si llegaríamos al 200 o al 400.

Ciñéndonos a esa teoría, deberíamos achacar la falta de éxito a la casualidad: algo que en la teoría debe funcionar pero finalmente no sale. Aunque personalmente me guste a rasgos generales esa teoría, discrepo en uno de sus pilares, precisamente ese: hago prevalecer la causalidad a la casualidad. Considero que todo tiene una causa, aunque no hayamos sido capaces de percibirla. A posteriori es muy fácil encontrar causantes a los que agarrarnos (hecho sobre el que nos advierte Taleb), pero aún así me gusta ser muy escrupuloso. Durante la propia campaña intentamos identificar causantes y sólo encontrábamos algunos relativamente pequeños que no dudábamos en subsanar, hecho que no nos eximió del resultado final. Por ese motivo soy ahora escrupuloso a la hora de señalar posibles causas como únicos responsables.

No obstante, a pesar de la advertencia previa, quiero dejar escrito todo aquello que no se puede evitar pensar como motivos detrás de la situación actual. Agarrándonos a los manuales del crowdfunding, sólo hay una norma que no hemos cumplido, las clásicas tres F, los Family, Friends & Fools. Desde la precampaña ya nos percatamos de que ni esperaba contar con un notable apoyo de la familia ni mucho menos de amigos. Estos principios quedan generalmente solventados en campañas de grandes dimensiones, pero no en una de 4.000€. Esta última reflexión me lleva a plantearme los siguientes problemas.

El entorno no ha sido el correcto. No destaparé nada nuevo si digo que en España no hay una cultura generalizada de proyectos, un clima en la calle que admire al emprendedor. Sólo en los últimos tiempos en determinadas esferas se empieza a respetar a esta figura, aunque a menudo arrastrando el lastre histórico de la desafección por el que empieza, y creando aquel concepto del “emprendedor por necesidad” equiparándolo a aquellos que lo son de espíritu, que se enamoran de su pasión y que cuando triunfan son observados por la mayoría como “esos ricos sentados en su despacho”, sin tener una mínima idea de lo que les ha costado llegar hasta allí. La siguiente vuelta de rosca de la cultura de proyectos es la cultura de crowdfunding: el hecho de que la gente de la calle no sólo admire al emprendedor, sino que se haga partícipe de su causa e intente colocarse a su vera, de la forma que crea oportuna para colaborar. Si el primero a penas se sostenta en este país, no hablemos del segundo. Ejemplificaré todo este escenario con unos datos que a mi juicio dejan poco lugar a dudas: la figura del inversor, del business angel, nace en las obras de Broadway, allá por la primera mitad del siglo XX; en España no llegaron hasta hace escasamente una década. El crowdfunding nace en 2008 de la mano de Kickstarter; hace escasamente un año que han empezado a llegar plataformas mínimamente notorias a nuestro país.

En consonancia con el clima anteriormente descrito, el tipo de proyecto tampoco ha sido el adecuado. Para un mercado inmaduro para el crowdfunding un producto que ofrece como principal valor para su campaña ventajas vinculadas a “formar parte de una nueva causa y ser reconocido como impulsor del mismo”, en sus diferentes grados, no es del atractivo de un mecenas medio que busca en el crowdfunding la oportunidad de ahorrarse dinero en un producto futuro.

Además de todo esto, factores como que determinados grandes medios que se llenan la boca diciendo que defienden el emprendimiento y ayudan a los valientes que se lanzan a la mar en este negocio, te ofrezcan respuestas literales como “interesante proyecto, recuérdanoslo cuando hayas triunfado y te lo publicaremos”o que la propia plataforma de crowdfunding en la que salimos anuncie hoy mismo su cierre, no huelen a ser precisamente beneficiosos para la campaña.

Estas situaciones también sirven para clasificar a la gente, y dejar al descubierto las intenciones y capacidad de implicación de cada uno de todos esos que se han ofrecido a “participar” y a “apoyar” al proyecto y a mi personalmente. No hay nada mejor que un poquito de agua subiendo por las bodegas para ver quién es el primero que salta del barco. Grandes lecciones me llevo en este sentido, ya designaré en el futuro cual es el lugar de cada uno.

Hoy ha sido uno de esos días que se anunciaban fuertes ya desde tiempo atrás, mucho más magnificados desde la lejanía que como en realidad se perciben in-situ. Hoy lo tenía marcado como un día duro, pero todo este proceso me ha servido para ratificar la madurez y robustez de Playerset como proyecto, el convencimiento pleno de que ese sueño será una realidad, la oportunidad para difundirlo y hacer a más gente partícipe del mismo.

Muchos pueden ver estas palabras como un intento de escape interior, pero ninguno de los que piense así es mínimamente consciente de los fundamentos que tengo para pensar eso. Hoy estoy más enamorado que nunca de mi sueño, y sólo la historia demostrará por qué tenía razón.

Seguimos.

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CEO at Playerest Gaming Company & Partner at Fantastic Solutions. Maybe the youngest entrepreneur you can find. 14.

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