Reflexión sobre el consumo de la televisión argentina (vol. 1)


Convengamos en que el principio de la cuestión desencadena desde la cultura, y para hacer una observación acertada de la misma no hace falta demasiado. Ya estamos empapados y salpicados hasta de elementos de los que querríamos deshacernos. Es imposible pensar en un estilo de vida que se aleje de lo que hoy conocemos: no necesitar, comprar, consumir y deshechar. Tomando esa filosofía como punto de partida, pude terminar de entender de qué se trata el acto de un humano argentino, sentado frente a una televisión.

Hoy por hoy, el ojo menos educado puede llegar a ser cautivado por alguna buena producción; algún producto que no siga la línea de lo que venía mirando. Es por eso que tu tío se engancho con Breaking Bad, después de miles de recomendaciones y dos semanas después de ver el final de Dulce Amor. Claro está que ambas están alejadas una de la otra y por supuesto, a conciencia. Por eso mismo, la pregunta que me hago es ¿por qué no se apunta a un contenido menos descartable?

El ejercicio puede ser sencillo: busquemos un capitulo suelto de Dulce Amor y un episodio suelto de Breaking Bad (por continuar con los mismos ejemplos). No comparemos ni el approach cinematográfico, ni los guiones, ni la iluminación, el montaje, las actuaciones, el vestuario. No pensemos en nada de eso y tratemos de disfrutar ambas cosas.

La pregunta que intento responder ahora es ¿cuál de los dos capítulos miraría otra vez? En mi caso, sería el de la serie estadounidense. Es obvio que si no viste los episodios que lo preceden, tal vez no se entienda del todo y queden cabos sueltos, pero independientemente de la duración de cada producto, me quedo con la razón de ser de cada uno.

El de la novela argentina existe porque necesita responder de manera inmediata las incógnitas planteadas previamente, pero la otra trata de profundizar y desarrollar sus características, por el bien del entretenimiento. Será caro o poco seguro aspirar a un programa que apunte al disfrute del espectador, pero el beneficio se lo lleva el que se anima.

Por un lado se puede necesitar deglutir una serie atrás de otra de manera estrictamente vertical, o se puede hacer un visionado horizontal que aprecie la calidad que lleva la pantalla. Ahora sí pensemos en qué tanto cuesta que el personaje en vez de usar esa remera use otra, o que en lugar de filmarlo en esta locación se haga en otra. En el plano de las ficciones, ése es el dilema si se obvia la cuestión económica. Lo express o la calidad, lo vertical o lo horizontal.

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