Una linda historia

Nos hemos convertido en padres luego de un largo camino juntos. Nosotros, Julio y Sabrina, decidimos traer un hijo al mundo después de 14 años de estar de novios y unos años más de conocernos en Bolívar. Con una vida llena de salud y tranquilidad, sin sobresaltos, con una familia muy linda y muchos amigos de la vida.

El embarazo fue muy bueno, todo se dio muy rápido, más de lo que pensábamos, nos mudamos para estar listos y en un hogar más cómodo para recibir a nuestro porotín, eran tiempos de mucho trabajo, estudio, mudanzas, etc.

Un día extraño y sin muchas explicaciones fuimos a una guardia, fue el 5 de septiembre de 2014, allí nos encontramos con el primer obstáculo de la vida, es que nuestro porotín, quien era una niña a la cual ya habíamos decidido llamar Juana, estaba con graves problemas de salud. Gracias a Dios el obstetra de guardia y los ecógrafos no subestimaron las intuiciones de los padres primerizos y decidieron estudiarla pese a la poca información que le dábamos respecto a por qué habíamos decidido ir a la guardia aquel viernes a las 8 de la mañana. Sin perder tiempo, nos mandaron al Hospital Austral, entre lágrimas y desconcierto, agarramos la autopista y nos mandamos.

Desde ese día nos controlaban la panza todas las semanas, escuchamos cosas muy feas, arritmia, ascitis, tumores, etc. Fueron momentos muy difíciles. Luego de cada monitoreo, éramos un mar de lágrimas. Al día siguiente, ya nos motivábamos pensando en que todo saldría bien y cada día que pasaba nos daba más esperanzas. Hasta que llegábamos al próximo control, cada uno de ellos era como recibir una piña que nos tumbaba, como para que no olvidemos que Juanita no estaba bien.

En la semana 32 de gestación, pese a las malas noticias que nos daban los médicos, pero agradecidos por las extensas explicaciones que recibíamos, decidieron sacar a Juanita de la panza. 29 de septiembre, poco recordamos de aquel día camino al hospital, no llevábamos nada, no parecía que fuéramos a recibir a nuestra Juanita, pese al dolor y las enormes ganas y esperanzas que teníamos de que todo saliese bien, sabíamos que iba a ser muy complicado, ni ropita, ni pañales, nada más que amor y esperanzas.

A las 14:04 nació Juanita con 2,037 kilos, divina, lloraba suavecito como un corderito, todo había salido muy bien.

Luego de unas horas de su nacimiento, empezaron las primeras complicaciones, nunca olvidaremos la cara de aquellos médicos que se acercaron a la habitación en la madrugada con los ojos tristes y llenos de impotencia, por estar haciendo todo lo posible para que Juanita pudiera seguir con nosotros, “que no sufra” fue lo primero que se nos vino al corazón y mente.

Nos ofrecieron verla y bautizarla, papá la bautizó y mamá la fue a conocer con el dolor de una posiblemente despedida. Sólo queríamos que no sufriera, lo dejamos en manos de Dios, sentíamos una inmensa energía que nos llegaba de nuestra familia, amigos y todas aquellas personas que pensaban en nosotros. Difícil de explicar la sensación, fuerzas y Fé en que lo que tuviera que pasar, iba a ser lo mejor para ella y para nosotros también, estábamos agradecidos por haberla conocido a Juanita.

Nuestras bella beba ya tenía un día y horas cuando se acercaron los médicos a la habitación, la expresión de sus caras era linda, venían a decirnos que Juana estaba respondiendo a los estímulos que le estaban haciendo. No queríamos que sufriera, que si tenía que irse, sabíamos que sus horas de vida ya tenían sentido para nosotros, pero gracias a Dios y a la ciencia, Juana de verdad estaba respondiendo.

Desde ese momento fueron siempre buenas noticias. No olvidaremos nunca las palabras de una enfermera “estos bebitos son una cajita de sorpresas, hay que vivir el día a día”, y así fue, vivir el día a día, porque mañana podía ser muy diferente. Paso a paso, con el enorme miedo de ilusionarnos por demás, veíamos crecer a Juanita. Muy loco se siente llorar de felicidad por poder tocarla al menos, con los días, le fueron sacando los sedantes, que linda sensación ver mover sus patitas, cada vez tenía menos cables, menos aparatos, escuchar al cardiólogo decir, “chicos, si hoy la viese por primera vez, digo que es una beba sana, tuvo un dios a parte”, “los tumores de su corazón desaparecieron”.

A las semanas pudimos tenerla en brazos por primera vez, que alegría y que extraño…, volver a casa son su aroma, pero sin ella, tener una hija pero dormir solos…, guardar la leche de mamá cuando aún ella no podía tomarla…, muchas sensaciones diferentes y extrañas, que solo un “papa neo” entiende.

Pasaron 75 días entre internaciones, que lindos recuerdos de los papis de la NEO, como nos acompañábamos y entendíamos, que alegría cuando otro bebito se ponía bien, que lindo compartir lágrimas juntos, fue muy importante conocerlos.

Todos los días pedíamos a Dios por tener fuerzas para acompañar a Juana en lo que tuviera que ser, pasaron muchos días para que nos diéramos cuenta que Juanita había venido a quedarse con nosotros, vino a enseñarnos, a marcarnos las prioridades de la vida.

Los médicos, los héroes que ayudaron a Juana a salir adelante; las/os enfermeras/os, las extensiones de las manos de Dios que la cuidaron; la familia, amigos y gente que pensaba en nosotros, era la fuerza que recibíamos para acompañar a Juana. Todos formaron parte de esta historia, de este milagrito y los tenemos en nuestro corazón.

Hoy Juana está radiante de felicidad, nos sonríe al vernos, llora cuando nos necesita, que más pedirle a la vida!!

Simplemente gracias por estar, cerca o lejos pero los sentimos junto a nosotros.

Gracias familia, amigos, amigos de amigos, compañeros de trabajo, enfermeras / enfermeros y médicos por acompañarnos. Gracias Juana por ponerle toda garra para la lucha que te tocó vivir, gracias por no bajar los brazos, gracias Dios por la fuerza que tiene este ser tan pequeñito y grande a la vez.

Que esta historia sirva para aquellos que perdieron la Fe y para los que quieran leer y vivir una linda historia, milagrosa y llena de amor, que nos recuerde las prioridades de la vida y olvidemos las sonseras.

Quiéranse mucho y no peleemos, contagiemos a quien tenemos al lado!

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