Me cansa tener que explicar todos los días lo que es tener ansiedad, me cansa que no lo entiendan, y me cansa que me presionen. Detesto la frase “en serio te da vergüenza hacer eso?” o decir que no puedo hacer algo y que me digan riéndose “qué, te da vergüenza?”; me lastima, me hace mal, me hacen sentir inútil y expuesta delante de toda la gente que me rodea. No pido que se pongan en mis zapatos, solo pido que cuando digo que me da vergüenza hacer algo no me insistan, que me ayuden y que entiendan que con el tiempo conseguiré hacerlo.

No es una decisión, nadie elegiría sentirse así de impotente frente a situaciones cotidianas. No me causa gracia no poder preguntar la cosa más mínima por miedo a quedar expuesta y que todos piensen que soy inútil; es horrible caminar por la calle y pensar que todo el mundo te está observando aunque no sea así, es horrible no animarte a hacer nada, ni la cosa más “estúpida” por pensar que todos están examinándote y esperando a que te equivoques.

Todos los días me cuestiono todo lo que hago, pienso en lo que digo o dije un montón de tiempo, pienso en lo que los otros me dicen y qué quisieron decir realmente. Es desesperante ni siquiera poder hablar con tu familia sobre el tema porque sabes que no lo entenderían, y ellos también te presionarían.

Es horrible hacer algo tan cotidiano como dar un examen oral en frente de tu clase; es horrible sentir como empezas a temblar, a cuestionarte todo lo que estudiaste, a pensar mil veces lo que vas a decir, transpirar, respirar agitadamente, preguntarte si no es mejor irte, que quedarte y hacer el ridículo, pero claro tampoco podes hacer eso porque todos te observarían más. Sentir todas las miradas sobre vos. Terminar de hablar, y rogar que nadie te pregunte nada, pensar, pensar y pensar en si lo que dijiste estaba bien y esperar no volver a tener que hacerlo por mucho tiempo.

Levantarte y rogar que por favor hoy tengas un día tranquilo en el que no sientas ganas de llorar. Ver a la gente que te rodea cumpliendo sus metas y sus objetivos porque ellos sí, a diferencia de vos, se animan, y te preguntas si algún día vos también te animarás. Y ahí sentís el peso, el peso de esta mochila que nunca pediste cargar, y aún así lo tenés que hacer, y cada día que pasa y seguiste adelante, es una pequeña victoria.