Mi padre y el Sol

Mi padre escuchó de camino al trabajo,

que si el sol se apagara sin remedio,

sus devastadoras consecuencias

no comenzarían hasta pasados ocho minutos.

Y pensó

que desde la nueva sucursal,

esquina calle Portugal con Reyes Católicos,

tendría el tiempo justo

para salir corriendo,

llegar a casa

y abrazarnos a todos.

El banco cambió de nombre

hace más de veinte años

y la muerte no vino desde arriba

sino que apagó desde dentro las luces,

cubriéndolo todo

-para siempre-

de ausencias,

inviernos y ceniza.

Desde que mi madre me contó esta historia,

pongo mucha atención cuando os abrazo.

Porque la muerte siempre ha estado dentro,

-contrapeso de la vida-

y el cielo sigue,

como una trampa,

tranquilo,

azul

y despejado.

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