fastidio invade cuerpo
hace noches que vengo soñando con la escena en donde la gente cuerda que junta piedras se burla de la piba loca que en su mundo junta flores y maderas. yo no arrojé nada y ya no sé si en las manos llevo flores, o piedras o maderas.
¡lo que sé es que ya me aburren mis peinados! de los cuales noté que ethel solo le sigue el ritmo a unas líneas que diseñé con la vieja máquina philips sacada en cuotas: un peine bajo a los costados y a veces detrás para que un jopo por arriba termine de disimular la redondez de mi rostro que a veces acompaño con barba o con bigote.
¡estoy harto del visto bueno de nietzsche sobre mi espacio, que el tedio se encarga de alimentar más y más y más después de llegar a casa con las gambas cargadas de las personas que frecuento en todas partes y que no entiendo! que se encuentran todas ahí… tan electrizadas, mostrando su mejor cara rumbo al matadero como si valiera la pena tanto esfuerzo.
debería decirle a mónica que en realidad lo que me pasa es un poco más grande y que el encanto del presente es una ficción que empezó a tomar otra forma cuando en las fechas de las vacaciones nos fuimos, felices, cada uno por su lado para que el regreso se tiña lentamente de desencuentro y me empiece a aburrir la percepción que siento tanto por ella como por sus cabellos alisados.
aburrirse es como sentirse devorado por quincuagésima vez por las bestias ya muertas pero, esta vez, sin dolor. los tatuajes, intervenciones sobre mi piel que se han convertido en meros reflejos de los impulsos míos que hoy carecen de hedonismo… ¡ojalá pudiera quemar las frases que hacen al personaje que deseo enterrar junto a la sonrisa achinada que todavía le hace dignamente un importante contrapeso al agotamiento y a la angustia!
Quizás debería pelarme, vestirme de nuevo, buscar un terapeuta más empático, emblanquecerlo todo y volver a niño donde mi abuela todavía sin alzheimer me preguntaba en el patio, lúcida y atenta cuando yo llegaba de la escuela, si había ya comido algo. y me daba un sanguche de milanesa con dos pedazos de carne adentro, acompañados de mucho limón para que yo disfrutara todavía con el guardapolvo puesto; telefonear a noe y preguntarle cómo anda, confesarle que hasta el momento nadie me ha inspirado como ella y recordar lo tanto que le molestaba cuando acostados yo le rozaba sus pies con las uñitas de los míos solo para sentirla sonreír entre impresión y simpatía, y para que muy seria me responda que eso ya no significa nada; quizás deba preguntarle a los dueños nuevos si me alquilan la casa de neuquén mientras salto allá desde mi espacio actual que bien podría regalar a alguien que no haya llegado a este nivel de aburrición que experimento, donde lo cotidiano oscila entre la indiferencia y lo instrascendente; abandonar de una vez esas memorias sumergidas en el tren del tiempo pendular de donde nacen remakes de escenas clásicas que aun motivan mis expresiones, y ser capaz de generar recuerdos nuevos en este frankenstein de los veinte a los treinta donde terminás siendo el más misterioso, interesante y ejemplar de tu generación conurbana para algunos, y el más puto, alcohólico, narciso, careta, vergonzoso y fracasado para otros. tener la decisión y la fuerza de quitarle la vista a este espejo en que me miro mientras me tomo el domingo a la tarde un mate amargo después de dejar ya preparadas las cosas para irme mañana temprano a laburar.
