Me olvidé el lápiz
y esa es la gran lección de esta noche: el qué hacer con esta tinta o cómo se obra cuando no hay instrumentos pero sí principios, pero sí un final.
La gran lección de la memoria: dónde olvidé mi pluma, dónde y por qué no la traigo siempre conmigo y por qué siento una fuerza mayor que desde las entrañas me habla y exige, con discreción, ser eyectada. La memoria y por qué siento que sin registro la memoria desvanece como alzheimer aun habiendo tinta. Cuántos instrumentos desconocemos.
Me olvidé el lápiz y vengo viajando. Pagué caro un colectivo pero las butacas son de lujo y el tránsito, toda una caricia. La ciudad duerme. Duerme duerme ciudad. Sus persianas, rascacielos, sus gentes, sus autos. Y sólo, guardias mínimas hechas por los semáforos, los tachos de basura, por algún colectivo.
Vengo latiendo desde Colombia, pero no porque he ido a Colombia sino porque Colombia ha venido a mí.
No a casa pero sí a mí, y ahora estoy volviendo a casa desde la Patria Sin Frontera, de madrugada.
Vengo latiendo por Colombia y mis hermanos,
por Venezuela y mis hermanas,
por Argentina y mis hermanes.
Brujo (o Lechu), sos toda una bandera y gritamos con angustia y con fuerza por vos y por tu cuerpo con vida, lechu. Yo ya no sé en qué creer, dice la poeta al micrófono, recitando por fuera del poema.
Todos los fuegos, todos los ocasos. Mis hermanxs no siempre son mis amigxs. Mis compañerxs no siempre son mis amigxs y Yo, a veces, es también un Otro.
Vengo latiendo descalzo, con el pecho hecho toda una ventana, con el alma penetrada por espadas, por dejavúes, gualicho y acontecimiento. Amo porque el amor es mi sustento y si tomo un fusil será por amor, si tomo un fusil, si tomo un fusil. O una flor, o un silencio, una decisión o catorce vasos de ron. Me olvidé el lápiz y dejo de latir. Ayer me miraban, serenos, dos ojos. Eran y me daban paz. Su paz no me dejaba en paz: experiencia e inocencia en grados desproporcionados.
Vengo latiendo hace tiempo y no lo sabía. Mi espíritu late mucho, apenas lo sabe. Hoy soy Uno y soy Todo: detrás de nosotrxs estamos ustedes. Ese Tom, y aquel Tom, el Tom del mañana, el Tom que ha partido y se ha muerto.
Detesto mi nombre y ésta imposición de subjetividad
¿por qué está mal visto que sea Noe por un rato, y otro rato Bere, les abuelos o Romi, Ezequiel, un árbol o el perrito Beethoven, lo que sea o la nada mientras lo sienta? O Colombia. El Realismo Mágico existe y vive más que ésta sociedad inmunda en que a veces se convierte Buenos Aires. No ha mentido Colón en sus diarios y la paz está aconteciendo. No tiene ya excusas la clase política sin las Farc y todos esos cuerpos tienen que ser restituidos. A todos esos rostros las identidades deben serle restituidas.
Nuestra historia se escribe con tiempo mesiánico. La humanidad debe caminar hacia su humanidad, hacia otra humanidad: memoriosa, aventurera, libre y respetable. Soberana, por sobre todas las cosas.
Quizás ahora no es cuándo, quizás siempre es cuándo. Le presto los oídos a Colombia y ella me dice lo que ve: un mundo donde muchos mundos caben. Colombia me dice que esos ojos, los de anoche, eran cariño libertario. Colombia me dice que lo personal es político. Vengo latiendo vengo latiendo. Por telefono le escribo a mi madre que ya llegaré, le escribo a una amiga que vengo latiendo. Porque la quiero, porque soy también ella y porque me olvidé el lápiz.
En ojos de Colombia la tragedia clásica es Disney. Pues sí, ¡parce! Quizás aún no hemos escrito nuestra tragedia, pero ya dejaremos de olvidarnos la pluma y podremos hacerlo- pondremos en su lugar, al sol y la tierra, el mapa y la dicha.
