Los espigadores y la espigadora; el arte de objetos encontrados
Título original: Les glaneurs et la glaneuse. Autor: Agnès Varda. Año: 2000. Idioma: Francés. País: Francia.
«Espigar es recoger después de la cosecha; Espigador, espigadora: es aquel que espiga», define Agnès Varda, en una reflexión sobre los desechos de la agricultura, los desechos de la ciudad y los nuevos recolectores y espigadores en los albores del siglo XXI. Un montaje y narración brillantes nos llevan, en una semiosis ilimitada, a vislumbrar el paisaje francés desde sus actividades, sujetos y espacios postergados. La nota común es la belleza de un encuentro espontáneo con desechos reivindicados.

«Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío.»
Capítulo XI en “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes
Santiago, 04/10/2016 | Agnès Varda (1928-) es una realizadora franco-belga de vanguardia, su obra presenta un distintivo carácter de lirismo experimental (Daguerréotypes, 1975; Jacquot de Nantes, 1991; Les plages d’Agnès, 2008). A través de este, aboca su propia biografía en obras de carácter social y realista. La ganadora del premio León de Oro del festival de Venecia (Sans toit ni loi, 1985), se presenta a sí misma como una espigadora de imágenes, de información, dispersada y dejada de lado por el mundo.
Recógelo todo y nada se malgastará — nos repite de su difunta madre, una entrevistada quién fue alguna vez una espigadora de lado de su casa en el campo. Esa sensación de un paisaje búcolico y añorado (refiere en literatura al tópico beatus ille) nos acompañará a través de quienes alguna vez vivieron esos escenarios y a través de pinturas que los representan (Las espigadoras, Franҫois Millet, 1857; El llamamiento de las espigadoras (detalle), Jules Breton , 1859; Espigadores huyendo de la tormenta, Pierre Edmond Alexandre Hedouin, 1857).
Un montaje y un texto que va, de un signo al otro, explorando una pregunta: ¿Dónde están (refiere al tópico de Ubi sunt) los espigadores y las espigadoras? ¿Dónde fue a parar el espíritu colectivo de espigar y recolectar? ¿Dónde está su postura humilde de agachar la espalda para recoger?
La reflexión estética de estas preguntas, acerca a Varda a los espigadores de después de la cosecha, los que recogen los restos de las máquinas. De ellos, a los que recogen comida de la basura en las calles; de ellos, a un chef que rechaza los mercados y espiga por su cuenta; más tarde, a los artistas de objetos encontrados; y a los que recogen ostras de lado de los cultivos de bivalvos; así, entre otros. La estructura del montaje da la sensación de una semiosis ilimitada (de Peirce: cuando todo signo interpreta a otro signo en una secuencia inagotable) que ocurre en un microcosmos de lo que circunda a la recolección.
El registro del campo se confronta con el de la ciudad, lugar donde encuentra el símbolo contemporáneo del espigador. París parece un lugar repleto de espigadores urbanos, no sólo clochard y clochardes, sino también activistas, artistas y fundaciones dedicadas a la reutilización. Varda reivindica y legitima, incluso legalmente, este actuar como una articulación virtuosa de las actividades contemporáneas. Se nos enseña un París marginal, entre lugares de acopio anónimos, veredas de desecho de los mercados y basurales bajo la línea «7bis» del metro de París. En este mundo, como en el campo, aparecen sujetos reivindicados en una belleza particular: la del espigador y su alma colectiva.
Varda mezcla la historia de los espigadores con la suya propia, la de la vejez, sus manos arrugadas. Deja en el documental momentos de introspección y reflexiones que no remiten necesariamente al tema. Microclips que confluyen con la forma en que espera que recibamos la historia de los espigadores, desde una autobiografía y epifanía personal, encontrándose la información y el relato con sensaciones subconscientes en la audiencia.
El tratamiento del hambre desde la distante experiencia personal de los entrevistados, desconcertados por el desperdicio de las grandes empresas de agricultura, el comercio o el hogar de clase media, complejiza una realidad social y económica. Aquello que advirtió el materialismo de John Ruskin (1819–1900) en la producción artesanal de los objetos y estructuras, es replicado en este documental desde la reutilización de los desechos en un mundo marginal. El sesgo de la documentalista nos muestra un mundo más empático, donde los esfuerzos por la supervivencia han hecho, de sus entrevistados, sujetos abiertos y bondadosos.
Este es un documental personal y emotivo, no pretende enseñar una realidad meramente objetiva, sino interpretarla. Las conclusiones que obtienen no tienen como fin estructurar soluciones para la sociedad contemporánea, sino integrarse al mapa de signos morales de nuestra percepción del mundo.