A veces la lengua larga de tiempo

Nos lame las heridas para curarlas

Con la paciencia y cariño de una madre

Que cuida a un niño enfermo sin cura

A veces la lengua raspa de tiempo

Nos lame las heridas para mantenerlas vivas

Para que nunca cicatricen y sangren

Toda la sangre que nos queda adentro

A veces el silencio profundo de distancia

Nos abraza y nos sostiene flotando

Con la cara al cielo que desborda estrellas

Y los oídos ahogados para poder pensarnos tranquilos

A veces el silencio tormenta de distancia

Nos ahoga violento en su huracán callado

Nos tortura y nos vacía el pecho

Con la desesperanza de no volver a vernos

Pero siempre que te extraño lucho a muerte

La batalla incansable y la guerra inútil

Entre el miedo de perdernos para siempre

Y la felicidad de reencontrarnos nuevos y extrañados