El planeta no se está muriendo, ni lo estamos matando.

A quienes nos estamos matando es a nosotros y a miles de especies que no han logrado desarrollar habilidades de adaptación para enfrentar los cambios que nuestra huella provocó en sus ecosistemas.

Es importante entender que nuestra relación con la realidad no es una inevitabilidad catastrófica, pero una suma de decisiones individuales y colectivas reiteradas. La manera cómo me vinculo con lo real tiene que ver con factores tan diversos como mi forma de tratar a los demás, los hábitos de consumo, la asignación de mi tiempo, incluso las conversaciones que tengo conmigo mismo. Todos estos factores suelen ser determinantes en la manera como participamos del mundo.

En esta ocasión quiero hacer énfasis en el segundo factor, nuestros hábitos de consumo y particularmente nuestras compras por internet. Es lugar común decir hoy en día que la tecnología está transformando nuestra forma de comprar. Es notable cómo hacer llegar un refrigerador hasta mi puerta requiere que invierta menos energía que en subir las escaleras para llegar a mi departamento.

Los métodos de embalaje, envío y transporte son cada vez más rápidos, el producto casi siempre llega en buen estado y la sensación de abrir una caja sigue siendo tan primitiva como cuando abríamos regalos tras una fiesta infantil.

¿Pero qué pasa con todo este material que protege nuestro envío? A diferencia de las fiestas infantiles, donde nuestros padres podían meter todo en una bolsa de basura y desaparecerlo de nuestra atención tan rápido como le poníamos las pilas al juguete nuevo, hoy en día basta ver como la basura que se genera en las ciudades incluye cada vez más las distintivas cajas de cartón con la marca del remitente impresa en cada lado.

Hasta ahora pareciera que ya sabemos por donde va esta reflexión; sin embargo, ante la falta de información todavía no es posible saber si la cadena de suministro de estas compañías, por medio de esquemas de compensación ambiental o incluso en su modelo de producción, logran reducir de manera importante la huella que generan sus materiales de embalaje. Y si no es el caso, probablemente habrán organizaciones que estén haciendo algo para presionar a estas millonarias compañías a cambiar sus prácticas. ¿Y nosotros?

Nosotros podemos hacer lo equivalente para el núcleo social que es nuestra casa. Cada que compramos algo por internet tenemos que considerar no solo el empaque, pero el empaque sobre el empaque, las emisiones de los vehículos que lo transportan hasta casa y la posibilidad de evaluar qué alternativas existen para resolver la necesidad en cuestión.

Tal como le pedimos a las empresas que opten por proveedores con materiales reciclables o biodegradables, así como exigimos que el gobierno establezca políticas en contra de la sobre-explotación de los recursos naturales, nosotros tenemos la opción de seleccionar a los proveedores de venta en línea que nos ayuden a reducir el desperdicio, si Proveedor A nos entrega en coche, con bolsas de plástico y Proveedor B lo hace en bicicleta, con bolsas de tela ¿cuál crees tú que es una mejor alternativa?.


También podemos optar por comprar en comercios locales los bienes de primera necesidad, para no generar un doble desperdicio y promover el intercambio económico en nuestra comunidad.

El consumo local ha sido ampliamente estudiado. Los pequeños comercios no necesariamente tienen adoptadas las mejores prácticas de conservación ambiental, pero si evitamos generar más basura y en el camino tenemos conversaciones con nuestros marchantes sobre qué están haciendo en el tema, podríamos involucrarlos en nuestra propia transformación y estaremos sembrando una semilla de las miles que se requieren para reverdecer nuestras perspectivas a futuro.

Todavía hay tiempo para dejar un mejor planeta a los que vienen. Y dedicarle un poco más de tiempo a pensar en nuestras compras por internet es una forma de participar en esa mejora.