Nuestra libertad de elegir…

Todos los significados desde la “libertad” hasta la “LIBERTAD” en el ámbito de los servicios públicos. Y el cómo la lógica de la sociedad actual no es comprensible desde la mente de un futuro ingeniero.

El pasado martes se congregaron en el centro de Zaragoza miles de personas. Todas ellas se manifestaban por un motivo común. ¿Quizás fuese contra la corrupción que asola España de norte a sur y de este a oeste? ¿O posiblemente contra la privatización de la sanidad pública de la que los españoles llevamos disfrutando desde ya hace unos años? Desvelaré el misterio: el motivo era el pacto entre el Gobierno autonómico, en manos del PSOE, y Podemos para cerrar “hasta 28 aulas” en colegios concertados.

La enseñanza privada ha logrado lo que la comunidad educativa no había conseguido en los últimos 5 años del gobierno de Mariano Rajoy. Y lo han hecho al grito de «LIBERTAD». Sin embargo, yo creo que es necesario detenerse a valorar esa palabra.

Pongámonos en contexto. Un “concierto” (según la RAE: «ajuste o convenio entre dos o más personas o entidades sobre algo») nace ante una necesidad de una o ambas partes.

Hubo un tiempo en la historia española en la que los colegios privados (especialmente religiosos) proliferaron bajo el amparo de la dictadura de aquellos años. Cerrado dicho periodo nos encontrábamos ante la siguiente necesidad: regular la adjudicación de subvenciones.

Entonces el concierto era la respuesta adecuada para dar salida a las escuelas ya construidas antes de desembolsar dinero público en unas nuevas. ¿Y por qué no? La natalidad a finales del siglo XX y comienzos de XXI subía como la espuma y tarde o temprano cualquier edificio podría ser de gran utilidad para formar a las generaciones del futuro.

Tasa de natalidad en España entre los años 2002 y 2015 (Fuente: INE)

Como ya he dicho, “ajuste ante una necesidad”. Pero, ¿qué sucede cuando la necesidad desaparece? En el año 2008 la natalidad en España decidió practicar un deporte de riesgo: la caída libre. La demanda de aulas en educación Infantil y Primaria se ha reducido tanto que muchos colegios públicos han comenzado a transformarse progresivamente en Institutos de Secundaria para dar uso a las aulas vacías (es el caso por ejemplo del colegio La Jota — Fuente: Heraldo.es).

¿No es lógico entonces que se deje de apoyar la enseñanza privada cuando la escuela pública no pasa por su mejor momento? Las opiniones serán muchas y variadas, la mía es clara: sí, antes los público que lo privado.

Hagamos un alto en el camino para analizar otro de los aspectos de nuestra sociedad mas castigados por la llamada “crisis”. La sanidad pública ha comenzado a “externalizar” operaciones a clínicas privadas para acortar las eternas listas de espera que (seguramente por los recientes recortes) habían empezado a dar risa por los surrealistas que parecían. ¿Os suena de algo? De nuevo, necesidad-ajuste. ¿A caso cuando las listas vuelvan a su dimensión “habitual” habrá quien diga «¡que no me quiten mi LIBERTAD de elegir operarme en la sanidad privada!»? Desde mi punto de vista, el solo hecho de pensarlo me provoca una carcajada.

Cabecera de la manifestación que recorrió este martes las calles de Zaragoza — Fabián Simón

En ese hipotético sistema en el que cada cual tiene la LIBERTAD de elegir si operarse en una clínica privada o en un hospital público, ¿quién pagaría la operación en el caso de una intervención privada? Si tu respuesta ha sido “el paciente”, ¡enhorabuena! Ese “hipotético sistema” sería la sociedad española actual. Tan sólo necesitamos cambiar “sanidad” por “educación” y, mutatis mutandis, tendremos una solución para el problema inicial.

Si, por el contrario, tu respuesta ha sido “todos los españoles”; mi pregunta es ¿por qué?

Resulta que las españolas y los españoles que pagamos impuestos a Hacienda (es necesario especificar esto porque, como hemos visto últimamente, no se aplica a todos nuestros conciudadanos) también tenemos recogida en la Constitución nuestra LIBERTAD de elegir. Y es que, como rezaban algunos Tweets en mi TL, también se podría hablar de nuestra LIBERTAD para elegir a dónde van a parar los impuesto que tan “católicamente” pagamos.

Con más o menos ironía, la conclusión es clara: LIBERTAD no es la palabra adecuada.

Llega el momento de resumir. ¿Qué os parece si dejamos a cada cual decidir entre enseñanza pública o privada, sanidad pública o privada? Aquellos que decidan pública la elegirían con todas las consecuencias. Ídem para los que escojan privada. Porque, claro está, no vale decir «yo no pago impuestos, y contrato un seguro de salud privado»; para después, en el momento que surge un problema que “se sale de presupuesto”, ir corriendo a Urgencias del hospital público más cercano.

Eso, como se dice tan frecuentemente en el mundillo de los videojuegos, es cheating.

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