think/thing

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Muchas veces pensamos que las cosas están dadas. Que cada cosa se encuentra ubicada en su campo semántico correspondiente para permanecer allí para siempre. Nos resulta difícil, si no es que absurdo, yuxtaponer dos cosas que provengan de distintos universos. El solo pensarlo frecuentemente causa confusión, inseguridad y hasta risa. La “cosa” en sí se sostiene en la palabra y están atadas tan entrañablemente que se ha trastocado la originalidad, la identidad, la esencia de la “cosa”, es decir, cuándo vemos el cielo, decimos “el cielo” pero realmente ¿qué es? ¿no será que la “palabra” nos está alejando de aquello que es “verdad” pero que nunca alcanzamos a tocar, de aquella “potencia” oculta? Y damos por hecho una disposición consolidada. Algunas personas con lesiones cerebrales han sufrido de trastornos del lenguaje, desordenando el campo semántico del mundo que conocemos, una disfasia que angustia al individuo pero que paradójicamente lo apega también a la franqueza con la que tiritan las cosas, pero en cambio, este individuo no lo sabe, no alcanza a ver, solo se nubla por la ansiedad, por el trastorno, hace un enorme esfuerzo por reacomodar el orden “establecido”.

No se puede tener miedo de desordenar lo que damos por hecho; vale la pena el intento. Nos encontramos en una marea cultural que es volátil, inestable y modificable, ¿porqué deberíamos fijar la ideas y darlas por hechas?. Un día me encontraba en el supermercado con una botella de agua, la mayoría de las cajas de cobro se encontraban con largas filas. La caja que pude encontrar vacía era la que tenía un letrero con la palabra “exclusivo”, exclusivo para minusválidos, para mujeres embarazadas y personas de la tercera edad. No tuve miramientos y sin más, me formé ahí pensando que podría pagar sin ningún problema pero el cajero se negó rotundamente a cobrarme. Quise externar mi desconcierto cuando detrás mío llegó una señora de la tercera edad, abordo de un carrito eléctrico y en la canasta: el “super” de una quincena. Intercedió por mí refutando que lo mío, era una simple botella de agua. El cajero no tuvo más remedio que hacer la transacción con mala cara. Un pequeño giro en el pensamiento puede tener una repercusión importante en la sociedad, es decir, ¿que tal si en vez de segmentarnos en la sociedad por medio de “las palabras”, y “exclusividades” comenzamos un cambio? ¿qué tal si la palabra e-x-c-l-u-s-i-v-o impreso en el letrero de esa caja, fuera sustituido por “p-r-e-f-e-r-e-n-c-i-a a minusválidos, embarazadas y de la tercera edad”? En vez de tener una sola caja en exclusiva para una minoría; todas abiertas para todos con preferencia para la minoría; entonces una mayoría integraría a los demás, basándose en el respeto, el contacto personal y la comprensión. En el oficio del cine en México pasa lo mismo: de pronto perdemos sensibilidad, contacto con las personas y hasta nos alejamos de nuestras películas. A veces en los procesos para levantar un filme, el contacto humano entre los “hacedores que emprenden proyectos” es poco. Se llenan las mesas de carpetas y formatos y a veces no se conoce bien, desde las entrañas de los creadores que hay detrás de alguna película. El contacto humano entre inversionistas y estos “hacedores” es muy poco dinámico. Sería muy bueno -por ejemplo- acceder a más fondos preparando con “Pitch” bajo el brazo, sí al “carpeteo” pues es necesario, pero nada se compara con conocer a las personas por medio de mecánicas de Picth. Claro que existe la posibilidad para acceder a algunos fondos con un Pitch, pero ¿por qué no tomarlo como un elemento más, que forme parte de los cineastas? Nada se le compara con escuchar, ver y sentir al director o al productor que encabezara un proyecto de comedia, de melodrama, o de ciencia ficción. Se podría divulgar mejor esta idea llevándola primero como se ha venido haciendo en otros lados, con un concurso donde los participantes en Pitch y carpeta, vendan su proyecto, pero que en vez de conseguir el cien por ciento del mismo, consigan el cincuenta o calcular un porcentaje adecuado y el resto sea por internet creando un fondo de cine en línea como fondeadora.mx, cada creador ganador de la primera ronda, subiría después un Pitch en video, o un “teaser” y la gente, los espectadores tendrían la opción de fondear, y como recompensa tener un crédito en el filme. Entonces se aseguraría el éxito en taquilla o bien, en caso de los proyectos que no alcancen el presupuesto a fondear, ayudaría a mediar de manera directa el mercado. No sería descabellado pensar en que algo así se sumaría a una posibilidad real para reactivar la industria del cine en México. Un sistema más orgánico, alterando el orden establecido, fuera de estructuras rígidas, fuera de mucha complejidad, uniendo al espectador con el oficio del cine, dos cosas que en su principio parecieran distantes, de dos semánticas distintas pero que de alguna manera simpatizan en lo mismo.

Debemos recordar siempre que nos hallamos como cultura en una planicie que se puede regenerar mil veces, que puede moverse y removerse. Nada está fijo para siempre y eso debemos entenderlo, el orden que vemos hoy no es eterno, hoy los animales están clasificados por familia, tipo y especie. Mañana podríamos darnos cuenta de que no es así, y trataríamos de absurdamente en reagruparlas. Hoy nosotros estamos en el mismo tablero que todo lo demás, por más ilógico que parezca cualquier clasificación la jerarquía es horizontal, podríamos yuxtaponernos con la “cosa” más absurda y deberíamos hilar una posibilidad lógica de categorización, de empatía con ello, sólo es imaginarlo. Las cosas están ahí para nosotros y nosotros para ellas, ambos tiritando en un universo cambiante, las cosas no están dadas per se.

** Inpirado en Foucault cuando habla de que hay orden mudo detrás del orden que se ve. En “Les monts et les choses une archéologie des sciences humaines”, Gallimard, 1966.
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