Todo comenzó en 2008, cuando la burbuja estalló y España se sumió en un periodo de recesión, recortes, más de seis millones de parados y una deuda de más de 820.000 euros.

Manuel fue uno de los afectados. A sus 45 años llevaba viviendo de alquiler unos 20. Siempre le decían que alquilar es tirar el dinero, pero él se mostró optimista y nunca lo aceptó. Cuando comenzó a alquilar era una época donde la económica era milagrosa, los tipos de intereses eran bajos. Las casas se vendían al doble coste de su anterior compra y la firma de numerosas hipotecas aumentaban día a día. Tener una casa era símbolo de estabilidad y trabajo.

Manuel nunca vio que esto fuese a salir adelante y, por eso, decidió seguir de alquiler. Con la entrada del 2008 llegó la catástrofe del hogar. Gente en el paro, sin dinero, con hipotecas pendientes…La era de los desahucios estaba aquí. Cada 15 minutos se producía uno y miles de personas acaban en la calle.

Manuel no se vio afectado por ello, aunque si es verdad que su precio de alquiler ascendió. En cuanto al resto de gente, a pesar de la situación que se estaba viviendo en España nunca dejaron de comprar. Familias enteras: padres, tíos, abuelos, hermanos, etc.; llegaban a las notarías con los pocos ahorros que tenían y se hipotecaban de por vida con tal de tener un techo bajo el que dormir.

El fallo que cometieron todas estas personas fue no leer detenidamente decenas de folios con decenas de cláusulas difíciles de entender, las cuales empapaban el contrato. Las cláusulas suelo comenzaron a crecer en su fama.

La gente era desalojada y, aun así, la deuda se iba con ellos. Contratos llenos de cláusulas abusivas salían a la luz destrozando la vida de miles de personas. Ante esta situación Bruselas quiso intervenir y llevar a España ante la justicia por no corregir la norma hipotecaria. Aquella reforma de 2014 quedaba pendiente y la Comisión reprochó al Gobierno tal irresponsabilidad.

El Tribunal Europeo dio la razón a los consumidores por sus demandas tras los abusos bancarios y España recibió un periodo de tiempo para aplicar cambios, pero, ya a 2019, no ha cumplido con su obligación.

Pronto Manuel tuvo que abandonar su hogar porque el casero quería participar en el nuevo proyecto Airbnb con su piso. A los 45 años quedó en la calle y difícil le resultó volver a encontrar un hogar.


Y aquí es donde nos encontramos. Durante los últimos años se ha incrementado la demanda de viviendas de alquiler para alojar a quienes deciden hacer turismo. Atrás queda el hospedaje en hoteles, hostales o albergues en deterimiento de pisos ubicados en pleno centro de la ciudad. Esta práctica ha sido impulsada por plataformas como Booking pero sobre todo gracias a la irrupción de Airbnb.

Visto el éxito y el gusto con el que los turistas pagan por obtener un alojamiento céntrico, muchos de los arrendatarios han decidido priorizar el uso exclusivo de la vivienda de alquiler para el turismo. Sólo en Madrid, la plataforma ofrece más de 16.000 alojamientos, de los cuales un 62% está concentrado en el distrito Centro.

Atrás queda el hospedaje en hoteles, hostales o albergues en deterimiento de pisos ubicados en pleno centro de la ciudad. Esta práctica ha sido impulsada por plataformas como Booking pero sobre todo gracias a la irrupción de Airbnb.

Como refleja la ley de la oferta y la demanda, ante el aumento de la demanda, los precios suben. Esto trasladado al mercado de los alquileres se traduce en un aumento de la renta para la mayoría de las personas, que viven arrendadas en los núcleos de las principales ciudades.

En la mayoría de los casos este incremento del alquiler de las viviendas ha sido desorbitado e impagable, para nuestro protagonista Manuel, y para muchas familias que se han visto en la obligación de abandonar sus viviendas por la incapacidad de hacer frente a estas subidas.

Este aumento desenfrenado de las rentas tiene como consecuencia el traslado de una multitud de gente a los extrarradios de las urbes o a otros distritos que resulten más asequibles.

Recientemente el Gobierno aprobó un Decreto Ley para suavizar y corregir levemente esta situación, pero sigue sin proponer ninguna medida de gran calibre.

España sigue sin poner medidas ante las denuncias de la Unión Europea y las personas en la calle aumentan por momentos. Un futuro desalentador se aproxima si esta situación no da un vuelco de 180 grados.