Curemos nuestras heridas

A lo largo de mi carrera como coach he tenido la oportunidad de conocer profundamente a muchas personas. Algunas irradian energía desde el primer saludo y otras son menos evidentes, son personalidades que se esconden detrás de la timidez, la indiferencia o los conflictos. Lo cierto es que todos somos distintos, y desde nuestra posición debemos trabajar para saber cómo conquistar a nuestro entorno y fortalecer las relaciones a un nivel profundo.

Porque un buen relacionamiento es clave para el éxito.

En su libro “Cómo ganarse a la gente”, John Maxwell nos enseña una serie de principios que cualquier persona puede aplicar para mejorar y reconstruir esos lazos. Uno de esos principios es el del dolor, según el cual las personas, frecuentemente, hieren a los demás, y, son heridas por los otros, formando un círculo vicioso muy poco sano para las relaciones y el crecimiento personal.

John cuenta la historia de Tomás, un miembro de su congregación, quien durante siete años le envió cada semana una carta en la que criticaba ácidamente sus charlas. Luego de intentar sin éxito conectarse con este hombre, descubrió que su antecesor lo había maltratado, y eso creó un prejuicio respecto al vínculo que ambos entablaban. John tuvo que esforzarse para conquistar a su decepcionado oyente, y, aunque le costó tiempo y dedicación, los dos terminaron siendo buenos amigos.

En estos días viví algo similar con alguien cercano. Noté que la actitud de esta persona no era buena y que eso afectaba el relacionamiento con quienes estaban a su alrededor. Intenté conectarme y entendí que estas eran unas fechas especiales en las que notablemente estaba más sensible por la muerte reciente de un familiar querido y el alejamiento de otro.

La lección que nos dejan estas historias es que existen muchos individuos que alimentan heridas profundas difíciles de sanar y que esas personas generalmente hieren a otros. Cuanto más heridos están, más daño hacen a la otra persona, más daño reciben y más daño se hacen a sí mismos.

Por eso, quiero invitarte a reflexionar sobre este aspecto, compartiendo no solo las enseñanzas de John sino de otros grandes mentores de los que he tenido la fortuna de aprender: No contrarrestemos el dolor con dolor, ofrezcamos ayuda a las personas heridas extendiéndoles una mano para que puedan sanar. Y si sientes que eres una persona herida, trabaja en tus problemas para superar el dolor.

Viajemos ligeros de equipaje, despojémonos de los celos, las envidias, la falta de perdón y el egoísmo. Y si alguien estalla de ira frente a nosotros, perdonemos y sigamos adelante.

Perdonemos a aquellos que nos hieren ayudándolos a sanar.

Y curemos nuestras heridas para iniciar un año en paz con nosotros mismos.

  • Publicado en la revista FOCO del diario La Nación el 14 de enero del 2017