Maniquíes en venta. Vecindad del Centro Histórico de la CDMX.

Sci-fi en el cotidiano.

Recibimos las primeras referencias sobre la ciencia ficción a través de la literatura y sus derivados: cuentos, novelas, guiones para cine y televisión. Si bien la literatura es una suspensión del tiempo real, es innegable la influencia de la ciencia ficción en proyectos científicos, sociales e incluso políticos.


Lo que suponía una predicción positiva sobre un futuro esperado, una vida civilizada, regulada por máquinas o seres de diseño que nos ofrecían una promesa de excelente calidad de vida y longevidad, fue degenerando en una visión caótica donde la desesperanza y el fracaso del ser humano funcionaba como alerta sobre las consecuencias de vivir una vida artificial olvidándonos del interior de cada persona.

La insatisfacción, inquietudes y conflictos humanos son continuos, repetitivos a través de los grandes movimientos históricos, también nos lo ha enseñado la literatura y descuidar los anhelos humanos no nos asegura el triunfo como civilización.

En estos tiempos de deslealtad, desolación y corrupción, un cuerpo vale lo que un vehículo, un sueldo o un celular.

Ante edificios y tecnología inteligente, la misma masa humana nos ofrece depredación por hambre, ambición y por que puede. Los conflictos al que nos enfrentamos en este país, nada más por poner un ejemplo, sobrepasaron desde hace unos años a las instituciones que se encargan de regular y operar las leyes civiles.


Mi visión y opinión es desoladora, deseamos vivir en un mundo perfecto sin dejar de comportarnos como aves de rapiña. El orden que gobierna el mundo no puede hacer más por nosotros porque mientras no haya una desobediencia civil frente a esas leyes que oprimen, no se podrá crear un mundo nuevo.

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