Tiempo de reflexionar

Un año se va, otro año comienza y toca hacer el balance de este 2015 al que le quedan muy pocas horas de vida y pensar en lo que se espera de este 2016 que estamos por estrenar.

El año que ya termina comenzó con ilusiones: un proyecto interesante por delante, una casa que hacer nuestra y 365 días para aprender, disfrutar, reír y, en definitiva, vivir. Ha sido un año duro, donde la sangre, el sudor y las lágrimas han corrido y mucho para conseguir dar un gran paso adelante en lo laboral y replantearme muchas cosas en lo personal.

Aparecieron baches en el camino, que me hicieron tropezar, tener que levantarme, volver a caer y sacar fuerzas de donde creía que no tenía para alzarme una vez más y seguir caminando. Los golpes recibidos durante el año, que no han sido poco, sólo han servido para hacerme más fuerte y ser capaz de ver las cosas desde una perspectiva más adulta.

He afrontado miedos, decepciones y sobresfuerzos, saliendo airoso en todo momento, y siendo ahora una persona nueva, más madura, o eso creo, y que ha cambiado sus prioridades en esta vida. Ya no me interesa hacer aquello que otros quieren que haga. Tampoco me importa no ser aquél que otros quieren que sea. Cada día soy más yo mismo y, aunque aún queda un largo camino que recorrer, no hubiera sido posible si no hubiera tenido a mi lado a personas que han soportado todo el peso de mi cuerpo cuando creía no poder más.

He perdido mucho en lo que ya llevo andado, pero aquello que ha permanecido o que ha comenzado este año a formar parte de mi vida, se ha vuelto aún más importante. Las lágrimas derramadas, se han secado. Algunas cicatrices aún duelen, pero son heridas cerradas que, sin duda, cuando menos lo espere, serán meras anécdotas que podré contar con una sonrisa en la boca.

Y es que eso es lo que pido para este 2016: sonreír. Quiero deshacerme de aquello que no me aporte alegría, sea lo que sea y sea quién sea. Quiero seguir levantándome por las mañanas y tener a mi lado a esa persona que, todos los días, sin excepción, me hace reír y que da sentido a mi vida. Quiero elegir a aquellos que me hacen pasar buenos ratos, ya que los malos vienen solos, y no hace falta personas que te los traigan, como meros mensajeros de la desdicha.

No será fácil, y no pretendo que lo sea, pero es la actitud con la que espero recibir al nuevo año. Tenemos un lienzo en blanco delante de nosotros, dispuesto a que lo pintemos con los colores que deseemos, y os aseguro que, al menos yo, pienso llenarlo de colores alegres, olvidar los claro-oscuros de este último año y luchar para impedir que nadie intente darle pinceladas negras a estos 366 días que están por llegar.

Os deseo un muy feliz y sonriente 2016.

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