Días 2, 3 y 4 sin smartphone. Tentación, muerte y resurrección.

El martes se llama tentación. Segundo día sin internet en mi teléfono móvil. Arranco mi coche, salgo del garaje, enciendo la radio y me adentro en la jungla de la M-40. Suena una canción en la radio. Me gusta. Y mucho. ¿Cómo se llamará? ¿Y si enciendo Shazam solo durante un segundito? Nadie se va a enterar. Además, si no cazo esta canción ahora mismo puede que nunca vuelva a escucharla. No. Si te has propuesto algo tienes que cumplirlo. Vaya flojo estás hecho. Solo han pasado dos días y ya estamos así. Ya, pero es que cuando se acabe esta canción, ya está. Se habrá ido para siempre. Da igual. Lo que se dice se cumple y punto. Este tipo de cosas sabías que te iban a pasar. Tienes que aguantarte, vivirlo y escribir sobre ello. Sino, ¿qué gracia tiene esta mierda de aventura? Y no quiero oír hablar más del tema. Adiós bonita canción. Gracias por este momento. Ojalá nos volvamos a cruzar. Hasta siempre.
El miércoles se llama muerte. Son las 14:30 y estoy metido en mi coche, yo solo, dentro de la ciudad de Madrid. Tengo que llegar a una reunión a las 16:00 en Gran Vía. Misión muy desesperante pero posible de conseguir. Además, he aprendido la lección. Lo de ayer no me vuelve a pasar. Antes de salir de la agencia me he aprendido el camino a conciencia. Sé por dónde tengo que ir y he salido con mucho tiempo. Si llego antes me tomo un café en alguna cafetería y adelanto trabajo. Llegan las 16:00 y empieza la reunión. He llegado a tiempo, he conseguido aparcar y no he recurrido a Google Maps. Todo bien. Acaba la reunión, son las 17:15 y tenemos otra reunión a las 17:30 en el barrio Salamanca. Y aparece la muerte, la huesuda, vestida de negro, con su guadaña y su voz contundente. Se llama Yann Baudoin, es mi director general y me dice tajantemente. “Si no llegamos antes de las 18:00 nos cancelan la reunión. No vayas a ciegas. Ponle datos a tu móvil, enciende el GPS y sal corriendo. ¿Entendido?” Y como con la muerte no se negocia, obedecí, encendí los datos, escribí la dirección en Google Maps y llegué a la reunión a tiempo. Ya está. Se acabó. Certifica la defunción del experimento en el tercer día a las 17 horas 16 minutos. Asume el fracaso y vete a tu casa. Mañana será otro día. Pero bueno, míralo por el lado positivo, vas a poder… Cállate y conduce, anda.
El jueves se llama resurección. El que habría sido el cuarto día de este experimento amanece soleado, despejado, agradable. Llego a la oficina y le cuento a Paloma y a Begoña mi fracaso. Y con una lucidez aplastante, las dos me dicen. “No pasa nada. Tienes que volver a empezar.” Claro. Volver a empezar. Dios aprieta pero no ahoga. Y hoy, el señor me ha enviado a estas dos mentes lúcidas para enseñarme el camino. El de resurgir. Caerse, levantarse y empezar de nuevo. Renacer. Como el Valencia después de las dos finales de Champions. Como Pedrito Sánchez tras ser desterrado del PSOE. Pero aprovecha esta nueva oportunidad que se te ha concedido. No vuelvas a cometer los mismos errores. Tienes que escuchar a tus fans más críticos. Aquellos que te decían que usar un iPhone sin wifi ni datos era hacer trampas. Acabo de currar, llego a casa y me pongo a buscar como un loco por todas partes. Y después de 1 hora buscando entre cajones y cajas, aparece el amigo que me tenía que haber acompañado desde el principio. Un Nokia de tapa deslizante, con su cargador finito y su adaptador de tarjeta microsim. Me parece escuchar un coro de ángeles que celebra mi renacimiento. Ah no, era la noticia en la TV de que Podemos quiere quitar la misa de los domingos. No importa. La aventura continua. Vuelvo a empezar mis 21 días desde cero. Y que Nokia me esté ayudado a resucitar mi súper aventura tiene un puntito irónico que no está nada mal.
David Rodríguez, Director de Estrategia de Cheil España
