Vivir sin Smartphone, día 1.

Tu:hon x Cheil
Sep 3, 2018 · 4 min read

Primer día sin un teléfono inteligente. Aclaro, esta mañana no he conseguido encontrar un móvil viejo que creía tener en algún cajón de casa y he llevado encima mi iPhone 8 con los datos y el wifi apagado. Y no, no he hecho trampas en ningún momento. Palabrita del niño Jesús. Hecha esta aclaración, lo primero que hago al recordar este día es acordarme de un maravilloso texto de Don Julio Cortázar.

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Hoy por primera vez, he sentido que yo era dueño de mi teléfono móvil y no al revés. Hoy por primera vez, me he dado cuenta de lo exigente que es un smartphone y lo mucho que demanda de uno. Cada vez que vibre, mírame, te lo exijo. Cada vez que mi pantalla se ilumine, deja cualquier cosa que estés haciendo y mírame. Cada vez que algo vibre, sea lo que sea, vuelve a mirarme, por si acaso. O si no te amenazo con la exclusión social, el olvido y de última, la muerte en soledad.

Como hoy mi teléfono no vibraba y yo sabía que no podía ser él el que vibrase, he sentido una libertad muy placentera. Sé que suena un poco exagerado, pero es exactamente lo que sentí. Tener lo que se llama un teléfono inteligente es como tener un perro que quiere jugar a la pelota todo el tiempo. O como tener un hijo al que si no miras se pone a llorar desesperado. Es un cacharrito caprichoso al que malcriamos todo el tiempo. Y lo pagamos. Ya lo creo que lo pagamos. Como le malcriamos y nos amoldamos a sus normas, acabamos arrastrados por sus tentáculos. Acabamos siendo víctima de sus caprichos y sus costumbres. Y hoy, por fin, no ha sido así. Me he sentido libre de abandonarlo en mi mesa durante casi todo el día con la tranquilidad de que ya sonará si alguien me llama. Porque cuando alguien llama es porque el tema que quiere tratar es importante. Nadie utiliza Whatsapp para una verdadera urgencia. Y conviene no confundir lo urgente con lo importante.

También tengo que admitir que hay comodidades que no he tenido y he echado en falta. Como la de compartir un contacto por Whatsapp, como la de utilizar Google Maps para acudir a una cafetería a la que nunca había ido y donde había quedado con un amigo, como la de utilizar Siri mientras conduzco, como la de escuchar charlas en Youtube mientras voy de camino al trabajo, como la de recurrir a Google cuando no he sabido el origen y el significado de las palabras matrimonio y patrimonio.

Y por eso, hoy he tenido que dictarle un número del teléfono a mi novia para que llame a la peluquería de los perros, con la complicación de que no tenía donde apuntar. He tenido que aprenderme de memoria un camino después de mucho tiempo. Mientras conducía, no he podido utilizar el teléfono para hacer una llamada al no poder pedirle a Siri que hiciera ese trabajo por mí. He tenido que escuchar la radio en lugar de escuchar las charlas de TED (sobre todo de Rory Sutherland) que venía escuchando durante las últimas semanas. Y he tenido que esperar a llegar a casa para saber que el origen de la palabra patrimonio viene del latín y significa el oficio (-monio) del padre (patri-), mientras que matrimonio es el oficio (-monio) de la madre (matri-). El padre aporta dinero y bienes a la familia. La mujer, aporta hijos. Un curioso descubrimiento que bien merecía esperar unas horas.

Conclusión, sensación de alivio y libertad y pérdida de algunas comodidades, un tanto superfluas he de decir. Ese sería el balance que hago de mi primer día sin Smartphone después de años y años conviviendo diariamente con uno. Mañana, queridos lectores, hablaré de cómo es ir al baño sin el móvil y de cómo divaga mi mente cuando por fin la dejo aburrirse un rato. Nada más, veamos que nos depara el día dos de esta apasionante mega aventura del primer mundo.

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David Rodríguez, Director de Estrategia en Cheil España.

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Presentamos el blog de Tu:hon HUB, el departamento de planning de Cheil Spain. Si no estás de acuerdo o te incomoda lo que leas aquí, bienvenido.

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