Mamá Trash

Me llaman Lady. Cuando tenía unos veinte años; era Lady Trash. Siempre con cariño. Aunque deberían haberme apellidado Cloacal. Lady Cloacal y los mierders sería el nombre de mi banda imaginaria por esa época.

Me llaman Lady porque Hija de Puta suena muy violento.

Lady, en tono exclusivamente jocoso y burlón. No soy femenina. Ni en las formas ni en el fondo. De mi seudónimo, básicamente sólo me describen los apellidos. Casi siempre relacionado con excrementos o desperdicios. Cómo no!

De pequeña, “marimacho”; de preadolescente, “lesbiana experimental”; de joven, “facilona social” y de adulta, “infiel preventiva”. Lo tengo todo, papi.

Uso caretas que te focalizas en defender y exhibir, mientras encubiertas, se apoderan de las entrañas de tus entrañas las verdaderas caras, desde que tu cerebro es simple gelatina. Las verdaderas caras de la socialización y todos sus vicios.

Esa eterna niña ex Disney que sólo jugaba con coleccionables de su hermano o, en su defecto, trepaba árboles y veía a ojo de pájaro las calles de asfalto donde se hacían los picaditos… Esa, siempre termina cayendo en el patriarcado. A pesar de ser desleal a sí misma por ir contracorriente. Porque el mundo se hizo así. Follé siempre por rebeldía cristiana y no por placer.

Pasa el tiempo y sin quererlo, pasas de potencial mamá por el simple hecho de contar con un aparato sexual reproductivo sano y fértil, a una mami! Y no puede ser más cierto y más real.

El mundo siempre necesita ponernos rótulos. Algunos son felices con eso, y otros sólo queremos ser quien somos. Sin postureos 2.0. Me pasé la vida siendo personas que no era…buscando aquella que sí fuese… Pero esa nunca le caía bien a nadie. Te alienas? O simplemente te disfrazas dentro de tus posibilidades?

Estarás feliz que ya tengo mi adjetivo/sustantivo? Ahora soy ese “espíritu libre” que aborrecías en el cuerpo de una mamá 24/7. Muriendo de pena y gloria a la vez. De llantos y carcajadas que pagan las lágrimas. De posibilidades imposibilitadas por el deber matriarcal. No se puede ser madre no tóxica si se es egoísta.

Me sentaste la cabeza y cambié del amanecer a la tarde. Me adoctriné con el único fin de seguir siendo quien debería ser. Con mis nuevas cargas. Si. Pero sin títulos. No, gracias.

Me siento una carente madre de un niño cariñoso. Agradezco muchísimo que haya sido un niño. Sólo espero que no me sea perra la vida y me deje educar a un ser humano sano, libre, crítico y feminista. A ver si mis adicciones y yo nos los permitimos. Además de los más que abundantes dobles discursos, de hombres feministas que también son insalvables príncipes y he-men… No hacen más que caer en contradicciones. No te creas la pose, mi cielo. Que la pose te sea leve.

Fueron muchos años de listas… Listas de nombres, de colores, de calores, de caminatas, de vergüenzas, de alcoholes, de drogas, de grasas saturada, de malos olores.

Cambié esas listas por DIY’s, actividades con niños en días de lluvia, interminables picaditos en el parque, horas muertas mirando obras y grúas trabajando. Me hace feliz su felicidad. Y hasta que recupere la mía y pueda dar yo también, no pienso cambiar ese chute por nada del mundo.

No esconderé las duchas con culpa, sangre y llantos desgarrados como cualquier cutre novela de amores a torso desnudo, en los que si no eres correcta, eres indigna. No quiero idealizaciones. Quiero horizontalidad y entendimiento. Estamos demasiado condicionados a ser perfectos. No pienso perpetuarlo en mi propia casa. Con mi propio hijo. Frustrarlo antes de ser.

Mi personaje no cambia nunca profundamente. Mi personaje vive en un memento en el que nunca se tatúa el último tropezón. Siempre se vuelve a caer a los pies de las mismas piedras. Las últimas. Porque las primeras están tatuadas a fuego. Lo permitiré. Permito desde ya caídas. Porque siempre estoy ahí para darle consuelo. Lo único que puede darle una madre a un hijo además del amor. Consuelo. Porque dar advertencias te convierte en lejana y superior.

Son pedruscos que arrastramos exhaustos desde tiempos inmemoriales. Todos los padres eran perfectos. Error. Criamos adultos frustrados e impotentes. Y el que no se conforma con ese papel, en su intento de ser Dios destruye y arrasa. Esmaga..

Las cervezas de más, que evaden las caras secretas de la realidad, son un simple y merecido descanso.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.