El indignado de no indignarse

Por: Alejandro De Luca


Se puso muy de moda en los últimos tiempos en las redes sociales, foros y en todo el ámbito de Internet la nueva modalidad en la que alguien se indigna porque otro se indigna por una cosa, pero no por otra que el primero considera más importante.

Esta suerte de indignación por la hipocresía ajena (vista siempre desde nuestro no hipócrita punto de vista) es el dedo acusador que declara “vos te indignás por X, pero por Y no decís nada”.

Lo peor de esto es que parece no tener límite, porque siempre alguien encuentra algo más indignante.

Por ejemplo, una persona se indigna por la matanza de ballenas por parte de los japoneses en el Océano Pacífico, pero aparece otro que le dice que cómo puede ser que se indigne por eso y no por el maltrato a los animales aquí en Argentina. Pero salta otro que dice que este se preocupa solo por animales, pero por ejemplo, en África hay millones de niños desnutridos. Pero eso no es nada, porque aparece otro, indignado con este último, porque los niños desnutridos no hace falta ir a buscarlos al África, están aquí, en Argentina, en el Chaco. Pero claro, de esos no se dice nada. A lo que aparece otra persona que dice que cómo puede ser que alguien se indigne por los niños desnutridos del Chaco, si acá nomás, en el Conurbano bonaerense hay gente que no come. Y por supuesto, otro más indignado todavía dice que a la vuelta de la casa de este último hay familias que tampoco comen, pero claro, de esos no dice nada.

Y así sucesivamente.

Es muy fácil detectar al indignado de no indignarse. Acá, por ejemplo, Liniers, a quien tengo mucho respeto y me cae muy bien, se indigna de que nadie se indigna por la matanza de Kenya, pero si por la de Charlie Hebdo.

Y no puedo decir mucho yo mismo porque también he caído en indignarme por lo que se indignan los demás, al menos hasta que tomé conciencia del asunto.

Es muy difícil indignarse de algo que uno considera más indignante que otra cosa, sin caer en la demagogia.

En fin, que cada uno se indigne de lo que quiera indignarse. Y si a alguno le parece que indignarse por eso y no por otra cosa está mal, que se joda. Si lo quiere decir, que lo diga, pues tiene toda la libertad del mundo para hacerlo. Pero, al menos para mí, va a quedar como un pelotudo.