En Suspensión

15·02·17

Cuando miro mi casa tengo un atisbo de incomodidad, la superficie de los sillones se mantiene arrugada, de los últimos lavados en que la secadora estrujó cada una de esas fundas, no es que alguna vez los haya planchado, pero lucen particularmente arrugados, cada línea marca los pliegues de forma profunda, como si se estuviesen haciendo ancianos.

El mantel parece demasiado corto y los aguayos sobre los muebles demasiado asimétricos. Los hilos que cuelgan de las mantas parecen desprolijidades hechas adrede.

Creo que mi casa siempre lució así. Inquieta, y con vida, como si cada objeto estuviera reflejando el momento en que se habita.

· Me pongo de pie, corto los hilos, aliso las mantas y vuelvo a escribir ·

El arbolito de navidad todavía está sobre la heladera y ya corre mediados de febrero. Ayer fue San Valentín por lo cual unas flores blancas se lucen sobre la mesa.

La casa está en suspensión, sopla una brisa de punta a punta. Algo va a suceder pero aún no sabe qué es, lucha contra esa sensación, y se manifiesta rebelde, haciendo que sus colores se vean más brillantes y reclama atención desde la ubicación de sus objetos que parecen estar desacomodados por milímetros de los lugares a los cuales corresponden.

Hay cosas que no estan donde deben, que se imponen al espacio, pero las dejo ser. Las plantas actúan tristes, no quieren florecer, aunque un malvón desinteresado ya dió su tercera semana en flor.

Las vistas son preciosas, en un día como hoy, el cielo azul corre veloz junto a las nubes.

Mi cuerpo se fusiona con la casa, y el sonido de las chicharras en pleno verano la inundan.

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