Desde hace varios días tenía preparada una foto para publicarla hoy, la de los 11 meses de Abigail, Jamás me pasó por la mente que hoy lo que iba a escribir eran estas palabras:

Recuerdo que hace muchos años, cuando estaba en la escuela un compañero se burlaba de mí porque yo decía que mi papá era el hombre más inteligente de Nandayure; y aunque se seguía riendo yo lo seguía diciendo porque en verdad lo creía. Recuerdo también que durante mi infancia, cuando veía pasar un avión por el cielo lo señalaba y decía: “Allá va papi”, porque según yo mi papá iba ahí, según yo andaba viajando y haciendo cosas grandiosas, pero no, mi papá no iba sentado en el asiento de ningún avión sino que estaba en Limón trabajando en las bananeras.

Pa siempre fue muy breteador, cuando yo estaba muy pequeña se fue a Estados Unidos persiguiendo el sueño americano, supongo que le dolió irse, dejarnos a mami, a Bra y a mí viviendo en la casa de mi bisabuela porque en ese entonces no teníamos otro lugar donde estar, se fue a matarse trabajando con la esperanza de hacer dinero para nosotros, pero el sueño se le convirtió en pesadilla el día que el crucero en el que trabajaba de misceláneo se incendió y con él se le volvieron cenizas todas las pertenencias y las esperanzas; lo único que pudo rescatar fue una guitarra que aún la semana pasada andaba jalando para arriba y para abajo. Años después recuerdo haberlo visto en una bicicleta de aquellas altas y cachonas, con una valija inmensa amarrada atrás cuando decidió hacerse polaco; en esa bici recorrió San Pablo, Puerto Thiel, Los Ángeles, Porvenir, Zapotal etc, no sé cómo tenía aire para andar la seca y la meca con aquella valijona a cuestas y en una bicicleta sin marchas; pero lo cierto es que entre él y mami, que en ese tiempo pintaba uñas y cortaba pelo a domicilio, traían el sustento y en la casa nunca nos faltó nada. Esos fueron los años más simples y felices de mi vida.

Yo se qué hay anécdotas de años atrás en que yo aún no existía, cosas que solo mami y Breitner recuerdan, pero sin duda mis papás pasaron por mucho, lucharon hasta el cansancio para que mi hermano y yo tuviéramos lo que tenemos hoy, aún mis sobrinos y mi hijas tendrán que agradecerles algún día porque todo lo que lleguen a construir se habrá fundado sobre esas piedritas que mami y papi pusieron en la base de nuestra historia familiar.

Cuando uno es un Niño todo es más fácil y definitivamente todo es más lindo, todo es de colores, no existen los grises y los papás de uno siempre son héroes; pero todos crecemos y junto con la adultez llega otra forma más cruda y realista de ver a las personas que nos trajeron al mundo. Uno se da cuenta de que no son perfectos pero aún así continúa amándolos.

Hace unos meses papi se enfermó, aún no sabemos qué pasó en su cabeza, fue demasiado difícil y triste verlo en una situación en la que nadie piensa llegar a ver un ser querido. En mi casa lloramos, corrimos, y rogamos por ayuda con la esperanza de verlo salir de ese estado pero desgraciadamente mi papá, Don Rogelio Paniagua ya no volvió a ser el hombre que un día fue. Quizá algunos de ustedes lo hayan visto, tal vez alguno tuvo la oportunidad de hablar con él y supo de forma desagradable que la mente de mi papá se convirtió en un caos. Espero de corazón que en ese momento hayan entendido.

Hoy, que era el día en que esperaba celebrar los 11 meses de mi bebé encontramos a papi sin vida en su cuarto, no puedo explicarle a nadie el horror que se siente ver lo que vi y lo lento que son los ojos en entender que ya nunca más van a volver a ver una cara, los oídos en aceptar que ya no volverán a escuchar una voz y el corazón en dejar de retorcerse de tristeza porque otro corazón tan cercano se apagó para siempre.

Y comienzan los pensamientos y los reproches de que: “yo pude haber hecho tal cosa mejor”, “tal día debí tener más paciencia”, “aquella tarde debí servirle más budín”, “aquella noche debí seguirlo escuchando y no decirle que al otro día tenía que madrugar”, “pude haber sido una mejor hija”…

Hace casi tres meses que murió abuela Nina, y me he descubierto tantas veces lamentado no haberle preguntado más cosas, no haber escuchado más historias, nunca haber puesto cuidado en cómo era que hacía la masa para los tamales en Diciembre, y no me imaginaba que pronto también iba a estar arrepintiéndome de no haber echo lo mismo con mi papá. Así que aunque este consejo, de tan trillado que está ya parezca ridículo nunca dejen pasar ni un día sin besar a los que aman antes de irse al trabajo, sin desearle las buenas noches a sus seres queridos porque cuando uno menos se lo espera podría estar dando un último beso, un último abrazo.

Papi escribió este poema en Agosto de 1977, siempre ha sido mi favorito entre todo lo que escribió y hoy como homenaje a él quiero compartirlo con todo el que quiera leerlo:

“No sé cómo empezar y ya comienzo

fácil manera de entonar mi canto,

quiere escapar veloz mi pensamiento,

y por placer, no más, lo estoy dejando.

La tarde va cayendo lentamente

su manto gris ya todo va cubriendo,

un dardo cruel lacera ya mi mente,

y de mi alma triste escapa este lamento.

Ansío que discurra libremente

todo el pensar que de mi mente aflora,

y quiere mi alma evacuar ahora,

las dudas grandes que la acompañan siempre.

En realidad soy hombre confundido

y mi desgracia es vivir este quebranto,

quiero encontrarme a mi, más no he podido,

y mi cantar se torna en vivo llanto.

No sé en verdad quién soy ni a qué he venido,

a este mundo que todavía no entiendo,

más porque siento sé que estoy muy vivo,

y el sabor conozco bien del sufrimiento.

La paz no habita en mi existencia,

hace ya mucho que de mí se ha ido,

partió veloz detrás de la inocencia

que al convertirme en hombre había perdido.

Hace ya mucho que perdí el sosiego

y rara vez vislumbró una esperanza,

a veces siento envidia de los ciegos

y más aún del que vive en la ignorancia.

Él no vidente jamás podrá sentir

lo que se siente al mirarse en un espejo,

y con hondo sentimiento maldecir:

¡No soy nadie y casi soy un viejo!

El ignorante que del todo nada sabe,

en forma alguna le preocupa su destino,

vaga sin rumbo cual perdida nave,

no le preocupa un cruce de caminos.

Al pensar por tantas horas en mi vida,

y no encontrar de ella el cometido,

me pregunto muchas veces si sería

preferible mejor no haber nacido.

Cuando en mis noches de insomnio he deseado

a sangre y fuego escribir mi nombre,

la idea infeliz por suerte he desechado,

a Dios doy gracias pues aún sigo siendo hombre.”

Adiós papito, espero que Dios te haya concedido el perdón que tanto le pediste y que en este momento estés de nuevo con tío Diego, con abuelo Miguel y disfrutando de un gran abrazo de abuela Dominga.