Je renonce!
Desde que tomé la decisión de dejar el país de la liberté, fraternité et egalité he entrado en una espiral de abandono preocupante. Para empezar, he dejado de estudiar francés. Mi sentido práctico y mi sentido vago coinciden en que no es productivo dedicar más tiempo a algo que es muy probable que no use en el futuro.
¿Y cuál ha sido la consecuencia de esta decisión? Pues irónicamente, mi nivel ha mejorado. He dejado macerar el escaso vocabulario en mi cerebro y he tenido unas últimas experiencias de comprensión bastante interesantes.
A mi lista de éxitos personales tengo que sumar que he acabado de leer mi primer libro en francés. Se tituta Journal d’un chat assassin, un escalofriamente thriller sobre un gato psicópata que nada tiene que envidiar a Dexter. ¡Y lo pueden leer niños de cinco años!
Concretando fechas, he decidido que vuelvo a España el 28F, para que este año tenga Andalucía algo que celebrar. Pasaré un tiempo allí, en el que intentaré desayunar e ir de tapas lo máximo posible y después buscaré pastos más verdes.
Mientras tanto, en el trabajo, lo más novedoso que puedo decir es que hemos comenzado con un proyecto nuevo. Esta vez nos cambiamos la gorra de desarrollo de aplicaciones por la gorra de desarrollo de webs, y nos vamos a hacer una red social. Red sociales hay unas cuantas, pero esta tiene algo especial, claro, que ya comentaré; de momento adelanto que el ingrediente secreto es el cariño.
Casi siete meses han tenido que pasar para que ponga el pie fuera de Francés. Y los resultados han sido positivos, lo que me ha llevado a pensar que quizá me he equivocado de ciudad. El destino de la excursión fue Caen, una ciudad muy medieval de Normandía.
El índice de desdén por parte de los locales disminuyó considerablemente mientras que el de inglés subió unas décimas apreciables. Además tienen unos cuantos pubs ingleses/irlandeses. Pero lo más destacable sea quizás el concepto terraza.
En París hay terrazas sí, pero presentan dos indeseables características. La primera es la estrechez, habitual en restaurantes también. Parece que la idea de los dueños a la hora de colocar las mesas es desafiar los límites de la física. Yo soy la persona más cariñosa del mundo, pero que un desconocido invada mi espacio personal me incomoda ya un poco. Tengo un amigo de dos metros que vino a visitarme y realmente podía ir solo a los sitios y hacer amigos automáticamente.
La segunda característica es el miraparafuerismo. Las sillas siempre las ponen mirando a la calle. Como si estuvieses en un cine. Si hay muchas, las organizan en filas. Pero lo hacen en todas, no sólo en las terrazas con buenas vistas. En la mayoría puedes ver el tráfico y la gente pasar o el metro. Si vas con un amigo a tomarte una cerveza, le hablas de reojo, como si fueses un espía. He meditado bastante, pero no le encuentro explicación.
Pues bien, en Caen, muchos sitios tienen terrazas más razonables de acuerdo a mi punto de vista. Y ojo… ¡muchas tienen wifi! ¡Locura máxima! Esta grata experiencia me hace plantearme más visitas mientras esté a tiempo.
Por otro lado, para mí fue una sorpresa descubrir que la sanidad no es gratuita en Francia. Y lo descubrí por las malas. Cierto es que, dependiendo de tu situación y del caso, y con algunos papeles de por medio, puedes llegar a recuperar hasta el 100% del importe de la factura. Hablar de sanidad y de facturas en el mismo párrafo, para una mentalidad española como la mía, es raro y da miedo.
El caso es que estando en el dentista viví una de las situaciones más surrealistas de mi vida. Yo estaba tumbado, con la tensión propia que produce una limpieza, un babero y un aparato del infierno metido en la boca. En mi trance empecé a escuchar voces y fui vagamente consciente de que la chica de recepción estaba hablando con el dentista y con mi amiga especial, que me acompañaba en calidad de traductora.
Asombro absoluto al comprobar que lo que quería es que abonase la factura. Así que el dentista tuvo que parar su labor y yo, como pude, les pasé mi cartera. Por lo visto tenían un problema de administración tal que tenía que pagar inmediatamente y no podían esperar los 15 minutos restantes de mi operación. No pongo en duda que fuese verdad, estas cosas pasan cuando conviertes una clínica en una tienda. Como dice Espeonza, para ir al médico aquí hay que llevar dos tarjetas, la sanitaria y la de crédito.
Acabo con otro ejemplo de palabra francesa que suena a español viejo, que nunca decepciona. Si bien désolé es para cuando sientes algo, si estás procupado, dices inquiet.