Lavanda

Tenía frío así que se tapó hasta la nariz. Inspiró y el olor a jabón de lavanda de las sábanas abrió un desván de su memoria. Allí estaban su primera bicicleta, su colección de pegatinas de frutas y los dibujos con los que decoraba la nevera. De poco le servirían ya la bicicleta o las pegatinas pero pagaría por esos dibujos si siguieran valiendo para comprar los abrazos de su madre. Inspiró fuerte y aguantó el olor mientras recordaba los trazos irregulares, los locos colores, las proporciones imposibles. Había olvidado dibujar así, quizá por sus ojos, quizá por sus manos. Encendió la luz y buscó un papel. Después de un minuto supo que estaba impostando el dibujo pero aún así lo acabó. Apagó la luz y lo metió debajo de la almohada. Volvió a inspirar entre las sábanas y notó cómo el olor a lavanda se desvanecía. A pesar de la casa vacía y sus 70 años, esa noche su madre la abrazó en sueños.