
Anecdotario Callejero 1: Compremos
Estoy andando por la calle. Llevo todo el día en casa y me he decidido a salir a dar un paseo.
Joder es increíble que esté fuera, aunque, pensándolo bien, ya ha caído un poco el sol.
Soy el puto vampiro ese de crepúsculo. El pavo ese paliducho que va al instituto y tiene que ir por la sombra para no derretirse. Soy el vampiro ese pero versión desnatada; yo salgo al atardecer cuando cae el sol por perro, por levantarme tarde y por haberme quedado todo el día tirado en el sofá imaginándome un mundo mejor. Pero ahora todo da igual porque estoy andando por la calle y lo estoy contando.
Una mujer se acerca por mi misma acera. Su hija, de unos 5 años, la sigue de cerca. Va dando saltitos porque tiene 5 años y aún no siente el peso de esta sociedad enferma aplastándola y obligándola a arrastrar los pies. Es ágil porque tiene una buena postura corporal ya que el teléfono móvil no le ha creado una iJoroba todavía. Quizá le regalen uno a los 7 años, pero aún tiene 5 así que… tiempo al tiempo. Es feliz y la madre parece no saberlo. La madre va delante, forzando el cuello, mirando la pantalla del teléfono con el ojo izquierdo mientras que el derecho escanea el horizonte en busca de posibles obstáculos a sortear. Yo soy uno de ellos. Esta tía es un camaleón, en serio. Y su hija sigue dando saltitos, feliz, contenta. Vamos a cruzarnos.
Paso a su lado justo en el momento en el que la niña le da un tirón del vestido a la madre para reclamar la atención que sabe que no tiene. “Mama, mama”, dice la chiquilla. El camaleónico ojo izquierdo de la madre se orienta hacia ella. “¿Te acuerdas cuando el año pasado hemos comprado una película?” El uso incorrecto del tiempo verbal me da un puñetazo en la boca del estómago que me deja sin aire. ¿Pero cómo voy a culpar a la niña? Tiene 5 años y en estos 5 años claramente NADIE se ha ocupado de enseñarle que en este caso el pretérito perfecto compuesto no encaja y que con el simple ya hace. ¿Qué culpa tendrá la niña? Por el amor de dios. Mientras me alejo andando escucho a la madre contestar condescendientemente con un “Síiii…” desganado y tajante, y reparo en un detalle: A esta niña, que debe haber nacido entre el 2012–2013 como mucho, le parece algo totalmente notable el acto de comprar una película en formato físico. De hecho, lo guarda como un recuerdo relevante del año anterior. Como un puto highlight imborrable en su mente. “La vez aquella que compramos una película.” Igual esta niña cuando sea anciana atesorará ese momento en el que en la antigua década de los 10 (2010) su madre le compró un DVD, o un blu-ray en formato físico y fue una locura. Anécdota para los anales de la historia.
Pensándolo bien, creo que tiene mucho sentido, ya que esta niña sólo consume contenido audiovisual en modo online streaming vía plataformas de pago como amazon, netflix, hbo y tal y tiene lógica que sea un hecho notable el adquirir una película con su caja y todo. Me río.
Sigo andando por la calle. De repente, otro pensamiento me invade la mente. ¿Esa familia solo ha comprado una puta película en todo el año 2017?
Qué pobres.
