Filosofía con el puño alzado

Vengo de un barrio mostrenco como la Valle Gómez. El fútbol en mi vida fue una manera de salir de la miseria a la que someten las colonias populares del otrora Distrito Federal. El asfalto viscoso de la calle Mapimí era mi grama. Comencé mi carrera futbolística en los salones de clase de la primaria Felipe Carrillo Puerto. Poseo un palmarés impresionante en las cáscaras de frutsi, la variante del fútbol que se da en los templos pedagógicos cuando nadie ve a los estudiantes de primaria. Como era largo y espigado como un triste Quijote futbolista, mis amigos me llamaban Doctor Sócrates. Yo me imaginaba el número 17 en mi espalda porque me identificaba con el atípico Luis Roberto Alvez Zague, larguirucho de larga zancada, patas de avestruz.

Hijo del Lobo solitario, Zaguinho comenzó su carrera en el Corinthians. Es probable que el ahora comentarista haya visto al Doctor Sócrates en un entrenamiento, aunque es más probable que no lo haya visto porque Sócrates no iba casi nunca a las prácticas. Y es que, cómo dice la canción más bella que se ha escrito a un equipo de fútbol, ser corinthiano es ser también un poco más brasileño.

Sócrates Brasileiro Sampaio de Sousa Vieira de Oliveira, el Doctor, el barbudillo comunista, nació en un Brasil en el que la bota dictatorial desaparecía y mataba a sus opositores. Sócrates fue el factor que transformó a un equipo de fútbol para transformar a la sociedad brasileña. Democratizó al grupo para democratizar al país. La Democracia Corinthiana como una salpicadura de sangre que manchaba el orden impositivo de la dictadura. Salieron campeones del torneo paulista enarbolando un letrero que decía: Ganando o perdiendo, pero con Democracia. Llego a comprometer su salida del fútbol de su país a la Fiorentina por una enmienda democrática que al final no se aprobó. La Democracia corinthiana fue una democracia radical en la que se votaba por todo. Se educaba para votar, se les daba instrumentos para ejercer un derecho intelectual. El Sócrates griego sospechaba de la democracia como lo muestra el sexto libro de la República. La Democracia corinthiana no le hubiera hecho beber a Sócrates el griego la sicuta. 
 
 El día que Brasil perdió contra Italia en el mundial de 1982, los periódicos afirmaban que ese 5 de julio el fútbol había muerto un poco. Hay brasileños que se sienten más orgullosos de ese equipo ochentero que de los que salieron campeones con Romario y Ronaldo a la cabeza. Seis años después en el segundo mundial mexicano, Sócrates apareció con una banda en la cabeza en la que se leía México sigue en pie. Yo lo recuerdo, con bucles y barbado, no tenía ni idea de la filosofía, a mí lo que me gustaba era patear el balón.