Un pedagogo lee a Byung-Chul Han en el Estado de México y rompe a llorar

En tiempos de radical corrección política, la educación como la conocimos ya no tiene lugar, ni sentido porque ya nada tiene sentido. Los hombres dicen también sufrir feminizados por la metrosexualidad, las mujeres, a las mujeres hay que dejarlas con sus cosas para no interrumpirlas en su histérico y argüenderizado discurso. Los perros y los gatos, totemizados son la delicia de protectores y amantes de los animales. En estos tiempos la resistencia se pierde en las revoluciones digitales diarias. El nihilismo es un tsunami, que Nietszche anunció con alarma, y ahora se ha llevado todo, incluyendo a la forma de educación que conocimos. Hoy la educación es entretenimiento. 
 
 Si la educación está muerta, porque el cadáver del sujeto ya hiede, entonces todo está permitido. Se ha comenzado a desmantelar a las escuelas de las prácticas humanísticas, y no para priorizar el método científico riguroso. El alumno autoexplotado, aspirante perpetuo del emprendedurismo, y burocratizado en su hipermodernidad ya es, incluso en la educación pública, un cliente del Estado anémico que es menos ogro y menos filantrópico.
 
 Los pedagogos hiperactivos rompen con un golpe de kárate los paradigmas, que son las reformas educativas que ellos mismos proponen e imponen como soluciones a la que llaman una educación deficiente. Una hilera de paradigmas como tablas de madera enclenque se extiende hasta el infinito. Importa quebrantar el paradigma y no lo que la rotura significa y, además, hablan de enseñanza significativa.
 
 Rechazan el dataismo, que se confunde con la palabra dadaísmo, inmersos en el datismo. Los alumnos inmersos en las TICS son sometidos también a un exceso de positividad en donde se niega la negatividad, el misterio de lo humano. Es la estupidez esa de que se estudia para ser feliz. Como abejitas trabajadoras del enjambre digital, como en los sellos de los profesores tradicionales. El lenguaje empresarial convierte al profesor en coach y al examen de admisión a la universidad en casting. Las universidades privadas hacen del mundo glocal un aula inmensa para estudiantes turistas que, estudiando, se la pasan tan bien como en un comercial de Coca Cola. 
 
 El panóptico digital, también mira a la escuela que se avatariza para el mercado de las redes sociales. La escuela se disfraza y atiborra sus 10 meses de actividades de eventos que simulan aquello que se ha tenido a bien llamar educación de calidad. Sin embargo, la educación, educación así a secas, no se viraliza. 
 
 No imagino a un pedagogo traslúcido, apasionado, positivo hasta la náusea y de una ignorancia pornográfica con un libro de Byul- Chul Han. Esa estrella de las ventas de los best sellers filosóficos.