Miserable, Parte I

Qué miserable es la gente, qué miserable soy. Una caída y una sombra, un fantasma y una estatua. En el gusano naranja se proyecta la vida, una que no le interesa a nadie ni a nada. Una mujer sin dientes, gorda y con delantal, sonríe; un niño con las manos alzadas, suplica; un hombre camina dejando palabras en los muslos de su público. Todos ellos están esperando, pero aquí no hay esperanza.

Estoy mirando mi reflejo: un cuerpo inmóvil en constante movimiento. No pretendo desafiar las leyes de Newton ni la selección natural de Darwin, pero lo hago, todos los que estamos aquí lo hacemos. Tenemos fuerza aunque otro cuerpo no nos toque ni nos mueva y sobrevivimos aun sin ser los elegidos. Oh, Pantitlán, mi paisaje onírico.

¿Para qué tanto camino? ¿Para qué tantas organizaciones? Si la miseria es miseria por el bienestar de nuestro mundo. Protegida está, muy protegida está nuestra pobreza: Qué miserable es la gente, qué miserable soy. Una caída y una sombra, un fantasma y una estatua. En el gusano naranja…