Sueños truncados, vidas arrebatadas

El 15 de marzo de 2011, se desató en Siria el infierno. Su cultura e historia destruidas por una lluvia de bombas que ha reducido a escombros ciudades enteras y ha truncado los sueños de todo un país. Seis años después, las casas de sus gentes son ruinas, los muertos se cuentan por miles, una generación de niños sólo conoce la guerra y los supervivientes huyen, dejando todo atrás, del dolor, del miedo, de la muerte y la miseria.

Alepo, Siria

¿Se imaginan cómo debe de ser tener una casa, un trabajo, una vida y que de repente te la arrebaten? ¿Huir con lo puesto para salvar la vida? ¿Se imaginan lo duro que debe de ser para muchos padres y madres no tener que dar de comer a sus hijos? ¿Perderlos por el camino por culpa del hambre, el cansancio, el frío? ¿Cómo será la vida de los supervivientes después de conocer el infierno? Espero que no tengamos que vivirlo nunca.

Quizás no podamos acabar con la guerra en Siria, pero sí podemos acabar con el sufrimiento de todas esas familias, que pese al riesgo que corren, deciden embarcarse en barcazas sobrecargadas, con chalecos salvavidas de pega, en busca de esperanza. Son médicos, abogados, ingenieros, estudiantes… Son niños, mujeres y hombres. Son personas, seres humanos, como tú y como yo. Y les estamos dando la espalda.

“Para que este mar sea seguro para ti, la tierra tiene que ser un infierno”.- Oscar Camps, fundador de la ONG Proactiva OpenArms.

Ver imágenes de Siria arrasada, del exilio de familias enteras, de cuerpos de niños que el mar se tragó en su intento por sobrevivir… es algo que encoge el alma. Pero más revuelve por dentro ver como en Europa, donde se nos llena la boca con halagos sobre lo tolerantes y solidarios que somos, nos dedicamos a construir muros y a hacer políticas para evitar acoger a todas esas personas. Somos tolerantes y solidarios, pero solo con los nuestros, ¿no?

¿Cómo puede haber alguien a quien no se le escape una lágrima al ver la cantidad de niños que están sufriendo los estragos de una guerra que dura ya seis años y no parece que vaya a acabar? ¿Cómo alguien puede preferir que mueran en el mar antes de que su país les acoja? ¿Cómo alguien de verdad puede creer que son una amenaza? ¿Lo éramos los españoles para los franceses cuando huíamos de nuestra guerra civil?

El conflicto Sirio (como otros muchos en África) ha provocado un éxodo y ha puesto a Europa a prueba. No soy quien para juzgar a nadie, pero mi opinión es que la respuesta del viejo continente, cuna de la civilización y de los valores democráticos, ha sido nefasta. Lejos de comulgar con los valores que se predican, se ha generado un auge de racismo y xenofobia, los prejuicios y estereotipos se han asentado en una sociedad que, tristemente, no es capaz de mostrar empatía y es cada vez más egoísta.

Sin embargo, quiero pensar que no son mayoría y que algún día, el resto nos plantaremos, decididamente, y acabaremos con el odio y el miedo y haremos entender que la nacionalidad de cada persona no otorga o recorta derechos, que todos tenemos el derecho a una vida digna y a ser acogidos cuando nuestras vidas corren peligro. Sólo espero que, cuando eso ocurra, no sea demasiado tarde, para Siria y para Europa.

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