Cosas de la muerte que ignoraba.

Hace poco, asistí a una charla donde nos explicaban qué pasaba con la vida, después de la muerte.

Particularmente, la muerte me resulta fascinante, por el simple hecho de ser lo único seguro que tenemos. Más allá del panorama que siempre nos han platicado los sobrevivientes o renacidos que han atravesado ese túnel profundo y lleno de paz en que existe una luz cálida y llena de amor, tenia la idea de que algo hay algo más y ahí me lo confirmaron.

Hablaron del proceso de la vida, el funcionamiento de los órganos y de como hay una partícula que almacena toda la información de nuestra vida, curiosamente no se hospeda en el cerebro, sino en el corazón.

Ahí, describían, las personas rescatadas del ahogamiento, narran que pasa su vida en un instante en una especie de proyección. Tiene algo de cierto.

Al momento de morir, todos los capítulos de la vida se van reproduciendo y aprendemos de ello. Nos lo llevamos como aprendizaje para vidas futuras. En esencia es la experiencia que elegimos vivir mucho antes de nacer.

Una vez que hemos analizado la vida, los deudos, que siguen en este plano, deberían de conservar la calma para no distraer a las almas en su aprendizaje y análisis de información de vida.

Si el momento es propicio y es posible pasar al purgatorio, en donde la sensibilidad, al no estar limitado físicamente (o distraído por el mundo fisico) la sensibilidad y la conciencia se extraman, haciéndonos sentir por un período de una tercera parte de nuestra vida, todo aquel daño que hicimos inconsciente o conscientemente se experimenta en un grado tal que bien le hacen llamar purgatorio.

Los asesinos, por ejemplo, experimentan el dolor que han provocado y eso quiere decir que tanto con la víctima como con los deudos, quedamos en paz. Todo ese sentimiento de miedo, angustia, desesperación, tristeza, tortura si la hubo, y pavor, son sentidos con tal viveza que nos recuerda qué es lo que no debemos hacer si hemos de regresar.

Nos hablaron del suicidio, en el que la persona que se quita la vida, se queda en el plano actual -como sea que se llame- indudablemente hasta que su tiempo programado termine. Si alguien decide atentar con su vida, a los quince años y viviría cien, se queda ochenta y cinco años aquí, esperando su turno para iniciar apenas el purgatorio, eso si, con la imposibilidad física de ayudar a sus cercanos. Lo mejor, recomiendan, es mandarles pensamientos agradables para que su tortura no sea tan pesada. Despues de ese tiempo, inicia el purgatorio. Es posible que no queden ganas de seguir quitándose la vida por cosas que al final siempre pasan.

Una vez mas, moriremos después de ser purgados. Con nuestra cuenta en ceros, atravesamos por una segunda muerte que nos lleva al “cielo”. Independientemente de nuestros gustos o aficiones estos se verán reproducidos en una abundancia tal que para nosotros será lo más hermoso, músicos, sentirán las vibraciones de las notas con una sensibilidad tal, escritores o científicos tendrán a su alcance las más magníficas obras para ser disfrutadas, si su aficion es la pintura, los colores más maravillosos serán descubiertos… todo depende de que consideremos para nosotros digno de nuestro cielo.

Hablaron además de los apegos. Y de como por “inmadurez” no podemos ir subiendo de nivel en tanto no aprendamos que las cosas terrenales se deben de quedar aquí.

Si el alcohol es tu problema, desearás con vehemencia estar alcoholizado, sin embargo, tendrás poco éxito pues ya nada se puede hacer sin la ayuda de lo físico. Aprenderás que todo eso es mundano.

Sólo queda esperar. Ver la vida con otros ojos, que al final de ella, nada nos llevaremos… absolutamente nada. Si no recuerdos. Hasta que, decidamos volver…

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