Lo que eres

En un reinado muy lejano de aquí, donde a veces hace frío helado, otras calor sudado, estaba un joven recostado en su cama, veía las cortinas moverse por el viento y escuchaba debilmente como los animales se movian en el bosque que era su vecino, aburrido de todo eso movió su vista al techo, negro este y pocas eran las diferencias que tenía con el cielo, y pocas eran las diferencias que nuestro joven tenía con cualquier cabellero de cuentos de hadas, pues, he aqui el problema señores, el joven era considerado el más bonito de todos en aquel reinado lejano, se decía que al nacer su madre lo tenía siempre en brazos y no dejaba que mucha gente lo vea, su hermano incluso lo consideraba un tesoro que guardar, aveces, otras veces decía que su belleza era algo que el mundo tenía que ver y lo obligaba a salir, el joven salía de vez en cuando pero, cansado de que oto aquel que lo viera lo revenciara, se quedara con la boca abierta o sencillamente se desmayara eligió quedarse dentro de su casa. Él sabía que los demás los veían bello, hermoso, deseable pero él no podía ver los mismo al verse, cada vez, parado frente al espejo se veía y no veía menos que un joven en cuyo cabello negro medio largo y despinado reposaba una corona fina cono si fueran dos enredaderas trenzadas, el no se veía como las demas personas lo hacían, no encontraba lo especial que todos le encontraban.

Sus pensamiento siempre se los había guardado para sí pero un día decidió contarselo a una cortesana, como su segunda madre lo paro frente a un espejo por horas y fue señalando cada uno de sus atributos, un cabello brillante, unos ojos chispeantes cual estrellas, unos brazos no musculosos pero útiles, unas piernas que servían para socorrer a cualquier que necesitara ayuda, dientes blancos y bien ordenados; cada cosa que ella nombraba no provocaba otra cosa más que risa en el joven, ¿cómo era posible que ella viera todo eso mientras que él veía solamente a un jove?, su cabello siempre despeinado, sus ojos era pequeños, sus brazos no servían como los de su hermano, sus piernas si servían para correr pero no por mucho tiempo, sus dientes estaban bien pero había visto mejores, he aquí la cuestión que fue pensada y hablada: había visto mejores, en sus paseos por el reinado había visto damiselas que, con el perdon materno, encontraba como sublimes esculturas sacadas de la Grecia misma, muchachos que al pasar desprendián un aura de confianza y fortaleza que él no sentía tener.

Tu autoestima esta baja-, dijo una mujer frente a él que poco veía pues sus manos estaban en el rostro del joven, ¿cómo llego ahí?, la cortesana poco pudo hacer para ayudar y fue a pedir ayuda al hermano del joven y este pidió ayuda a una pitosina cercana-, no te crees digno de llevar esa corona, no ves lo especial que eres. Tengo una idea para arreglarlo, vete y llama a tu cortesana- quito sus manos de él y por poco lo hecha del lugar.

No fue sino a bien entrada la tarde que se enteró de la situación: una fiesta en dónde cada doncella estaba invitada con dos motivos: uno decirle lo hermoso que era y la segunda era la esperanza de que el joven encontrara esposa. Así llegó la noche y todas las doncellas estaban paradas en fila india esperando su turno, las había de todo tipo y cada una de ellas tenía estudiado los que diría.

La tarea era complicada ya que l joven cuestión le burría sobre manera esa clase de cosas, sentado en la silla se sentía expuesto y sus ojos nunca se detenían en un sólo lugar, iba de las arañas del techo, a su perro amigo deborando la cenas, los ojos de su madre siempre hablando animada con alguien y quitandole una sonrisa, su hermano revisando la fila en busca de quien sabe que, el exterior, la Luna brillando, la forma del bosque en la oscuridad, tenía muchas distracciones y no podía concentrarse en el punto de aquella fiesta, punto que le parecía absurdo.

Pasó la primera doncella y le dijo “usted es hermoso porque llevas ropa bonita” a lo que el principe miró sus ropajes y se encogió de hombros, encontraba las ropas de su padre mejores; la segunda “es hermoso porque piensa como ninguno” usando como punto el ingenio increible que el joven poseía; la tercera “es hermoso porque esta sentado con propiedad”; la cuarta “ es hermoso porque no hace ruidos al dormir” esto trajo algunas exclamaciones y preguntas de como sabía aquella doncella eso.

Y así siguieron desfilando todas ella diciendo que le veían de hermoso al joven. Al final el joven debió elegir tres de ellas por simple azar, la primera dijo “es hermoso porque su belleza podría rivalizar con la de Narciso”, la segunda “es hermoso porque es imperfecto, tiene errores pero sabe hacerlos lucir” añadió un guiño que el joven no supo muy bien como interpretar; y la tercera “puede que no se vea hermoso, eso es porque se esta viendo por fuera, si mira por dentro entenderá que es francamente hermoso como ninguno”. Las doncellas esperaron la decisión del joven que se tocaba la barbilla con iare pensativo y espraba que las estrellas, que tanto había visto, le dieran la respuesta. Pero ellas no hablaron, estaba solo esta vez.

Se quedó callado un tiempo más, le gustaba el suspenso y casi se podían escuchar los tambores que siempre están antes de una gran decisión, los pies de las doncellas se estaban cansando de estar paradas y una de ellas estaba por gritarle al joven. Pasaron minutos y, sólo cuando todos se cansaron ya de esperar, el joven dijo que quería oir un motivo más de las tres doncellas frente a él. Todos y sin faltar uno solos suspiraron de resignación, las doncellas se miraron entre sí asustadas, sólo habían preparado una cualidad. Entonces un de las muchachas le dijo al joven que se parara para que pudieran verlo mejor, completito de pies a cabezas, él accedió contento, la noche pasó de ser aburrida a entretenida. No había querido entrar en ese juego pero descubrió que era él quien podía las reglas. Desfiló ante ellas unos minutos y luego, “bien, soy todo oidos” y con eso los murmullos de todos cesaron.

El joven, sonriendo burlón, agregó que las doncellas debían susurrale al oido el porque lo creían hermoso, una de ellas lo acusó de embustero porque esos detalles nunca le fueron dichos, otra quedo roja como un tomate y la tercera miró al suelo.

Entonces pasó la primera, acercó su rostro al joven esperando que este se percatara del delioso perfume de flores silvestres que llevaba, le susurro “eres hermoso porque eres una bomba” y el guardia que cuidaba que ninguna cosa fuera de lugar se dijera, se alarmó y gritó a toda voz que la doncella tenía una bomba oculta y todos gritaron y los más asustadizos corrieron buscando auxilio. Todo se aclaró los más rapido posible, y fue turno de la segunda doncella “eres como una rosa que crece entre el fango, y que, por contagio, hace hermoso al fango” el príncipe le sonrió ampliamente. La tercera doncella habló pero el joven no escuchó, sus ojos estaban fijos en otra cosa.

Entre todas las personas que había, una doncella le llamó la atención, sentada y con cara de nada como si todo aquello le aburriera, entonces el joven recordó que no la vio antes, eso quería decir que ella no le había dicho porque era hermoso. Y sin decir una palabra caminó hacia ella, al acercarse vio que llevaba un vestido color rosa y que sus ojos eran celestes como el cielo. La miraba y no pudo evitar pensar que era hermosa, entonces le preguntó porque no había desfilado junto con las demás, ella respondió “no puedo responder porque no lo conozco” el joven sonrió y se sentó frente a ella, le preguntó porque entonces estaba allí y rio cuando ella contesto “acompaño a mi madre”, el joven le hizo más preguntas y ella las respondió y formuló otras. Así pasó la noche y cada uno de los invitados se fueron yendo a sus casas, las doncellas que el joven dejó en el olvido se fueron enfadadas. Las horas pasaron y ella se dio cuenta de que ya nadie estaba en la sala, tan sólo ellos dos. Y ante el público que formaban las estrellas y la luna y el silencio, el joven se ofreció para acompañarla a casa.

-¿No puede siquiera decir una cosa que creas hermoso en mí ahora?- le pregunto frente a la puerta.

  • Todo lo que ella dijeron esta en los cierto- susurró esta-, bueno, al menos la mayoría- se rectificó sonriendo y recordando la bomba.
  • Escuché a todas ellas, pero quiero escucharte a tí, casi ni me hablas.
  • ¿Qué quieres que diga?
  • ¿Porque todas ellas están en lo cierto?
  • Por el mismo motivo que me da lo cierto a mí cuando digo que eres fuego.
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