Arena

¿Por qué se le ocurrió que ese cielo era implacable? Estaba super azul, pero la verdad es que con unas pocas nubes, es decir, con un ligero cambio de viento, ese cielo perfectamente azul podría ser aplacado, suavizado, disminuido. EL celeste grisáceo era menos que ese saturado y prácticamente uniforme que se reflejaba en el agua. No había viento y las gaviotas no hacían las gracias del día anterior, ese agitar las alas en contra del viento para buscar altura y luego dejarse arrastrar.

Lo miró y le dijo “lo verdaderamente implacable es la arena. Todo el departamento esta lleno de arena. Me baño y siento la arena, en el piso que esta siempre sucio, en el agua que parece granulada. Los churros que comemos tienen arena en lugar de azúcar y la bombilla del mate esta llena de granitos mugrientos. No podemos escapar de esta arena y tengo miedo de que nos siga hasta casa, voy a tener que limpiar como una condenada para poder sacarla”.

La miro mientras fumaba, había algo de lastima en esa mirada una forma de decirle o implicar que ella no podía, no entendía su profundidad ni tampoco la del cielo, que su vida era trivial, terrenal, pensando sólo en cómo limpiar la arena.

Pero juguemos, definamos las cosas, asignemos papeles: él era ese cielo cambiante, a veces azul vibrante, pero la mayor parte promedio, mediocre, gris deslucido, desaturado.

¿Quién tomaría el papel de la arena en la vida del otro cuando todo esto hubiese terminado? Alguno de los dos habría de convertirse, habría de adoptar la implacabilidad de la arena en la memoria del otro.

Cuando uno ha vivido un poco sabe como reacciona ante la perdida, sabe cuáles son sus mecanismos de defensa, sabe cuanto puede tardar en recuperarse de algo, sabe que todo pasa en un lapso mayor o menor del tiempo.

Ella lo sabía, ella, aunque sufriera porque la posibilidad de diálogo y de discusión le habían sido negadas, sabía que tarde o temprano, tal vez esta vez un poco mas tarde que temprano, podría hacer las mismas cosas que hacían juntos sin sentir resistencia de pasado. Por eso sintió un pequeño triunfo cuando supo que el aun no podía volver al mar sin pensar en ella, el mar que era tan importante para él, estaba marcado por su presencia, por su ausencia, “su ausencia lo rodeaba como el mar al que se hunde”, ella era el mar y el se ahogaba. Era la arena que llena todo, como si su papel con el mar hubiese cambiado y fuese ella la que tiene una marea que sube y baja pero nunca para.

No hay realmente crecimiento cuando uno se alegra porque el otro no lo pueda superar, pero a veces se siente como justicia poética: aunque sea por un instante, te vas a alegrar, vas a sentir la caricia hermosa, la libertad, de ser la arena.

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