Apuntes sobre la tercera ola neoliberal en la Argentina

por Emmanuel Rossi (Equipo Concejo del Bloque Ciudad Futura) y Franco Ingrassia (Universidad del Hacer)

El retorno de la derecha al gobierno en la Argentina conlleva una serie de innovaciones (estratégicas y comunicacionales) entrelazadas con elementos profundamente regresivos y reaccionarios (económicos, sociales y culturales). Presentamos en las líneas que siguen un aporte a la comprensión de Cambiemos: su composición política, el bloque de poder socioeconómico que expresa, el proyecto de país que encarna, el modo en el que opera y los retrocesos sociales y económicos que han producido hasta ahora. Sumamos además una lectura del corriente año electoral como momento clave en la definición de la posibilidad de la continuidad de esta tercera ola neoliberal y algunas hipótesis políticas sobre cómo contribuir a la lucha contra el neoliberalismo desde las ciudades.

01. Quiénes son

El 10 de diciembre de 2015 sucedió en Argentina un hecho inédito. La derecha llegaba al gobierno por primera vez, sin recurrir a la violencia golpista ni a la traición de un candidato proveniente de un partido popular.

Combinación de determinadas formas innovadoras con algunos de los objetivos más reaccionarios de las clases dominantes argentinas, el gobierno de “Cambiemos” inaugura una tercer oleada neoliberal en la Argentina, luego de la impuesta por la última dictadura militar (76–83) y la iniciada a fines de los 80 con los gobiernos de Menem (1989–1999) y el bienio fallido de De La Rúa (2000–2001).

Políticamente, Cambiemos es una coalición entre el PRO -el primer partido de la derecha argentina del siglo XXI, quienes aportaron fundamentalmente los candidatos y las técnicas de marketing que organizaron la campaña-; la Unión Cívica Radical -el partido existente más antiguo de la historia política del país, de orígenes populares pero claramente orientados desde hace décadas en la derecha, quienes aportaron cierta territorialidad de la que el PRO carecía completamente fuera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires-; y la Coalición Cívica -un pequeño partido-instrumento de la mediática dirigente Elisa Carrió, denunciadora serial que pasó de gritar a los cuatro vientos que Macri era un empresario corrupto a aportar la pátina de ‘legitimidad republicana’ a la coalición triunfante.

Pero quizá más importante que su composición política sea analizar el bloque de poder que esta coalición expresa: se trata de buena parte de los sectores más concentrados de la economía: el capital financiero (principalmente, la banca extranjera que opera en el país), los agroexportadores (cerealeras y grandes productores de soja, trigo y maíz), los medios de comunicación hegemónicos (Clarín y La Nación); las grandes empresas (multinacionales, empresa de servicios privatizados, energéticas, exportadores).

Se trata de un bloque dominante que deja fuera (de su proyecto de país, de la capacidad de mejorar sus vidas) a más del 90% de la población: trabajadores formales e informales, sectores medios, comercios y pymes e incluso todo tipo de empresas ligadas al mercado interno.

02. Qué quieren hacer

A nivel del proyecto político-económico sustentado por Cambiemos es que encontramos la menor cantidad de innovaciones. Se trata, como decíamos, de la tercer oleada neoliberal. El horizonte fue expresado por el mismo presidente Mauricio Macri en un acto ante productores agropecuarios: “El gran desafío es convertirnos en el supermercado del mundo”. Teniendo en cuenta que toda la cadena agroproductiva sólo explica el 18% del empleo total del país, queda claramente delineado lo excluyente del proyecto.

El proyecto neoliberal implica una profunda reducción del “costo laboral” (los salarios) medido en dólares, presentada como una “flexibilización laboral” orientada al aumento de la “productividad” (que sólo se enfoca desde la reducción del costo, nunca desde la incorporación de tecnología y conocimiento al proceso productivo), una inserción en el mundo subordinada a los intereses de los Estados Unidos (sean cuales sean esos intereses en este panorama mundial cambiante) y una máxima “libertad de acción” para que los grupos económicos locales más concentrados puedan articularse como segmentos de unidades de negocios globales.

Se trata de un proyecto donde el desarrollo del mercado interno no juega un papel preponderante, los salarios y otros tipos de ingresos de la mayoría de la población son considerados costos a reducir de modo permanente, el consumo se efectiviza a través de la importación y no de la producción local y el Estado se circunscribe a las funciones represivas o mínimamente asistenciales que garanticen la gobernabilidad de una sociedad crecientemente desigual.

03. Qué hicieron hasta ahora

En poco más de un año de mandato, Mauricio Macri -contradiciendo sus promesas y sus pronósticos de campaña- logró desmejorar todos los indicadores económicos. El Presidente llegó con la supuesta misión de bajar la inflación, pero la incrementó (alrededor de 15 puntos porcentuales comparando 2016 con 2015), y reducir el déficit fiscal, pero también lo aumentó. Además, prometió “pobreza cero”, pero desde su llegada al Gobierno la pobreza creció, acompañada de la indigencia, el desempleo y de la baja del poder adquisitivo de las grandes mayorías (a raíz de que la inflación del año pasado fue superior a todos los acuerdos paritarios, siendo peor la situación para los trabajadores informales).

Asimismo, continuando el enclave neoliberal, el endeudamiento se incrementó exponencialmente, convirtiéndose en el principal mecanismo de financiamiento (para no decir el único). Argentina, en 2016, fue el país del mundo que más deuda tomó, y esa masa de dinero solicitada en el exterior fue la mayor de la historia de la Nación en tan breve período. Este mecanismo fue utilizado para afrontar el pago a los fondos buitres, la fuga de divisas de los grandes capitales y el déficit de la cuenta corriente.

Éste es el contexto económico en el que se enmarcan todas las políticas impulsadas por Cambiemos. Las medidas de ajuste, como era de prever, repercutieron en todos los ámbitos. La pérdida del poder adquisitivo golpeó el mercado interno generando caída de ventas y menor producción en múltiples áreas. Y la apertura de importaciones vino a agudizar la crisis, provocando cierre de fábricas, mayor desempleo y, por ende, menor consumo interno, consolidando el círculo vicioso.

En tanto, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) decretó la recesión del país el año pasado.

A esto se suma la intensificación del accionar represivo del Estado ante la protesta social que tiene su mayor punto de cristalización en la detención arbitraria de la dirigente social Milagro Sala realizada por orden del gobernador oficialista de la provincia de Jujuy, Gerardo Morales. Esta detención, que ya lleva más de 400 días, se convirtió en un escándalo internacional y fue denunciada por la Organización de las Naciones Unidas, el secretario general de la OEA, la CIDH, Amnistía Internacional y el amplio abanico de organizaciones de Derechos Humanos del país. Se trata de un caso testigo que demuestra la predisposición de la alianza gobernante al desdibujamiento de los Derechos Humanos como criterio límite de defensa de las personas respecto del poder estatal.

Para este 2017, el comienzo de clases en las escuelas se ve amenazado, a raíz del escaso aumento salarial ofrecido a los docentes (18% en la provincia de Buenos Aires, que el Gobierno utiliza como ejemplo de disciplinamiento, ya que se rehusó a realizar una paritaria nacional). Los medicamentos empezaron a faltar en los hospitales y en la obra social de los jubilados (PAMI). Asimismo, se realizó un drástico recorte en Ciencia y Tecnología y en otras áreas sensibles, como la destinada a programas de lucha contra la violencia de género. También se puso fin a planes flexibles a tasa subsidiada para la compra de viviendas, se eliminaron las cuotas sin interés para bienes de consumo, y se incrementaron fuertemente los valores de las tarifas de luz, agua y gas. Todo esto en el marco de una fuerte suba del precio de los alimentos, que golpea aún más a los sectores de menores recursos. Pero no todos pierden con este modelo: Los grandes exportadores, el sector agrario y el capital financiero son los beneficiarios de la administración Macri. Porque “el cambio” cuenta con un proyecto concreto y está siendo llevado a cabo, sin errores, sólo con algunos contratiempos.

04. Cómo operan

En este contexto, es lícito preguntarse cómo el Gobierno argentino pudo cristalizar todas estas políticas en detrimento de las grandes mayorías sin padecer mayores inconvenientes. En primer lugar, la generación de un nuevo relato, basado en el estudio de las deficiencias respecto del discurso de la administración anterior, sentó las bases para el avance del proyecto político. La creación de nuevas “fuerzas ficticias”, necesarias para gobernar, han apuntalado a Mauricio Macri, amparado, además, en la típica “primavera” que trae consigo toda nueva gestión. Desconfianza en el Estado, en la política, en la militancia, en lo público y, por contraposición, una valorización destacada de lo individual, el mérito, la técnica, la competencia y el afán de lucro provocaron justificaciones a las prácticas que buscan consolidar cada vez más una hegemonía que permita profundizar el modelo de país.

A su vez, este relato, anclado en el más reaccionario sentido común y sobre la estrategia de culpar constantemente y por las cuestiones más diversas al Gobierno anterior (“la pesada herencia”), es potenciado desde los grandes medios de comunicación, aliados intrínsecos de la administración macrista. En ese sentido, el discurso del poder tiene como misión imponer su verdad como verdad de todos, buscando borrar los intereses particulares de los sectores sociales. Al respecto, el macrismo trató (con éxito relativo) de hacerle creer a las grandes mayorías que, durante la administración anterior, vivieron por encima de sus capacidades (como expresó Javier González Fraga, actual titular del Banco Nación) o que vivieron “en un mundo de fantasía” (como aseveró la Vicepresidenta Gabriela Michetti). El objetivo es claro y concreto: disminuir la reacción provocada por la flagrante pérdida en la calidad de vida de la población.

En tanto, la construcción de la hegemonía macrista cuenta, además, con aliados que han hecho que las políticas del Gobierno -a pesar de tener minoría en el Congreso- avancen sin mayores dificultades. Centrales obreras como la CGT, un sector del peronismo y la condescendencia de amplios espacios de la oposición también han colaborado -hasta el momento- en la concretización del proyecto oficial.

Asimismo, Mauricio Macri, según lo develó su propio Ministro de Educación Esteban Bullrich, aplica una estrategia para imponer medidas que de cara a la sociedad no tendrían la mayor chance de llevarse a cabo. La estrategia consiste en lo siguiente: lanzar, de manera concertada, una batería de medidas de modo tal que la agenda no pueda concentrarse en todas. Si algunas generan escándalo, el Gobierno vuelve sobre sus pasos (aduciendo que “fue un error”) y las otras avanzan, “tapadas” por el escándalo (y el respaldo mediático). Tiempo después, se vuelven a impulsar las medidas que no avanzaron junto a otras nuevas para repetir la misma ecuación. Desde el propio Gobierno confesaron esta estratagema de manera explícita (y la calificaron como “poco atacable”), en una conferencia que quedó registrada en un video que se viralizó en las redes.

En este sentido, el anclaje de un nuevo relato, la cobertura mediática, el apoyo irrestricto de los grandes grupos económicos, sectores opositores condescendientes o fragmentados y políticas “ocultas” son algunas de las herramientas que utiliza el macrismo para imponer su modelo neoliberal que, ahora, cuenta con una parada crucial: revalidar su gestión en las elecciones de medio término que se consagrarán este 2017.

05. El 2017 como año bisagra

Las elecciones legislativas de 2017 son, claramente, un momento de definición. Hablamos de año bisagra en el sentido de que una derrota de la coalición gobernante abrirá una “ventana de oportunidad”, tanto para la posibilidad de un nuevo ciclo político progresista como para otros candidatos que se ofrecen para llevar adelante el proyecto neoliberal con una supuesta mayor “cintura política” (como es el caso de Sergio Massa).

Por otra parte, una nueva victoria electoral de la coalición gobernante permitiría generar las condiciones para, en 2018, avanzar con reformas estructurales fundamentales para la consolidación del proyecto neoliberal que resultarán posteriormente mucho más difíciles de revertir: flexibilización laboral, modificación del sistema electoral (introduciendo el voto electrónico a través de su tercerización en una empresa privada), reforma del sistema previsional, reprivatización de empresas públicas, etc.

El sostenido deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población y los incesantes “conflictos de intereses” de los CEOs a cargo del gobierno y sus decisiones orientadas claramente al beneficio de los intereses sectoriales a los que responden han generado cierta retroceso en los niveles de aceptación y apoyo del gobierno. Sin embargo, el intensísimo blindaje mediático con el que cuenta el gobierno, sólo comparable al que disfrutó la última dictadura militar, es un elemento que debe ser sopesado a la hora de evaluar las mediaciones entre condiciones de vida y elecciones políticas de la población.

Sin la constitución de una opción sólida que pueda proponer un horizonte alternativo, los “fracasos”, los “errores” y las “promesas incumplidas” de Cambiemos resultarán insuficientes para derrotarlos electoralmente.

06. La construcción de alternativas al neoliberalismo desde las ciudades

La subestimación constante del PRO y las lógicas de la “resistencia” del siglo XX parecen ser funcionales a la alianza gobernante. También lo es la persistencia de discursos que apuntan a la restitución de situaciones previas y no a la construcción de futuros superadores. Esto, si bien en determinado momento fue eficaz, ahora no sólo no parece serlo sino que, además, es contraproducente. Las nuevas mayorías sociales no surgen de la recolección de los fragmentos del pasado sino de la comprensión de la coyuntura y la correlación de fuerzas, la innovación y la capacidad para mostrar fehacientemente un modelo alternativo de futuro.

Y estas nuevas construcciones pueden provenir de los territorios, desde abajo, con disputas simbólicas en el ámbito del sentido común y materiales en el ámbito de la transformación de las realidades concretas. Se trata de la batalla de las formas de vida.

El neoliberalismo no es sólo una forma de gobierno, es una cosmovisión. Una cosmovisión eficaz a la hora de organizar el sentido y la consistencia de formas de vida específicas. Y a esa cosmovisión se la contrasta -hoy más que nunca- a nivel de las prácticas, allí donde se cristalizan sus principales falencias y su profunda inhumanidad.

Con la relativización de los grandes discursos ideológicos, un modelo alternativo debe mostrarse en los hechos, en el hacer. Allí se hace necesaria la lógica de la prefiguración, la construcción anticipatoria de fragmentos de la sociedad que queremos. Se trata de apostar a formas de “gestión social”: la capacidad para elaborar de forma colectiva y autónoma, es decir desde la propia sociedad organizada, proyectos concretos, en territorios concretos que solucionan problemas concretos. Experiencias que dan cuenta de una dinámica alternativa al neoliberalismo que, además, tienen el enorme poder de persuasión de lo fáctico. La capacidad de la articulación de estas prácticas con el impulso estatal puede desarrollar una transformación estructural, con criterios de justicia y equidad, del sistema social.

En ese sentido, las ciudades constituyen en el siglo XXI laboratorios políticos estratégicos, en los que pueden producirse no sólo victorias electorales sino transformaciones profundas de la vida colectiva y de las hegemonías culturales que logren derrotar al neoliberalismo en sus múltiples formas e intensidades.