El Estado de Derecho está de luto.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación, cabeza del Poder Judicial, se apartó drásticamente de los preceptos establecidos por el concierto de las naciones para perseguir, castigar y garantizar el cumplimiento efectivo de las condenas en los casos de crímenes de lesa humanidad.

Hablamos de los delitos más graves que existen, los que ofenden a la humanidad como tal, no sólo por su magnitud sino porque fue el propio Estado quien los cometió contra su población. Por eso, la comunidad internacional estableció las reglas y modos para garantizar su juzgamiento, en un intento por evitar -hacia el futuro- su comisión.

imagen: Taller Popular de Serigrafía, 2003.

En esta materia, Argentina era ejemplo. Señera en materia de políticas públicas en DDHH implementadas desde los tres poderes de su Estado. Con juicios ejemplares y con paradigmas jurisprudenciales desarrollados y afianzados para llevar a cabo el camino de investigar, sancionar y castigar a los responsables a tono con las reglas del derecho internacional pensadas para este tipo de delitos.

El fallo de la Corte rompe con ese camino, implica sin dudas un cambio de paradigma que perfora peligrosamente ese andamiaje ya que consagra un verdadero indulto encubierto, expresamente prohibido para los crímenes de lesa humanidad. A ello se suman dos precedentes cercanos de la misma Corte que anticiparon este viraje: la declaración como prescriptibles de las acciones civiles derivadas de delitos imprescriptibles (Caso “Villamil” del 28/03/17) y la morigeración de las condiciones para ordenar detenciones domiciliarias (Caso “Alespeiti” del 18/04/17). Todo ello con el agravante de anticipar que para esta corte los fallos de la Corte Interamericana de DD HH no son vinculantes, de acuerdo a un fallo también de este año (Fontevecchia, 14/02/17). Así, Argentina se aparta de la comunidad internacional en materia de DDHH.

Sabemos que esto no es inocente. Los Jueces, todos ellos, tienen ideología y hacen política. La Corte Suprema de Justicia de la Nación es la cabeza de uno de los tres poderes del Estado, integrando la estructura de gobierno de la sociedad. Tener presente eso despeja todas las dudas respecto a este giro rotundo en la jurisprudencia del Alto Tribunal.

Frente a esto, nos quedan las calles, nos queda la lucha. Nos queda el ejemplo de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Nos queda saber que sólo el poder de la gente común puede frenar este retroceso que, sin dudas, pretende ir por todo.

No olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos.

Sin Memoria no hay Ciudad Futura.