Epistemología del Hacer

(por Franco Ingrassia)

El diagrama de la Epistemología del Hacer (digitalizado por Emiliano Arregui)

Una epistemología es un tipo de relación con el saber. Un modo de vincularnos con los textos, las teorías, las ideas y los conceptos que son efecto del trabajo del pensamiento. Proponernos entonces comenzar a pensar una disciplina por inventar, la “epistemología del hacer”, que implica asumir como punto de partida la siguiente pregunta: ¿Qué tipo de relación con el saber conviene establecer desde la perspectiva del hacer? Y si entendemos esa “conveniencia” en términos de potencia o fecundidad, la pregunta podría reformularse del siguiente modo: ¿Qué modo de vincularnos con el saber resulta más fecundo o más potente para nuestras prácticas?

Esta pregunta, que organiza la relación con la teoría como un problema de incremento de la potencia de nuestras prácticas implica asumir una relación política con la teoría antes que una relación teórica con la política.

Llegados a este punto, queda claro que no sólo se trata de pensar la teoría y la práctica sino que lo crucial es abordar la forma en la que ambas se relacionan.

01. Teoría y Práctica

Partimos de una premisa zapatista: “la teoría de la teoría se llama metateoría. Nuestra metateoría es nuestra práctica”. Es decir que si la teoría es un modo de entender la práctica, esta comprensión será a su vez entendida desde la práctica. La premisa plantea entonces tanto una relación entre teoría y práctica como una primacía de la segunda sobre la primera.

El vínculo entre teoría y práctica puede darse desde dos perspectivas; desde la primacía de la práctica o desde la primacía de la teoría. En el segundo caso se establecerá una concepción teórica de la práctica. En el primero, una concepción práctica de la teoría. Pero ¿qué significa desarrollar una “concepción práctica” de la teoría?

Si definimos a la práctica como una relación activa con lo real, es decir, como una actividad que produce transformaciones en lo real, podemos definir a la teoría como un momento interno de la práctica, como una actividad de teorización. Y es así como podremos pensar a la práctica teórica como una relación activa con el saber.

Esta práctica teórica será el momento interno en el que la práctica se transforma a sí misma. En ese sentido podemos hablar de momento reflexivo de la práctica. Pero entendiendo que la reflexión no deja de ser una relación activa con lo real. Pero en este caso una relación activa de la práctica con sigo misma en tanto real a transformar. Es decir que la teoría, desde la epistemología del hacer, puede pensarse como la instancia de autoalteración de la práctica.

02. Saber y Pensamiento

En este punto se vuelve necesario distinguir, desde la epistemología del hacer, dos dimensiones de la teoría: saber y pensamiento.

Llamaremos pensamiento al momento reflexivo de la práctica. Es decir, cuando la relación activa con lo real se aplica sobre sí misma, deviniendo autoalteración. El pensamiento, así definido, no es una actividad puramente mental, ni individual, ni contemplativa. El pensamiento es una actividad práctica. Es la práctica transformándose a sí misma.

Llamaremos saber al efecto residual o a la huella del pensamiento. El resultado del pensamiento es la transformación del hacer. Pero además de resultados, la actividad de pensamiento produce efectos. A estos efectos los denominamos saberes.

Si cada práctica se definirá por su vínculo con una situación o campo de intervención determinado con el cual establece una relación activa de transformación, la actividad de pensamiento, el momento reflexivo de la práctica, se activará ante problemas singulares surgidos de esta vinculación. ¿Qué es un problema de pensamiento? Un punto en el cual la práctica necesita repensarse, es decir, transformarse a sí misma, para poder seguir sosteniendo una relación activa con lo real (la situación singular a la que está vinculada). Puede tratarse de algo que le hace obstáculo, o de una alternativa que implica la toma de una decisión estratégica o un problema de reconstrucción ante la contingencia, la desconfiguración o la reconfiguración profunda de la situación en la que se estaba interviniendo.

El pensamiento del hacer apunta, entonces, a reactivar la relación transformadora de la práctica con la situación. Pensar, en ese sentido, es resolver ese problema singular, inventar un modo de hacer con ese problema. Y su punto de partida es el no-saber: hay que inventar porque los saberes disponibles no logran dar una respuesta eficaz a las dificultades que atraviesa la práctica. Esta actividad inventiva del pensamiento producirá, además del resultado buscado, nuevos saberes, esas huellas del pensamiento que mencionábamos antes. Pero además es posible que el pensamiento haya recurrido a algunos elementos de los saberes previos, pero resingularizados, recombinados de formas nuevas en este proceso de invención. En ese caso diremos que estos elementos de los saberes previos se transformaron en herramientas del pensamiento. Y a la actividad de establecer una relación activa con el saber que extraiga de allí recursos útiles para la actividad de pensamiento la llamaremos construcción de una caja de herramientas.

03. Caja de Herramientas

La noción de caja de herramientas es una buena imagen del tipo de vínculo con el saber que apuntamos a establecer desde la epistemología del hacer, porque se trata de un conjunto asistemático, heterogéneo y desjerarquizado de recursos que deberán ser combinados siempre de formas nuevas y fragmentarias para la realización de una actividad orientada a resolver problemas singulares.

Siguiendo la lógica de la imagen planteada, ninguna herramienta tiene valor en sí misma, sino que su valoración depende de la pertinencia situacional, es decir, de la utilidad que tenga respecto de un problema en particular.

Por otra parte, así como la utilización de las herramientas se logra mediante un trabajo de resingularización que transforma un concepto abstracto (una herramienta de pensamiento) en un elemento útil para la resolución de un problema específico, el aporte de los saberes a la caja de herramientas se realizará mediante un proceso de abstracción, que logre extraer conceptos de esos saberes surgidos de experiencias singulares de pensamiento.

Es mediante la caja de herramientas, y los procesos de abstracción y resingularización que implica, que las operaciones de pensamiento emergentes en una situación se pueden nutrir de los saberes que fueron efecto de las operaciones de pensamiento acontecidas en otra situación.

La caja de herramientas podrá enriquecerse también con herramientas conceptuales provenientes de teorías que no necesariamente hayan surgido de experiencias de pensamiento singular. Pero para ello habrá que someter a esas teorías (obras, libros, artículos, escritos) a un procedimiento de lectura específico.

04. Procedimientos de lectura

Si pensamos a la lectura como una práctica, entonces podemos partir de la premisa de que se trata de una relación activa con un texto. Esa relación activa tiene un objetivo: extraer del texto conceptos que puedan incorporarse a nuestra caja de herramientas.

¿Qué es un concepto? Podemos definirlo como un fragmento teórico abstracto (es decir, sin vínculo determinado con una situación singular) que se nombra como un término específico. “Práctica”, “pensamiento”, “saber” o “epistemología del hacer” han sido algunos de los conceptos que fuimos utilizando en este texto, y remiten, más allá de las definiciones de estas palabras que podamos encontrar en un diccionario, a fragmentos teóricos que la epistemología del hacer, en tanto disciplina en construcción, ha ido elaborando.

Es en ese sentido que un procedimiento de lectura orientado por el objetivo de la incorporación de conceptos a la caja de herramientas podrá componerse de tres operaciones:

01. La identificación de las palabras que funcionan como conceptos en el texto.

02. La delimitación de las definiciones de cada concepto presentes en el texto.

03. La visibilización de las relaciones entre los conceptos propuestas por el texto.

De esta manera resulta posible abordar un escrito como el soporte textual de una constelación conceptual, términos con definiciones teóricas específicas que sostienen determinadas relaciones entre sí.

Las herramientas a incorporar en la caja serán tanto estos conceptos como algunas de estas tramas conceptuales.

05. Ética y Epistemología

Si toda intervención situada implica responder a tres preguntas (¿por qué intervenir?; ¿dónde intervenir?; ¿cómo intervenir?), podemos entonces identificar tres dimensiones de la construcción de un pensamiento de la intervención: la orientación ético-política de una práctica (el por qué), su delimitación situacional (el dónde), las herramientas teórico-prácticas necesarias (el cómo).

La ética queda definida como una orientación transituacional, la dimensión lógicamente previa (más allá de las experiencias a partir de las cuales la hayamos asumido) al contacto con la situación o campo de intervención. Pero sin embargo se verá singularizada en su contacto con la situación y con las herramientas de intervención.

Una ética del desarrollo de la autonomía a través de la autonomía (una orientación igualitaria que se proponga que todo aquel que habite un territorio o situación tenga posibilidades de participar activamente en el modo en que este territorio se configura y se transforma) constituye una clave fundamental a la hora de avanzar en la construcción de una epistemología del hacer.

Porque coloca al hacer bajo la condición ética de la producción de igualdad. Y coloca al pensamiento bajo la condición de este hacer. Y a la relación con el saber (la construcción de cajas de herramientas, los procedimientos de lectura) bajo la condición de este trabajo de pensamiento.