Muñequitos

Tengo bajo mi almohada seis muñequitos guatemaltecos, se supone se llevarán mis penas mientras duermo, seis penas, ellos se encargarán de tomarlas y alejarlas de mi.

Duermen bajo mi cabeza mientras te sueño, y en las noches de insomnio me acompañan mientras cuento los días para verte.

Las penas siguen acá, aún duelen, no se van y hacen que las noches sean desapacibles, pero desde que ellos duermen conmigo las pienso menos y te pienso a vos.

Muchas veces me siento como ellos, tomando las penas de los demás, tratando de llevármelas, ya me han roto el corazón, ¿sabías?, he sentido el dolor, la traición y la pérdida, sé como duele y sé como agrede la tristeza que ya forma parte de mi. No me puedo permitir ver a alguien así, pues se lo que se siente, por eso cuando un corazón roto está frente a mí lo cuido y trato de hacerlo sentir bien con un gesto, un abrazo, un beso, una palabra o con solo escuchar y ahí es cuando hago la función de esos muñequitos, dando lo que probablemente estoy necesitando pero no me atrevo a pedir.

Yo no quiero dormir bajo tu almohada si no sobre ella, compartiéndola con vos, juntar nuestras cabezas mientras vos dormís y soñas con quien sabe qué o quién sabe quién, y yo por culpa de mi acostumbrado insomnio veo el techo, escucho tu respiración y la siento en mi cuello, y si descubro una pena sacarla de tu pecho para robarla y llevármela en ese momento en que dormís, mientras soñas.

Después diremos adiós o un hasta luego en caso que la vida nos permita volver a estar juntas otra vez, un adiós sin promesas sin compromisos.

Y en ese momento serás parte de esos amores que contengo como los de aquella canción.

U

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