De las cosas que escuchas en un café

Cuando un bolero se pone frente a tu mesa y da un “consejo”

Quererte a ti mismo es el secreto para disfrutar la vida; yo me pasé más de 13 años en la cárcel por un robo que no cometí. Mira, lo que es curioso: en una de las muchas veces que regresé a prisión me di cuenta de que no sabía de que se trataba esto, tuve que estar encerrado, drogándome y haciendo cosas malas para llegar a este momento en el que me siento en paz conmigo mismo, dice un corrioso y esquelético bolero que le arregla el calzado a mi amigo en un café de avenida Álvaro Obregón. Ese es el secreto, papá, remata ese canero filósofo de ras de suelo de la ciudad de México. Lo escucho atenta y en silencio mientras él sin ningún problema responde que la mayoría de la gente es infeliz, que hay que hacer las cosas con entrega, con amor, por que sólo así uno puede estar bien con uno mismo.

La gente luego me dice que soy un filósofo –añade sentado en su caja de madera en donde lleva trapos con muchas placas de tinta de calzado, cepillo, lijas y grasas de varios colores. No dice si edad pero calculo que tiene unos 50 años. Enjuto, moreno, cabello largo y aunque dice que ahora se la lleva por la derecha parece alguien que es capaz de matar a alguien que intente hacerle daño. Ya conoce el final del camino que conduce a eso. Es un canero que se gana la vida por la calles no pidiendo dinero como muchos otros que quieren que los mantenga la sociedad; dame chamba; te boleo tus zapatos. Cada oración la remata con un papá. Esa frase que los habitantes de la ciudad de México usan a veces para hablar con cariño a otros de su especie. Tiene razón en algo: la gente en la calle no es feliz y aunque me importa cero que lo sean porque el conseguir la mía y la de mis seres fantásticos inmediatos es prioritario, sí, masas, masas agrias de humanos que parecen zombies a punto de ser conducidos a un matadero. En cambio él, que cayó hasta lo más profundo –o dicho de otra forma: a una de las profundidades del infierno en vida– está más vivo que las hordas de hipsters que desfilan con sus gafas y ropa de marca junto a perros llevados por una correa y que son tratados como hijos humanos. El dinero no lo es todo, la conciencia sí.

Fueron alrededor de 10 minutos que estuvimos con él, o viceversa. Tomamos el café, platicamos de otros temas, pero sus palabras se quedaron grabadas en el disco duro de mi mente random.