Diseño, autopartes, indianillas y culto under

Foto | Filemón Alonso-Miranda (@urbanitas)

Gracias al GPS en los teléfonos ya se puede ahorrar uno preguntarle a los transeúntes “disculpe, ¿dónde se encuentra la calle fulanita de tal?” y que volteen a verlo con una cara de como si los invitaras a asaltar el Oxxo de la esquina o que te digan que estás a seis cuadras de lo que buscas cuando en realidad te encuentras a una. Mi móvil hizo más sencilla mi gusto por el turisteo en la ciudad en la que vivo. Caminar, como todos lo sabemos, es un método que facilita la generación de ideas porque uno entra en una especie de trance, de relajación (depende ya que eso no ocurre si entras a Tepito, por ejemplo). Desde hace muchos años (diría: toda mi vida) le he sacrificado al pavimento decenas de tenis y zapatos.

Voy sobre Vertiz, en la colonia Doctores, originalmente Hidalgo; en el siglo XVII se le conocía a esta zona como Indianillas por las indígenas María Concepción y María Paula quienes vendieron sus terrenos por lo que conoció con este nombre. Parece la capital mundial de los talleres automotrices, el narcomenudeo y los puestos callejeros de garnachas. Abundan los viejos hoteles de dos pisos que parecen vecindades. Fachadas de predios abandonados. La fama de esta zona viene justo de su fortaleza: aquí llegan las autopartes que se han robado en otras zonas del Distrito Federal. También hay mucho de mito (ya saben eso de que crea fama y échate a dormir) porque sobre las capas teutónicas de este suburbio del centro de la capital mexicana también hay mucha, mucha gente que vive sin delinquir y de la promoción del arte, por ejemplo en el número 86 se encuentra una casa de cuatro pisos con una tienda de ropa en el primer piso y en el último se encuentra El Almacén que desde este jueves realiza el Cerrado Mexicano de Diseño (en clara oposición al Abierto Mexicano de Diseño) lo que es una excelente iniciativa que desconcentra las iniciativas que (de forma usual) se llevan a cabo casi sólo en las colonias Roma y Condesa. Esto abre las posibilidades a los extranjeros de la Doctores zona oriente a caminarla para encontrarse con muros tomados por grafiteros, claro, para nosotros los amantes del street art.

Uno de los muchos atractivos que hay sobre Vertiz es la Santa Muerte que se encuentra instalada desde hace años en una vitrina junto con una escultura de tamaño natural de Jesús Malverde con una soga en el cuello. Ambos, imponentes, me observan cómo la piel se me enchina entre el temor (¿sagrado?) y la fascinación. Enfrente ha abierto una capilla dedicada a este culto que se ha vuelto mainstream del underground. Este templo se ubica a 300 metros de las oficinas centrales de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal. Resulta curioso, o no, cómo las vecindades señaladas por las autoridades y víctimas como puntos de la delincuencia y el robo se forman como costras alrededor de oficinas policiacas.

En otro momento escribiré sobre otros lugares importantes de esta área que fue habitada en la parte norte en el siglo XVI tras la conquista de los españoles en la gran Tenochtitlan. Hay tres espacios que persisten de los tiempos del dictador Porfirio Díaz.